De nuestros barrios a la Unión Europea: un camino por construir

Álvaro Martín Hernández
Álvaro Martín Hernández

La Unión Europea es objeto de constantes y profusos análisis por parte de politólogos y juristas, pero los ciudadanos de a pie no siempre le prestan una atención acorde a la importancia de las cuestiones que se dirimen en sus instituciones. Este extremo exaspera a los estudiosos, quienes no terminan de explicarse cómo librar a la ciudadanía de esa supuesta desidia, tal vez ignorancia, que impide abrazar con ganas y decisión la observancia de las instituciones europeas. Sin embargo, desidia e ignorancia no es precisamente lo que uno encuentra cuando acude a los barrios de Salamanca. La gente lucha en su día a día por sacar adelante su vida y la de su familia, e incluso algunos encuentran tiempo para dedicarlo a la acción política y a la construcción de una sociedad más justa. ¿Qué ocurre entonces para que la Unión Europea no reciba más atención por parte de nuestros vecinos?

 

La identidad europea, el ingrediente inicial y necesario, está presente de forma natural en la ciudadanía española junto a otras identidades. Todos sabemos que España está en Europa y que compartimos una historia común con el resto de europeos. Siendo más prácticos, porque al final las identidades donde se refuerzan es en lo cotidiano, muchos hemos podido viajar gracias a las líneas aéreas de bajo coste a otras capitales europeas, algunos han disfrutado del programa ERASMUS y prácticamente todos tenemos familiares que tuvieron que emigrar a otro país europeo y que vuelven en los veranos a contarnos cómo está la situación por allí. Somos europeos, no por esencia sino por contacto, y esto es importante ya que sirve de sustento para una ciudadanía común europea. También somos, en términos supranacionales, iberoamericanos, pero en principio ambas identidades parece que se conjugan sin demasiados problemas.

 

Ahora bien, no conviene confundir Europa con Unión Europea. Las instituciones europeas tienen un fantástico caldo de cultivo en la identidad europea que acabo de señalar, pero al mismo tiempo necesitan realizar un gran esfuerzo para ganarse a los ciudadanos, para ganarse los barrios donde brotan cada día las problemáticas a las que ha de responder la política. ¿Por dónde empezar? Iniciativas como el centro Europe Direct que promueve este blog son muy útiles a la hora de generar un espacio de información, encuentro, debate e intercambio, tendiendo puentes entre la Unión Europea y los barrios y, fundamentalmente, fortaleciendo esa ciudadanía europea que no por su existencia debemos dejar de cuidar constantemente. Sin embargo, las instituciones europeas han de dar un paso más allá, tienen que prestarse a resolver los problemas de los ciudadanos expandiendo sus derechos, y tienen que hacerlo con cercanía y autonomía.

 

Cuando los actos de las instituciones de la Unión Europea expanden los derechos de los ciudadanos de los estados miembros están ganándose su lealtad, y cuando los restringen la erosionan. Qué duda cabe de que el espacio Schengen, al suprimir las fronteras interiores entre la práctica totalidad de los países de la Unión Europea, otorgó a los ciudadanos una libertad de movimiento de personas y mercancías de la que antes carecían y es reconocido, todavía hoy, como uno de los grandes logros alcanzados en Europa. Por el contrario, cuando se penalizan las ayudas estatales con fines sociales a empresas públicas en virtud de ese mercado común, o cuando no se utiliza la emisión de deuda del Banco Central Europeo como instrumento de política económica, entonces los ciudadanos sienten que han perdido derechos frente a los que les garantiza la Constitución Española. En este sentido, la legislación de las instituciones europeas debería de ser siempre expansiva de derechos.

