Voces de Europa

 

 

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mar

25

jul

2017

LAS POLÍTICAS MIGRATORIAS EN LA UE

Victoria Rivas, Anna Zejc y Beatriz Cózar, alumnas del

Máster en Estudios de la Unión Europea

 

 

Desde la asignatura “Espacio de libertad, seguridad y justicia” integrada en el Máster en Estudios de la Unión Europea de la Universidad de Salamanca hemos promovido, en colaboración con el Centro de Documentación Europea de la USAL, la publicación de los trabajos que han destacado durante este curso en los que nuestros alumnos han reflexionado sobre la política de inmigración y de asilo de la Unión Europea. Contribuir al análisis de estas políticas y a la reflexión sobre ellas es algo que venimos haciendo desde hace años en el Máster. Durante este curso, estas políticas han adquirido una especial relevancia por la controvertida gestión de la Unión Europea. Les pedimos a nuestros alumnos que reflexionaran sobre ello y en el Blog del Centro de Documentación Europea se publicarán los cinco mejores trabajos que se han desarrollado en la materia. Agradecemos a nuestras estudiantes el esfuerzo y confiamos en que sus trabajos sean de interés para las personas que siguen este Blog.

 

  • Antonia Durán Ayago. Profesora Contratada Doctora de Derecho Internacional Privado. USAL. aduran@usal.es
  • Javier Laso Pérez. Profesor Titular  de Derecho Internacional Público. USAL. jjlaso@usal.es

 

LA POLÍTICA MIGRATORIA DE LA UE. ESPECIAL REFERENCIA A LA NUEVA GUARDIA EUROPEA DE FRONTERAS Y COSTAS

 

 

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vie

14

jul

2017

EUROPE-MOBILE. BRINGING EUROPE INTO SCHOOLS

Victoria Rivas Santiago, alumna del Máster en Estudios de la Unión Europea 2016-2017 y seleccionada para el proyecto "Europe-Mobile"

 

       Europe-Mobile es un proyecto que pusieron en marcha dos fundaciones alemanas, en el año 2009, con el objetivo de acercar la Unión Europea a los jóvenes europeos, contándole de primera mano la historia de su integración. Para ello, durante el mes de septiembre, 20 jóvenes de varios países de la UE viajan en el "Europamobil" por distintos colegios, cada año de una región europea, transmitiendo su entusiasmo y compromiso con Europa y sus valores.

 

        Este año tendrá lugar en Alemania (Berlín-Brandemburgo) y para que se desarrolle correctamente, los estudiantes elegidos recibiremos una formación previa, a través de seminarios impartidos por expertos en la integración europea. Una vez finalizada la semana formativa en la sede de la Genshagen Foundation (creada como Instituto para la cooperación franco-alemana en 1993), nos pondremos en marcha y, durante dos semanas, visitaremos un instituto diario impartiendo workshops sobre temas europeos e informando a los jóvenes, de lo que les ofrece la Unión y cómo pueden moverse a través de ella. Finalmente, se realizará un seminario de evaluación y una conferencia final en la que se expondrá el resultado del proyecto y las vivencias ganadas por cada uno de nosotros.

 

          Aunque en este momento todo son expectativas, estoy convencida de que será una bonita experiencia, en la que disfrutaré de la compañía de otros 19 jóvenes con intereses y objetivos, muy probablemente, similares a los míos. Y una gran oportunidad para reforzar mis competencias y acercarme un poquito más a la UE y su integración.

 

Puedes obtener más información sobre este proyecto aquí

 

Victoria Rivas Santiago

 

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vie

30

jun

2017

ADIÓS AL ROAMING

 

El Parlamento Europeo ha eliminado el último obstáculo para lograr la supresión total de los sobrecostes que los usuarios pagan por utilizar el móvil en el extranjero. El fin de los recargos por itinerancia tuvo lugar el 15 de junio de 2017, de modo que permite a los ciudadanos de la UE llamar, enviar SMS o conectarse a Internet con el móvil en otro Estado miembro sin pagar más por ello.

 

Los europeos podrán acceder a su correo electrónico, consultar un mapa, subir fotos a las redes sociales, llamar y escribir en el extranjero sin pagar más por ello.

 

El acuerdo informal entre el Consejo y el Parlamento sobre los precios mayoristas determina cuánto pueden cobrarse los operadores por el uso de su red para efectuar servicios transfronterizos. 

