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25

feb

2016

MI EXPERIENCIA ERASMUS EN LYON (FRANCIA)

      Walter Reifarth Muñoz, en su estancia en Lyon
Walter Reifarth Muñoz, en su estancia en Lyon

 

Era un 19 de septiembre de un verano que se resistía a terminar. Después del protocolario recorrido por el aeropuerto de Lyon-Saint Exupéry, que me pareció eterno, tuve que coger un tren que me llevara hasta la ciudad. Recostado entre la butaca y el cristal, las imágenes de las casas de la campiña francesa se iban sucediendo. Todo verde, todo grande, todo nuevo.

 

Debo reconocer que, diez meses antes, quise escapar de la generalidad escogiendo destinos en francés. Lyon, París y Lille. Podrá el lector imaginar que quería algo totalmente diferente a Salamanca, donde es raro que se atraviese su castiza calle Toro sin encontrarse a alguien conocido. París: demasiado caro. Lille: demasiada lluvia. Pero Lyon... En Lyon no veía ningún defecto: la tercera ciudad más grande del país, a los pies de los Alpes y con una vida cultural frenética. El tiempo me demostró que en efecto así era. Pero volvamos al tren.

 

Estaba yo ensimismado en mis pensamientos, en esa mezcla de miedo e ilusión por empezar algo nuevo, cuando vino el revisor a pedirme el ticket. Aquí medió un profundo agradecimiento al cosmos por ser tan expresivo, porque no entendí rien de rien y tuvimos que comunicarnos por gestos. Y esto es lo primero que un Erasmus tiene que aprender: el idioma nunca es una barrera. En dos semanas habrás hecho el oído, y en dos meses hablarás con fluidez.

Salí del vagón y me encontré con una de las estaciones ferroviarias más grandes de Francia. Allí se reunía gente de todas las nacionalidades, ofreciéndose cálidos y multiculturales abrazos. Entre tanta gente, cargado hasta los topes y con la promesa de una ciudad por conocer, aún recuerdo el particular olor a croissants recién horneados de una pastelería cercana. Así que con todos los sentidos embotados por la cantidad de información nueva, me dirigí al que sería mi nuevo hogar.

 

Era una habitación pequeña, en una residencia al estilo francés (habitaciones individuales, con su cocina, su baño y su conserje eternamente malhumorado). Pero, para ser justos, a este sofrito hay que añadir el ingrediente más místico de la experiencia Erasmus: la libertad. Toda la vida había estado bajo el ejercicio explícito de la patria potestad (desventajas de ser hijo único), y la idea de vivir solo me atraía bastante.

 

Los primeros días fueron para rellenar formularios, discutir con el banco, matricularte en la Universidad. No descubro nada nuevo si afirmo que los precios son bastante más altos que en España. Ahora bien: para llevar la fraternité por bandera, Francia da una ayuda para el alquiler de pisos o habitaciones, que varía en función de lo que se pague de alquiler. Además, esta ayuda es compatible (y más alta, en mi caso) con la ayuda que se recibe por ser Erasmus.

 

Todo lo que se pueda decir de Lyon, como ciudad, deben ser bondades. Es una ciudad limpia, arbolada, multicultural, llena de cosas que hacer todos los días, con miles de espectáculos en la calle, grandes descuentos para jóvenes, una ajetreada vida universitaria y con un sistema público de transporte que no he visto en ninguna otra ciudad del mundo. Y además es sede de una de las óperas más importantes de Europa (que no es moco de pavo si te gusta este género). En definitiva: una ciudad a la que no he encontrado ningún fallo. No sin razón está en el top 40 mundial de las ciudades más agradables para vivir.

 

En cuanto al intercambio Erasmus... ¡qué se puede decir que no se haya dicho ya! Es una experiencia única. En el aspecto académico, prepárate para aprender poco de las asignaturas que lleves, porque es raro encontrar equivalencias exactas. En mi caso, las asignaturas que se podían parecer un poco a las que llevaba habían llegado a su número máximo de alumnos (¿existirá eso en España?) o tenían unos horarios imposibles. Recuerdo que fue un auténtico caos hacer la matrícula, y que tuve que cambiar el famoso learning agreement unas mil veces. Ahora bien: mi universidad tenía todo un abanico de oportunidades para los estudiantes de intercambio: cursos gratuitos del idioma patrio, fiestas Erasmus para conocernos todos, un gimnasio universitario barato (que, por descontado, no pisé).

 

Ahora bien: lo que he podido perder de conocimientos jurídicos, lo gané (y requetegané) con una experiencia de vida, idioma y madurez. A fin de cuentas, eso es Erasmus: conocer gente de todo el mundo, mejorar un idioma, desenvolverte en un entorno que no es el tuyo y, para colmo, disfrutar haciéndolo.

Así que tú, ¿a qué esperas para irte de Erasmus?

 

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Comentarios: 5
  • #1

    Juan (miércoles, 01 junio 2016)

    Hola, he leído tu experiencia, muchas gracias por compartirla. Mi nivel de francés es un B1 escaso, y me da miedo no poder con ello. ¿Qué opinas? ¿Se requiere mucho nivel para poder afrontarlo? Un saludo

  • #2

    Walter (lunes, 06 junio 2016 21:51)

    Hola, Juan:
    Gracias por interesarte. Como decía, el idioma no debe ser una barrera. Se podrá hacer más o menos fácil, pero el objetivo esencial del Erasmus es que puedas mejorar ese nivel que tienes. Un B1 es un buen nivel para poder afrontar las situaciones del día a día, así que no te vas a morir de hambre ni nada por el estilo. No vas a tener ningún problema: ya me lo dirás a tu regreso. Conozco gente que con menos de un A1 consiguió trabajo en una tienda de ropa y de cara al público. Todos entenderán que eres extranjero y se esforzarán por hacerse entender. No tengas ningún miedo.
    Saludos.

  • #3

    Marcella (martes, 18 octubre 2016 22:58)

    Salut! Estoy muy interesada con lo de Erasmus. Manejo el idioma francés, también algo de inglés, italiano y alemán básico. Me gustaría estudiar música profesional ¿Me podrían ayudar por favor?

  • #4

    Europe Direct (miércoles, 19 octubre 2016 10:47)

    Hola Marcella,
    ¿Podrías enviarnos un e-mail a a europedirect@usal.es diciéndonos qué estás estudiando, dónde y qué es concretamente lo que quieres hacer y la información que necesitas por favor?
    Un cordial saludo.

  • #5

    Marcos (martes, 25 octubre 2016 16:44)

    Buen artículo. Actualmente yo vivo en Lyon y he de decir que es también de las ciudades más frias (en cuanto a ambiente) de Francia, la gente y sobre todos los locales muy frios, burgueses, poco amables. He vivido en Francia en Lille y en Lyon, cuestión de gustos pero en Lille la gente es mucho más jovial, amable y amistosa que en Lyon. Eso sí la ciudad de Lyon es bella y se vive bien, si no te importa soportar la arrogancia de muchos de sus habitantes claro!