 

Por otro lado, la cercanía a los barrios, a la vida cotidiana de los vecinos de Salamanca, es fundamental. Estar cerca de los barrios no significa, como algunos piensan, cambiar las bombillas de las farolas y asfaltar las calles. Los problemas e inquietudes de los vecinos, en tanto que ciudadanos, atañen a las administraciones locales, autonómicas y estatales, y no sería mala idea sumar a esa lista las administraciones europeas. ¿Por qué no hay una Oficina del Parlamento Europeo en cada capital de provincia, donde alguno de los 54 eurodiputados españoles informe y atienda las demandas de la sociedad civil, al menos, una vez al mes y de forma regular, con la presencia y el trabajo permanente de un funcionario europeo? Puede ser ésta una manera de acercar no ya Europa sino el núcleo de la política europea a las ciudades y los barrios de una forma perfectamente institucionalizada, en contacto directo con organizaciones que están lejos de Bruselas pero muy cerca de las personas.

 

Esa cercanía política de la Unión Europea a los ciudadanos habría de ir acompañada de una mayor autonomía administrativa en la negociación, elaboración y promoción de sus medidas. Europa proporciona fondos cuantiosos a España a través de diversos programas, pero la participación de los ciudadanos en la gestión de esos fondos depende de la voluntad política del gobierno español de turno, del nivel territorial que corresponda. La Unión Europea tiene entre sus oportunidades la de exigir e incluso arbitrar mecanismos participativos a nivel local, regional y estatal en la gestión de sus fondos. Así los vecinos y otras organizaciones sociales podrían, por ejemplo, controlar mejor en qué tipo de obras se invierten los fondos FEDER, agradeciendo a la Unión Europea la garantía de unos mecanismos participativos que, hoy por hoy, son desgraciadamente bien escasos en España. También, en relación con la autonomía administrativa, podría ser una buena idea que las solicitudes para determinados cursos dirigidos a desempleados financiados con fondos europeos, o incluso las becas ERASMUS, pudieran ser recogidas en una oficina europea, aunque luego pasaran a tramitarse en otros lugares. Esto fortalecería el interés en la Unión Europea por la sencilla razón de que los vecinos solemos percibir y apreciar de manera más contundente las instituciones con las que tratamos de forma directa en nuestros trámites diarios.

 

Para terminar, es cierto que el camino desde los barrios hasta la Unión Europea es muy largo, pero su construcción es vital para el futuro de ambos. Las organizaciones vecinales estamos dispuestas a contribuir a ello con ilusión y entrega, apostando por una Unión Europea que mejore las condiciones de vida de los ciudadanos en nuestros barrios.

 

 

Álvaro Martín Hernández

Vocal de la Junta Directiva de la Federación de Asociaciones de Vecinos, Consumidores y Usuarios de Salamanca y Provincia (FEVESA).

Doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid.

 

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Comentarios: 1
  • #1

    Carlos Wefers (sábado, 01 noviembre 2014 11:29)

    Los Unión Europea sólo piensa en ciudadanos que buscan su beneficio personal. Lo que a uno le beneficia, le debe interesar a todos. La UE apuesta por el oportunismo de todos, ya que cada uno persigue su propio beneficio, y con tal de ceder ante intereses meramente particulares y la ignorancia y bajos instintos de la muchedumbre, se deshacen res publicas, Estados y Naciones, a cambio de "libertad", consumo y "derechos individuales". Para salvaguardar y ver satisfechos sus intereses individuales, el vulgo siempre está dispuesto a sacrificar su ser social.

    P.D. para "sociólogos": "Volviendo sobre la relación existente entre el individualismo y el cosmopolitismo, hay que notar que en lo concerniente a lo ético, el primero suele manifestarse como un egoísmo. Esto es fácilmente imaginable para aquellos casos en los que ya se disolvió el vínculo del espíritu patriótico, que, no obstante de atar al individuo a un círculo (social) mucho más pequeño que el cosmopolitismo, sí constituye en cambio un contrapeso mucho más fuerte al egoísmo que el cosmopolitismo. La misma correlación entre cosmopolitismo y egoísmo la presentan los antiguos cínicos, ya que ellos neutralizaron el eslabón del patriotismo, del cual necesita la mayoría de las personas para torcer el egoísmo en sentido altruista." Georg Simmel