 

Las normas de la UE sobre el roaming sin recargos ("roam like at home" o " itinerancia como en casa") permiten utilizar los dispositivos en el extranjero, en cualquier país de la UE sin pagar recargos adicionales por los servicios de roaming. Estas normas se aplican a las llamadas a teléfonos móviles y fijos, al envío de mensajes de texto y a la utilización de servicios de datos en el extranjero.

 

Cuando utilices estos servicios mientras estés de viaje dentro de la UE, pagarás exactamente el mismo precio que en tu país. En la práctica, tu operador simplemente adeudará o sustraerá tu consumo de roaming de los volúmenes de consumo de tu plan de tarifas nacionales móviles o paquete.

 

Si tienes un contrato con un operador de telefonía móvil que incluye servicios de roaming, se considerará automáticamente un contrato de roaming con tarifa nacional. Todos los nuevos contratos de telefonía móvil con servicios de roaming deberán aplicar la "itinerancia como en casa".

 

Para celebrar el fin del roaming en la UE la Comisión ha puesto en marcha un concurso de fotografía. ¿Qué mejor manera para celebrarlo que compartir las imágenes de vuestros mejores momentos de las vacaciones? Podrás ganar un billete de Interrail para viajar en toda la UE. 

 

Si estás interesado, puedes participar en este concurso de fotografía "Roaming en la UE" enviando una foto que muestre cómo utilizar el teléfono móvil o tablet sin tarifas de roaming al viajar en la UE. Habrá tres ganadores que recibirán cada uno dos billetes de Interrail para viajar por Europa. Participa aquí. 

 

 

Europe Direct Salamanca

 

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mar

30

may

2017

EL USO DE LAS REDES SOCIALES POR LA UNIÓN EUROPEA

Marcos Igea Fernández, alumno del Grado en Información y Documentación realizando el practicum en el Centro Europe Direct de Salamanca

 

La rápida expansión de internet, llena de información y que permite la comunicación entre todas las partes del mundo de forma rápida y sencilla, ha llevado a que hoy en día las redes sociales se hayan convertido en una de las bases de la sociedad moderna.

La denominación de “redes sociales” es relativamente nueva y que se refiere a las tecnologías y prácticas online para compartir contenido, opiniones e información, fomentar el diálogo y crear relaciones entre personas. Es una herramienta muy poderosa que, en una democracia, puede ser utilizada por los gobiernos e instituciones para influir en los ciudadanos o para involucrarles en el proceso de toma de decisiones.

En este caso, la Unión Europea utiliza las redes sociales principalmente de dos formas. En primer lugar, para informar a los ciudadanos, comunicarse o interactuar con ellos y de esta forma poder dirigir al público en la dirección de su propia agenda. Las redes sociales permiten entender las necesidades, deseos y prioridades de los ciudadanos y actuar en consecuencia. En segundo lugar, los gobiernos están usando las redes como una herramienta diplomática para comunicarse con otros gobiernos o instituciones y así poder responder mejor frente a crisis internacionales.

La Unión Europea ha aprovechado internet para sus estrategias de comunicación desde mediados de los años noventa, pero el uso de redes sociales comenzó con el gobierno de Barroso en 2004, cuando se crearon los primeros blogs de miembros de la Comisión. Se escribían en inglés, para llegar al mayor público posible y se animaba a los lectores a debatir sobre los temas tratados.

En 2009, el Parlamento Europeo creó varios perfiles en redes sociales con el fin de despertar un sentimiento de cercanía al ciudadano; sin embargo, no se mantenían correctamente y la información estaba incompleta o no se actualizaba con las últimas actividades. La Unión Europea se fue dando cuenta de que las redes sociales eran una forma de pasar por encima de la prensa tradicional y suponía una manera más directa de comunicarse con los ciudadanos; por lo que, poco a poco, se fue mejorando la gestión de las redes.

Hoy en día las instituciones de la Unión Europea tienen presencia en cientos de blogs, plataformas, webs y redes sociales (por ejemplo: Twitter, Facebook, Google+, Youtube, Linkedin, Flickr, Periscope, Pinterest, Instagram, Spotify, Vimeo…). El perfil de Facebook del Parlamento Europeo destaca por su popularidad, con más de 2,1 millones de personas siguiendo la página, y desde él se realizan chats en directo con miembros del parlamento, se actualizan las noticias sobre Europa constantemente, se anuncian eventos y todo tipo de información interesante para los ciudadanos de la Unión europea.

