En julio de 2022 tuve la oportunidad de viajar a Lyon, en Francia, con la Alianza Francesa para estudiar el idioma durante quince días. Fue un viaje corto, pero intenso, lleno de experiencias y momentos que aún recuerdo con mucho cariño.
La primera impresión fue en el aeropuerto. Casi nadie hablaba inglés, así que tuve que lanzarme directamente con el francés. Al principio me puse un poco nerviosa, pero la gente fue muy amable conmigo. Cada vez que preguntaba algo o me perdía, siempre encontraba a alguien dispuesto a ayudarme. Gracias a eso, desde el primer día me sentí acogida.
En la residencia universitaria donde me alojaba tuve la suerte de conocer a mi vecina de habitación, una chica irlandesa. Me animé a picar a su puerta para presentarme y enseguida conectamos. Decidimos ir juntas a la escuela cada mañana. La residencia estaba bien, aunque el barrio no era el mejor: se llamaba “La Guillotière”, lo que en español significa “la guillotina”. Por eso casi siempre íbamos acompañadas.
Las clases en la Alianza Francesa me encantaron. Eran muy dinámicas: hacíamos comprensión escrita, auditiva y también expresión oral y escrita. Los profesores solo hablaban en francés, así que era una inmersión total. Al principio costaba seguir el ritmo, pero poco a poco me fui soltando y noté una gran mejora en mi francés.
Con mi amiga irlandesa salíamos mucho a conocer Lyon. Paseábamos por el río, íbamos de compras (aunque todo era un poco más caro que en España) y poco a poco se fueron uniendo más compañeros al grupo. Un día fuimos todos a una pastelería que hacía dulces típicos franceses; pedimos un montón y acabamos riéndonos porque no podíamos terminarlos.
También conocí a una chica de Tailandia que había viajado por todo el mundo. No era mucho mayor que yo, pero tenía mil historias que contar. Me encantaba escucharla porque transmitía mucha experiencia y curiosidad por la vida.
De este viaje me llevo muchas cosas, pero sobre todo, la amabilidad y la confianza que me dieron personas de distintos países desde el primer día. Aprendí que viajar no solo te enseña un idioma, sino también a confiar en los demás, a abrirte y a disfrutar de las diferencias que nos hacen únicos.
Fue una experiencia inolvidable que me hizo sentir, más que nunca, parte de Europa.
Aina Francesca Busquets Navarro
Estudiante de la Universidad de Salamanca



