lun

08

abr

2013

Los jóvenes europeos y el empleo

Rafael Bonete, Profesor de Economía Aplicada de la USAL
Rafael Bonete, Profesor de Economía Aplicada de la USAL

 

Una mirada a las estadísticas que periódicamente publica Eurostat sobre el desempleo juvenil (desempleados entre 15 y 24 años) en la UE no nos deja ninguna duda sobre la gravedad del problema. Si el nivel de desempleo en la UE se acerca al 12%, el desempleo juvenil se acerca al 25%, si bien hay un pequeño grupo de países en los que es inferior al 10% (Alemania, Países Bajos y Austria). En la mayoría de los países la tasa de desempleo juvenil duplica la tasa de desempleo total y en algunos países, como España, Grecia, Italia y Portugal todavía es mayor. En la UE hay casi seis millones de jóvenes desempleados y casi ocho millones de personas menores de 25 años que ni tienen trabajo, ni estudian ni siguen ninguna formación.

 

Si esta cuestión ya preocupaba a la UE antes de la crisis, en los últimos años ha pasado a ser, al menos en los documentos y declaraciones oficiales, una prioridad dentro del limitado marco de actuación que tiene sobre esta cuestión, si tenemos en cuenta que según el Tratado de Funcionamiento de la UE le corresponde a los Estados miembros coordinar sus políticas económicas y de empleo. La UE garantiza la coordinación de ambas políticas y define las orientaciones de las mismas, pero son los Estados miembros los que deben adoptar medidas para mejorar las cifras de desempleo juvenil.  

 

Desde la Comisión Europa se han propuesto en los últimos años algunas acciones. En primer lugar, destaca la iniciativa emblemática Juventud en movimiento, que contempla toda una serie de medidas centradas en la mejora de la educación y el empleo, englobadas bajo la Iniciativa de Oportunidades para la Juventud, y el programa Tu primer trabajo Eures, con el objetivo de ayudar a los jóvenes europeos a encontrar trabajo en otros países de la UE. En segundo lugar, es importante el trabajo que está realizando dentro del panorama sobre las competencias. Por último, merecen ser mencionados los esfuerzos encaminados al establecimiento de un marco de calidad para la realización de prácticas.

 

 Por su parte, el Consejo ha aprobado recientemente una propuesta, cuyo origen se remonta a 2005, sobre el establecimiento de una garantía juvenil, financiada en parte por el Fondo Social Europeo, y que consiste, sobre todo, en una recomendación dirigida a los Estados miembros para que velen por que todos los jóvenes menores de veinticinco años reciban una buena oferta de empleo, educación continua, formación de aprendiz o período de prácticas en un plazo de cuatro meses tras quedar desempleados o acabar la educación formal. En esta propuesta se ha insistido en que Europa no puede permitirse echar a perder el talento y el futuro de los jóvenes.

           

Por último, el Consejo Europeo de marzo de 2013 ha vuelto a destacar la tarea primordial de fomentar el empleo juvenil y ha resaltado los avances logrados desde el acuerdo incluido en la Iniciativa sobre el Empleo Juvenil alcanzado en el anterior Consejo Europeo de febrero de 2013.

 

 Le corresponde ahora a los Estados miembros llevar a cabo todo lo acordado recientemente en materia de fomento del empleo juvenil, desarrollando medidas nacionales que hagan posible que lo pactado en Bruselas se convierta pronto en una realidad. Cuestión esta nada fácil mientras no se dé un marco favorable para que haya un crecimiento económico suficientemente intenso capaz de generar empleo.

 

Mientras tanto, los gobiernos de los Estados miembros harían bien en no olvidar lo que nos dijo hace uno días la Comisaria de Educación, Cultura, Multilingüismo y Juventud, durante la presentación de un informe elaborado por Eurydice, sobre la financiación de la educación en Europa:

«Estamos viviendo tiempos difíciles para las haciendas nacionales, pero necesitamos un enfoque coherente sobre la inversión pública en educación y formación, ya que ahí se encuentra la clave del futuro de nuestros jóvenes y de una recuperación económica sostenible a largo plazo. Si los Estados miembros no invierten adecuadamente en la modernización de la educación y las competencias, nos quedaremos aún más rezagados respecto de nuestros competidores globales y tendremos más dificultades para luchar contra el desempleo juvenil».

 

Rafael Bonete Perales 

Profesor de Economía Aplicada,

Universidad de Salamanca

 

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