Desde todos los perfiles de las instituciones se trata de compartir contenido que sea a la vez entretenido e interesante, de forma que capte la atención; sus vídeos son únicos e innovadores para llegar a los jóvenes europeos y que participen en los debates sobre cuestiones políticas. Cabe destacar que el uso de redes sociales es una herramienta para que los jóvenes se involucren en los asuntos de la Unión y de este modo se cree una identidad europea común.

Es tal el grado de importancia que le da la Unión Europea a las redes sociales que las autoridades están animando a su personal a comunicarse con el público a través de ellas y la Comisión ha creado un documento llamado “The guidelines to all staff on the use of social media” (“Guía para el personal sobre la utilización de las redes sociales”). Es también una forma de demostrar la transparencia de las instituciones y demostrar que se preocupan por los ciudadanos.

Como conclusión, las redes sociales han cambiado a forma tradicional de entender el espacio y el tiempo. Se han convertido en una herramienta esencial y poderosa que permite la participación de los ciudadanos de todo el amplio territorio de la Unión Europea de forma instantánea y facilita a la Unión el acercarse más a las personas para conocer sus problemas y necesidades, fortaleciendo así la identidad europea.   

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vie

28

abr

2017

CUANDO JAPÓN VOLVIÓ A MIRAR HACIA EUROPA

Miguel Ramos González, alumno del Grado en Derecho

de la USAL y miembro de la Asociación ELSA.

 

Es sabido por todos que el país del Sol Naciente, tercera economía mundial y uno de los eternos protagonistas en el escenario internacional de las finanzas, ha cuidado con esmero durante décadas su provechosa relación con los Estados Unidos. Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Tokio ha venido siendo el principal aliado de Washington D.C. en Asia, un continente donde el Tío Sam ha encontrado más hostilidades que relaciones amistosas. El Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP, por sus siglas en inglés) representaba la culminación del proceso de acercamiento e influencia mutua que ambos países habían cultivado durante décadas, con la creación de una zona de libre comercio alrededor del Pacífico.

 

Pero llegó el cuadragésimo quinto presidente de los Estados Unidos de América. El odiado y admirado a partes iguales Donald J. Trump jura su cargo el 20 de enero de 2017, provocando un tsunami (del japonés «» tsu, puerto o bahía, y «» nami, ola) de tensiones e incertidumbre a nivel mundial. El país nipón no fue una excepción, ya que no habían sido pocas las veces en que Trump amenazó con retirarse del TPP antes de ganar las elecciones generales del 8 de noviembre de 2016. A pesar de que las relaciones entre ambos países siguen siendo excelentes (no podemos olvidar que Shinzo Abe fue el primer mandatario extranjero en visitar a Donald Trump, antes incluso de ser investido, y ya ha visitado la Casa Blanca en otra ocasión en lo que va de año), no han servido para evitar la salida del país norteamericano del tratado de libre comercio. Con la retirada de Estados Unidos del TPP, y la consecuente pérdida del principal estado miembro del tratado, las otras partes no encuentran sentido a continuar participando en dicho proyecto.

 

Las dudas que ha suscitado la imprevisibilidad de la Administración Trump acerca de la fiabilidad de Estados Unidos como socio comercial han sido demasiadas, incluso para un aliado fiel y paciente como es Japón. Un ejemplo de ello se dio el 5 de enero de este año, cuando amenazaba a la poderosa corporación Toyota con hacerle pagar más impuestos si no construía nuevas fábricas en el país norteamericano. En defensa de la empresa salieron dos hombres de confianza de Shinzo Abe: el ministro portavoz del Ejecutivo, Yoshihide Suga, y el ministro japonés de Economía, Comercio e Industria, Hiroshige Seko; y es que el sector automotor es el protagonista indiscutible de las exportaciones niponas.

 

Esta situación ha provocado que Japón, que tradicionalmente ha buscado estrechar lazos comerciales sobre el Pacífico, mire hacia el Oeste por primera vez en décadas. Las relaciones entre la Unión Europea y Japón han ido evolucionando tímidamente desde la Declaración Conjunta de 1991 y el Plan de Acción para la Cooperación del año 2001. Como consecuencia de los mismos, todos los años se celebra la cumbre bilateral Unión Europea-Japón, unas reuniones de alto nivel en las que se discute en qué materias van a colaborar ambas partes a corto y medio plazo. La de este mes de marzo ha tenido una importancia especial: sus representantes han declarado que esperan finalizar este mismo año las negociaciones, que se encuentran en una fase decisiva, del tratado de libre comercio que ambos van a suscribir. Tanto Japón como la Unión Europea buscan reafirmar con este ambicioso acuerdo su apoyo firme al libre comercio mundial, amenazado en los últimos tiempos por las “preocupantes tendencias proteccionistas” que ha denunciado Abe en Bruselas. Tal es la prioridad de Europa por cerrar el tratado de libre comercio con Japón, que ha dejado en un segundo plano las negociaciones con el Mercosur para el mismo fin, y una modernización del acuerdo comercial con México.

