ㅤㅤUna de las cosas que más marcaron mi viaje fue visitar Bulgaria justo en el momento en que el país acababa de adoptar el euro, el 1 de enero de 2026. Era una oportunidad única para observar de cerca un proceso del que tantas veces había oído hablar en relación con España. Yo nací unos años después de ese momento histórico, pero siempre han contado la anécdota cómo el café pasó a valer un euro y, en general, cómo subieron los precios.
ㅤㅤEn Sofía este debate está ahora mismo muy presente en la vida cotidiana. Pude ver cómo en los comercios convivían los precios en leva y en euros, mientras que en las calles se podían encontrar grafitis o pegatinas en contra de la nueva moneda, reflejo de una parte de la población que mira este cambio con desconfianza. Todos estos detalles dibujan la imagen de un país en plena transición.
ㅤㅤBulgaria, con una historia reciente marcada por la dictadura comunista y la transición democrática iniciada en 1989, está culminando un proceso de europeización que comenzó hace décadas. La adopción del euro, junto con su entrada en el espacio Schengen en 2025, representa un paso más hacia esa integración. Sin embargo, también pone sobre la mesa preocupaciones legítimas, como el aumento de los precios o la inflación, especialmente en un país que ha tenido muchas dificultades económicas en el pasado reciente.
ㅤㅤOtro momento que me llamó especialmente la atención fue cuando crucé la frontera entre Bulgaria y Grecia. Aunque ambos países forman parte del espacio Schengen, me sorprendió ver controles policiales, presencia militar y la obligación de mostrar el pasaporte tanto antes como después de pasar. Esto contrastaba mucho con la experiencia que tenemos en otras fronteras dentro de la UE, como entre España y Portugal, donde prácticamente no hay barreras visibles. Entendí entonces que la integración europea no es un proceso inmediato, sino progresivo —Bulgaria entró en Schengen en 2025— y que sus efectos no se viven de la misma manera en todos los países.
ㅤㅤMi viaje continuó en Grecia, el lugar donde surgieron algunas de las primeras ideas democráticas, tan presentes en nuestro día a día y que muchas veces damos por sentadas. Sin embargo, Grecia también me mostró una cara distinta de la que he visto en España y otros países de Europa occidental. En Atenas conocí a un un chico griego que estudiaba en la universidad como yo, y me contó que debía pausar sus estudios para hacer el servicio militar obligatorio, hecho que tienen bastante normalizado. También me habló de cómo se ha vivido en el país tras la crisis de 2008, desde la cual Grecia ha atravesado grandes dificultades económicas y financieras, que han derivado en una amplia emigración juvenil y en una fuerte dependencia del turismo.
ㅤㅤDe este viaje me llevo, sobre todo, una idea clara: La Unión Europea no es igual en todo su territorio, sino que conviven distintas realidades dentro de los 27 países que la integran. Las diferencias entre el norte y el sur son notables, pero también lo son —y especialmente— entre el oeste y el este. Comprender esas diferencias me ha ayudado a entender mejor qué significa formar parte de la UE y el valor de seguir construyéndola desde dentro.
Irene Sevillano Robledo
Estudiante de Global Studies en la Universidad de Salamanca






