Hola, soy Sophia, vengo de Alemania y trabajo en la administración municipal de la ciudad de Augsburgo.
En el marco del programa Erasmus+ tuve la oportunidad de viajar junto con mi amiga Carmen a Salamanca. Ya antes de salir, sentía curiosidad por ver cómo sería la vida cotidiana en España en comparación con mi día a día en Alemania, y desde los primeros días me di cuenta de que me esperaban muchas experiencias nuevas.
Salamanca me cautivó desde el primer momento con su encanto especial. La ciudad es conocida por sus edificios históricos de piedra clara, que bajo la luz del sol parecen casi dorados, creando una atmósfera cálida y acogedora en todo el casco antiguo. Es un contraste evidente con muchas ciudades alemanas, que suelen ser más modernas y funcionales. Me impresionó especialmente la Plaza Mayor, el corazón de la ciudad. A cualquier hora del día siempre está llena de vida: la gente se sienta en las terrazas, se reúne con amigos o simplemente disfruta del ambiente. Por la noche, cuando los edificios están iluminados, se crea una atmósfera única que no había experimentado en Alemania.
En la vida cotidiana noté rápidamente que el ritmo en España es mucho más relajado. Muchas cosas no siguen un horario tan estricto como en Alemania. Las personas se toman más tiempo para conversar o compartir comidas. Mientras que en Alemania todo suele estar bien organizado y planificado, en Salamanca la vida parece más espontánea y tranquila. Especialmente los horarios de las comidas fueron un cambio para mí: tanto el almuerzo como la cena se hacen más tarde, y es completamente normal estar fuera de casa hasta altas horas de la noche.
Además de estas diferencias, me llamó mucho la atención la importancia de la vida social en Salamanca. Gran parte de la vida se desarrolla en espacios públicos: plazas, cafeterías y calles se convierten en puntos de encuentro llenos de vida. Esto crea una sensación de comunidad que en Alemania se percibe menos, ya que muchas actividades tienen lugar en espacios más privados. En Salamanca tuve la impresión de que la vida sucede en la calle y que uno pasa a formar parte de ella casi automáticamente, lo que me ayudó a integrarme y sentirme parte del entorno.
Junto con Carmen viví esta forma de vida de manera muy intensa. Visitamos muchos cafés pequeños, paseamos por las estrechas calles del casco antiguo y descubrimos constantemente nuevos rincones. Pronto se convirtió en una costumbre sentarnos en algún sitio, tomar algo y observar el ambiente. Estos momentos me hicieron darme cuenta de lo importante que es tomarse el tiempo de forma consciente y disfrutar del presente, una actitud que me gustaría llevar también conmigo a Alemania para permitirme más pausas en el día a día y afrontar todo con mayor tranquilidad.
Gracias al programa Erasmus+ no solo conocí una nueva ciudad y cultura, sino que también gané nuevas perspectivas. Comparar España y Alemania me permitió ver que ambos países tienen sus propias fortalezas. Mientras que valoro la organización y la estructura de Alemania, en España aprendí a ser más flexible, más espontánea y a tomarme las cosas con más calma.
Mirando atrás, mi estancia en Salamanca fue una experiencia inolvidable que me enriqueció personalmente. Las prácticas me demostraron lo valioso que es conocer nuevas perspectivas y salir de la rutina diaria. Además, fue muy especial poder compartir esta experiencia con Carmen. Guardaré este tiempo en mi memoria durante mucho tiempo: la atmósfera de la ciudad, la gente y la sensación de haber formado parte, aunque solo fuera por un tiempo, de una vida completamente diferente.