 

Por otro lado, y a pesar del peso fundamental que tienen la economía y el comercio en las relaciones bilaterales entre la UE y Japón, hay otros campos en los que la colaboración entre ambos está cobrando una importancia cada vez mayor: el intercambio académico y científico ha florecido en los últimos años gracias a programas como Horizon 2020, que ha permitido desarrollar proyectos conjuntos en materia de ingeniería aeroespacial (proyecto IRENA), aeronáutica (HIKARI), energía fotovoltaica (CPV) o ciberseguridad (NECOMA). La Unión Europea también ha venido desarrollando programas culturales en Japón para aumentar el grado de conocimiento que la sociedad japonesa tiene acerca de su funcionamiento e instituciones. Destacan los EU Film Days, días de proyección de películas europeas en Tokio, el programa MIRAI, para el intercambio de estudiantes de instituto y el programa Erasmus +, que permite a muchos universitarios realizar parte de sus estudios en el país oriental.

 

Pero por encima de todas las relaciones enunciadas, los valores más importantes que tienen en común la Unión Europea y Japón son un profundo respeto por la democracia, la defensa del Estado de Derecho y la protección de los derechos humanos: unos rasgos que comparten y que hacen que, ante el actual alejamiento de su principal aliado, el país del Sol Naciente esté buscando en Europa un importante socio natural. Y no parece que vaya a tardar mucho en encontrarlo.

 

 

 

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vie

31

mar

2017

LA RED EUROPE DIRECT ESPAÑA ELABORA UNA GUÍA SOBRE LAS PROPUESTAS EUROPEAS PARA UNA JUVENTUD CON FUTURO

La guía recoge las principales oportunidades, medidas y recursos destinados a los jóvenes europeos en el contexto de las 10 prioridades de la Comisión Juncker

La oficina Europe Direct Salamanca junto a otras 12 oficinas que integran la Red española (A Coruña, Albacete, Asturias, Bizkaia, Ourense, Cantabria, Córdoba, Huelva, Lleida, Murcia, Segovia y Valencia) han sacado adelante una guía en la que, utilizando un lenguaje cercano y entendible, se presentan las principales oportunidades, medidas y recursos destinados a los jóvenes europeos en el contexto de las 10 prioridades marcadas por la Comisión Juncker.

 

Con el título “Propuestas Europeas para una juventud con Futuro”, el boletín está disponible en formato electrónico y está a disposición de los interesados, en PDF, en la página https://www.europedirectusal.es/guía-propuestas-europeas-para-una-juventud-con-futuro/.

 

Entre otros temas, la guía incluye información sobre empleo, voluntariado, derechos de la ciudadanía europea, Erasmus+ y/o las redes específicas en las que se recoge información sobre temas de interés y necesidades que afectan a los jóvenes, entre otros.

 

Con la elaboración de esta guía, la Oficina Europa Direct Salamanca, como el resto de oficinas que integran la Red Europa Direct, cumple con una de sus misiones, informar y ayudar a entender a la población todos lo relativo a la Unión Europea, dando a conocer las oportunidades que ofrece a sus ciudadanos.

 

Recordar que la Oficina Europe Direct Salamanca se encuentra en segunda Planta de la Biblioteca Francisco de Vitoria, en el Campus Unamuno de Salamanca.

 

 

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mar

28

feb

2017

CUERPO EUROPEO DE SOLIDARIDAD, UNA NUEVA INICIATIVA DE LA UE

El Cuerpo Europeo de Solidaridad es una nueva iniciativa de la Unión Europea cuyo objetivo es crear oportunidades para que los jóvenes trabajen como voluntarios o colaboren en proyectos —en sus propios países o en el extranjero— que beneficien a comunidades y ciudadanos de toda Europa.

