Europa en 20 Dias - Parte 1

Ziyu Zhou (Victoria) en Hallstatt de Austria

 

En agosto del año pasado, hice un “euro-trip” con tres compañeros de viaje (uno de Luxemburgo, una del Líbano y la tercera de España) por 9 países (Bélgica, Luxemburgo, Alemania, Francia, Suiza, Italia, Eslovenia, Austria y Hungría) en coche durante 21 días. Fue mi primer viaje por Europa tras llegar a España y en aquel momento ya llevaba más de medio año viviendo en España y esta oportunidad me hizo mucha ilusión.

 

Como era nuestro primer viaje juntos, empezamos a prepararlo con mucha antelación de casi dos meses. Durante este periodo me di cuenta de lo poco que sabía de Europa, sobre todo geográficamente (dejé de estudiar la geografía por elegir la rama de las ciencias durante el bachillerato), así que, cuando estábamos haciendo el itinerario y hablábamos de las etapas del el viaje, yo no podía ayudar mucho (esto me daba mucha vergüenza por no poder contribuir mucho). Estaba muy confusa con los nombres de los lugares en diferentes idiomas que eran difíciles de pronunciar y tuve que buscarlos en Google para intentar participar en la discusión. Seguramente en aquel momento ya conocía una gran parte de los lugares con sus nombres en chino, pero la mayoría de los nombres originales no los había oído nunca. De esta manera, los planes fueron fijados por mis compañeros experimentados y pronto terminamos también con las reservas  del alojamiento.

 

¡Qué conveniente me resultó viajar por Europa!Cuando compré el billete a Luxemburgo, el precio me resultó sorprendente. El transporte por avión podía costar bastante menos que el terrestre, cosa que sería casi imposible en China. Además, también me sorprendió ver lo común que era viajar entre países europeos en autobús, y eso supuse que era debido a la existencia de la Unión Europea que había eliminado las fronteras entre países. El número de móvil de España y su paquete de datos seguían funcionando mientras viajabas. Unido a todo ello, con el NIE, viajar por los países europeos es como viajar por las provincias con el carné de identidad nacional en China, y no quedan rastros de movimiento en tu pasaporte.

 

Con toda la ilusión empecé mi primera gran aventura europea. Primero llegué a Bruselas para ver el famoso “centro de Europa”, donde reside la sede de la UE. Pero mis expectativas no se cumplieron: la ciudad no era tan moderna como la imaginaba. Tenía un diseño compacto con una mezcla de distintas culturas.

La plaza mayor estaba llena de viajeros como en todas las ciudades europeas, y también de tiendas de productos típicos como waffles y chocolate. Aparte de mucha gente vestida de manera formal como si todos fueran a acudir a un foro importante de la UE, también se podía ver a una cantidad no despreciable de pobres viviendo en las salidas de las estaciones del metro y por la calle, formando un contraste difícil de comentar.

El metro de Bruselas, que tiene una gran antigüedad, me hizo sentir como si estuviera viajando en una película de la época de la postguerra, mucha gente incluso los mayores leían libros o periódicos en el metro sin preocupación de perderse su destino, y era común ver lugares en construcción cubiertos en carteles enormes destacando “The Future of Europe”...

 

 

Un amigo belga me dijo: “Bruselas es aburrido, para disfrutar de Bélgica tienes que ir a Gante o Brujas” , y estoy de acuerdo. Estos dos lugares contaban con un paisaje muy distinto, más relajado y tranquilo, inmerso en la fragancia de “Belgium Fries” por todos los sitios y una buena atmósfera para salir con colegas a tomar una de los miles tipos de cervezas. El tiempo se ha desacelerado allí. En comparación con Bruselas donde parece que hubiera una mano detrás empujándote a correr.

 

Tal vez por la influencia de la sede de la UE, muchos belgas tienen un buen manejo de los idiomas, como también los luxemburgueses, pero me sorprendió que no mucha gente hablara bien inglés. Por eso tuve que acudir a la ayuda de Google Translate para entender la señalización y incluso para preguntar por una dirección. Por ejemplo, en el metro, tuve que leer la traducción al francés ofrecida por el traductor de Google para comunicarme con una chica belga cuando me pasé de parada.

Y eso me ha enseñado una lección: solo con el inglés quizás no se pueda llegar a todos los sitios en el mundo.

 

 

Ziyu Zhou (Victoria)

 Estudiante en prácticas en el Europe Direct de Salamanca 

Máster en Sistemas de Información Digital de la USAL