 

Este Cuerpo se puso en marcha por la Comisión Europea el día 7 de diciembre de 2016, para jóvenes de entre 18 y 30 años de modo que puedan disponer de nuevas oportunidades de hacer una importante contribución a la sociedad en toda la UE y para adquirir una valiosa experiencia y unas competencias útiles al principio de su carrera profesional.

 

El Presidente Juncker había anunciado este cuerpo dos meses antes de la puesta en marcha en su discurso sobre el estado de la Unión la creación del Cuerpo: «Tendemos a mostrarnos solidarios de forma más espontánea cuando nos enfrentamos a situaciones de emergencia. Cuando se estaban quemando los montes portugueses, los aviones italianos sofocaron las llamas. Cuando las inundaciones cortaron el suministro eléctrico en Rumanía, los generadores suecos volvieron a encender las luces. Cuando miles de refugiados llegaron a las costas griegas, las tiendas de campaña eslovacas les dieron cobijo. Con ese mismo espíritu, la Comisión propone hoy establecer un Cuerpo Europeo de Solidaridad».

 

Actualmente, los jóvenes de entre 17 y 30 años pueden inscribirse en el Cuerpo Europeo de Solidaridad en la dirección: http://europa.eu/solidarity-corps. El programa ofrece a los jóvenes europeos nuevas oportunidades de hacer una importante contribución a la sociedad en toda la UE y de adquirir una valiosa experiencia y unas competencias útiles al principio de su carrera profesional. La edad mínima para participar en un proyecto es de 18 años, aunque puede hacerse la inscripción desde los 17. El objetivo es que a finales de 2020, 100.000 jóvenes europeos se hayan incorporado al Cuerpo.

 

A través del nuevo Cuerpo Europeo de Solidaridad, los participantes tendrán la oportunidad de participar en un proyecto de voluntariado o de formación, un período de prácticas o un empleo durante un período de entre 2 y 12 meses.

 

Podrán así participar en una amplia gama de actividades en ámbitos como la educación; la salud; la integración social; la asistencia en el suministro de alimentos; la construcción de alojamientos; la acogida, ayuda e integración de inmigrantes y refugiados; la protección del medio ambiente; y la prevención de desastres naturales.

 

Los jóvenes que se inscriban en el Cuerpo Europeo de Solidaridad deberán suscribir el mandato del Cuerpo y los principios en que se inspira. Las organizaciones participantes deberán ajustarse a la Carta del Cuerpo, que define los derechos y responsabilidades durante todas las etapas de la experiencia de solidaridad.

 

El Cuerpo Europeo de Solidaridad sustituye al actual Servicio Voluntario Europeo, ampliando los medios disponibles. La financiación provendrá de diferentes programas europeos, como Erasmus +, Life o el Fondo Europeo de Desarrollo Regional (FEDER).

 

Para una colocación como voluntario, normalmente se cubrirán los gastos de manutención tales como comidas, alojamiento y dinero para gastos personales, así como los gastos de viaje y de seguros. Para las actividades profesionales (empleo, período de prácticas o de formación), se firmará un contrato de trabajo, se dará una ayuda financiera para los desplazamientos y podrá asignarse una contribución para los costes del reconocimiento de cualificaciones.

 

Europe Direct Salamanca

 

 

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lun

09

ene

2017

Algo que celebrar en 2017

Rafael Bonete, Profesor del Máster de Estudios Europeos de la USAL.

 

En marzo de 2017, como es sabido, se celebrará el sexagésimo aniversario de la firma del Tratado de Roma.  Seguramente se publicarán un gran número de estudios y comentarios en los que se analizarán los logros alcanzados y los múltiples problemas de origen interno y externo a los que se enfrenta en la actualidad el ejemplo de integración económica más exitoso de todos los tiempos, a pesar de encontrarse en horas bajas. También a lo largo de 2017 se celebrará el trigésimo aniversario del programa europeo más conocido del mundo de movilidad internacional de estudiantes entre instituciones de educación superior europeas. El “Erasmus” (European Community Action Scheme for the Mobility of University Students), hoy incluido dentro del Programa Erasmus +, es considerado, incluso por los más críticos con la UE, como una historia de éxito muy valorada también fuera de Europa.   

 

El aniversario del programa Erasmus, que ha beneficiado a casi 4 millones de estudiantes de educación superior desde el curso 1987-1988 y ha configurado un grupo de ciudadanos europeos pertenecientes a la generación Erasmus sin olvidar un número no despreciable de familias “mixtas”, merece ser celebrado sin complejos por al menos por cinco razones.

 

 En primer lugar, por la importancia que ha tenido y sigue teniendo para la Universidad de Salamanca y muchas otras universidades españolas y su proyección internacional. Basta recordar que nuestra universidad se encuentra entre las primeras universidades europeas receptoras de estudiantes Erasmus. Si en el curso 1988-89 recibió sólo 20 Erasmus, desde el curso 2004-05 ha superado siete veces los 1200. De hecho, nuestra institución sigue estando entre las primeras universidades europeas receptoras de estudiantes Erasmus, a pesar de la fuerte competencia para ocupar los primeros puestos. Hecho a destacar si tenemos en cuenta que son más de dos mil las universidades europeas, pertenecientes a 33 países europeos, las que participan en este programa europeo estrella de movilidad internacional.

 

 En segundo lugar, por el impacto económico de la movilidad internacional en las ciudades de destino. Especialmente si éstas reciben muchos más estudiantes Erasmus de los que envían como es el caso de Salamanca, donde se reciben alrededor del doble de los que se envían. Además, debemos tener en cuenta que el gasto mensual realizado por los estudiantes Erasmus es significativamente superior (algo más de 200 euros mensuales de diferencia en el caso de la USAL) al realizado por los estudiantes españoles. Asimismo, es significativa toda la actividad económica que gira a su alrededor, incluyendo las visitas de familiares y amigos, sin olvidar que gran parte de los Servicios de Relaciones Internacionales de las universidades españolas se crearon inicialmente para gestionar el programa Erasmus.

 

En tercer lugar, y esto se olvida a menudo, el programa Erasmus y las medidas adoptadas para incrementar el reconocimiento de los estudios realizados en el extranjero (los créditos ECTS, por ejemplo), están detrás de gran parte de los pasos que se han tomado para la configuración del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES), al que no sólo pertenecen los 28 Estados miembros de la UE, pero en el que desde el inicio la Comisión Europea ha ejercido un liderazgo destacado. El EEES, conocido también como el Proceso de Bolonia, y al que pertenecen 48 países y la Comisión Europea, pretende crear un sistema de educación superior europeo comparable, compatible, comprensible y competitivo y sus orígenes están claramente vinculados a los problemas que se tuvieron que superar para que el programa Erasmus tuviera éxito.

 

En cuarto lugar, el programa Erasmus, tiene un peso dentro del presupuesto de la UE muy poco significativo (menos del 0,003% para el período 2014-2020). En los últimos años ha ido aumentado levemente el dinero asignado por la UE, gracias sobre todo a la defensa del mismo por parte del Parlamento Europeo. Los estudiantes Erasmus reciben fondos de la UE y de las administraciones de los Estados miembros para compensar los distintos niveles de vida en los países participantes, aunque durante los años más duros de la crisis económica algunas administraciones públicas de los Estados miembros disminuyeron su aportación nacional y regional.

 

Por último, los beneficios en términos de empleabilidad que pueden obtener los estudiantes participantes en el programa Erasmus son cada vez más reconocidos.  Según las evidencias disponibles más  recientes (véase por ejemplo: The Erasmus Impact Study, Regional Analysis, 2016) sobre los aspectos positivos vinculados al mercado laboral derivados del hecho de haber disfrutado de una movilidad Erasmus, pueden destacarse los siguientes: el riesgo de pasar a ser un desempleado de larga duración disminuye un 50% un año después de haberse graduado si lo comparamos con los estudiantes no Erasmus, disminuyendo también de forma significativa  el riesgo de estar desempleado 5 años después de haberse graduado y aumentando de forma apreciable el espíritu emprendedor y la probabilidad de encontrar trabajo gracias a las redes de contactos vinculadas a la experiencia Erasmus. A lo anterior habría que añadir que más del 90% de los empleadores valoran de forma muy positiva las habilidades que se ven incrementadas después de haber disfrutado de una movilidad Erasmus: capacidad de resolver problemas, adaptabilidad, autoconfianza y curiosidad.

 

En definitiva, pocas veces la UE, tan necesitada de ciudadanos que se identifiquen con su quehacer, ha conseguido tanto con tan pocos recursos. Esperamos poder celebrar los cuarenta años de existencia del programa Erasmus con igual o más razones que justifican la celebración por todo lo alto de sus treinta años.

 

Feliz 2017.

 

 

Rafael Bonete,

Profesor del Máster de Estudios Europeos de la USAL.

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mié

07

dic

2016

YA ESTÁ AQUÍ EL MERCADILLO… YA LLEGA LA NAVIDAD

 

Cuando se acerca el invierno, las ciudades europeas reviven y comparten las más auténticas tradiciones navideñas y entre todas ellas, los mercados, son protagonistas. Las plazas más importantes ofrecen estampas idílicas dignas de un cuento de Navidad creando un ambiente único y especial con sus puestos.

 

Visitar estos mercados incluye entrar en un mundo de fantasía donde admirar la artesanía local y los adornos navideños, comprar regalos para la familia, tomar una copa de ponche caliente, respirar el aroma de las castañas asadas o de los dulces navideños recién horneados e incluso colocar un mensaje en el árbol de los deseos. Todo ello mientras suenan villancicos tradicionales y los niños corretean sobre la nieve.

 

Hoy en día, estos mercados, están extendidos por todo el mundo y son ya una tradición popular. La Escuela Oficial de Idiomas de la Universidad de Salamanca, en colaboración con el Centro Europe Direct de la Universidad de Salamanca, trata de evocar esta tradición en Salamanca organizando un Mercadillo Navideño al estilo Europeo, con la peculiaridad de que es un mercadillo solidario.

 

Este mercadillo navideño tendrá lugar desde el día 12 hasta el 22 de diciembre, en el hall de la EOI y estará abierto a todo tipo de público. Se pueden depositar artículos tanto en la Escuela Oficial de Idiomas como en el Centro Europe Direct (en la segunda planta de la Biblioteca Francisco de Vitoria, del Campus). Se recogerá cualquier tipo de artículo: libros, adornos, ropa, perchas, bolsas, complementos, bisutería, juguetes, pequeños electrodomésticos y todo lo que se te ocurra. Los beneficios recaudados irán a beneficio de Cáritas.

 

El mercadillo se ha venido organizando en años anteriores, siempre con carácter benéfico y con un gran éxito. Este es el segundo año en el que el Centro Europe Direct de la Universidad de Salamanca colabora de una manera efectiva con este mercadillo. El pasado año se consiguió recaudar un total de 2.063,60€ que fueron donados a Cáritas.

 

 

Ven a disfrutar con nosotros, compra tus regalos de Navidad, dona lo que quieras y sé solidario porque la Navidad ya ha llegado a la Escuela Oficial de Idiomas.

 

Centro Europe Direct de Salamanca

Os deseamos una feliz Navidad :)

 

 

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mié

23

nov

2016

¿Quieres trabajar o hacer prácticas en la UE? Un embajador EPSO puede ayudarte

Andrea Alonso, Embajadora de EU Careers y estudiante del doble grado en Traducción e Interpretación y en Derecho en la Universidad de Salamanca. 

 

¡Hola a todos!

Mi nombre es Andrea Alonso y este año soy la Embajadora de EU Careers en la Universidad de Salamanca. Trabajo mano a mano con la Oficina de Selección de Personal de la Unión Europea (EPSO) dentro del programa EU Careers Student Ambassador y mi labor principal es informar a la comunidad universitaria de las oportunidades tanto de prácticas como de empleo en las instituciones europeas.

 Es todo un privilegio que la USAL participe, por primera vez este año, en un programa junto con EPSO para que todos aquellos estudiantes que estéis interesados en trabajar o realizar un periodo de prácticas en la Unión Europea podáis recibir información de primera mano.

El pasado mes de septiembre tuve la oportunidad de viajar a Bruselas para realizar un curso de formación con EPSO, al que también asistieron los demás embajadores de las universidades europeas. Los procesos de selección para trabajar dentro de la Unión Europea distan bastante del sistema de oposiciones español, ya que lo que se valora en ellas no es tanto un conocimiento sobre una materia específica, sino las diferentes competencias y habilidades del candidato (organización, liderazgo, experiencia internacional, conocimiento lingüístico, etc.). Por ello, es esencial para poder pasar con éxito estas pruebas saber en qué consisten y qué es exactamente lo que se evalúa.

¿Y por qué trabajar en la Unión Europea? Es una oportunidad para disfrutar de un entorno laboral multicultural, que permite acceder a una carrera profesional segura. Jonathan M. Hill, redactor de los discursos del presidente Jean-Claude Juncker y quien durante las jornadas de formación nos contó cómo es su día a día en Bruselas, nos dijo: «How would you like your perfect day? Find a job where you can express all your passions». Personalmente, creo que trabajar en la Unión Europea puede dar respuesta a esta pregunta, ya que una de las mayores ventajas de pertenecer al cuerpo de funcionarios de la UE es la posibilidad de promoción. Casi todos los funcionarios han pasado por diferentes departamentos, e incluso instituciones de la UE, y esto me parece algo muy motivador para poder encontrar aquel trabajo en el que uno se sienta verdaderamente realizado.

Me gustaría agradecer al Centro de Europe Direct por toda la ayuda recibida hasta ahora y cuento con vuestro apoyo durante este año en el que espero poder aportar mi granito de arena para acercar toda la información sobre oposiciones y prácticas en la Unión Europea a la universidad.

P.d.: No dudéis en poneros en contacto conmigo para informaros sobre los procesos de selección dentro de la UE tanto por email como en la página de Facebook.

 

Email: eucareers.usal@gmail.com

Facebook: EU Careers USAL 

 

 

 

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lun

31

oct

2016

La Unión Europea se hace presente en Salamanca

 

Participantes del proyecto y alumnos del colegio

 

Del 19 al 24 de septiembre de 2016, se celebró en Salamanca el proyecto “Bringing Europe closer. An exchange for increasing European citizenship among youth workers”. El proyecto, organizado por Biderbost, Boscán & Rochin (BB&R), buscaba profundizar en qué es la Unión Europea (UE), cómo funciona, qué agencias la componen y que oportunidades ofrece.

 

Para esto, BB&R realizó un curso de formación con 16 profesores y trabajadores de juventud procedentes de Grecia y España. Durante una semana, los participantes de ambos países conocieron, a través de la educación no-formal y el aprendizaje basado en la experiencia, más de cerca la realidad y los procedimientos de cuatro agencias europeas: el Defensor del Pueblo Europeo, la Comisión Europea, el Parlamento Europeo y el Banco Central Europeo.

 

Cabe destacar que, para descubrir el Parlamento Europeo, se organizó un encuentro virtual con el Ex-Europarlamentario Kostas Botopoulos. El encuentro, celebrado en el Colegio San Estanislao de Kostka, contó también con alumnos de 4º de la ESO. En tal sentido, ambos grupos no sólo tuvieron la oportunidad de conversar con Botopoulos y conocer su experiencia como europarlamentario, sino también de convivir entre ellos, conocer otras culturas e incrementar su ciudadanía europea.

 

Así mismo, se organizó un encuentro presencial con Pavlos Karadeloglou, Jefe Adjunto de la División de Convergencia y Competitividad del Banco Central Europeo. Gracias a este encuentro, celebrado en el Espacio Joven de Salamanca, los participantes tuvieron la oportunidad de conocer los entresijos de esta institución europea.

 

En los últimos años, tanto Grecia como España han sufrido un proceso de desvinculación de la UE. En este sentido, el proyecto también generó espacios donde los participantes tuvieran la oportunidad de intercambiar buenas prácticas sobre cómo dar a conocer a la UE (y a sus respectivas agencias) de una manera atractiva a las nuevas generaciones de europeos, de cara a contribuir a la reconstrucción de los lazos entre los jóvenes y la UE.

 

Finalmente, el proyecto es co-financiado por el Programa Erasmus+ de la Comisión Europea, con el apoyo del Instituto de la Juventud de España (INJUVE) y el Instituto de la Juventud de Castilla y León. Para más información, visita la página oficial del proyecto: http://bringingeuropecloser.com

 

Alonso Escamilla

Coordinador de Proyectos de Biderbost, Boscán & Rochin

 

 

Encuentro con Kostas Botopoulos  y  Encuentro con Pavlos Karadeloglou

 

 

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vie

30

sep

2016

Quod natura non dat, Salamantica non praestat

Alejandro Sánchez Frías, graduado en Derecho, antiguo alumno del Máster en estudios de la Unión Europea y del Colegio de Brujas, actual doctorando.

 

Quod natura non dat, Salamantica non praestat. Más de una vez escuché este proverbio latino en las calles de tan docta ciudad, a la que me dirigí como estudiante de postgrado por recomendación de mi directora de tesis. Difícil es imaginar una universidad más idónea para estudiar derecho internacional y europeo que aquella en la que Francisco de Vitoria le insufló su humanismo. Y, aunque Salamanca no preste, sí nos ayuda a despertar aquello que está hibernando en nuestro interior.

 

En mi caso, lo que Salamanca despertó fue el afán de conocer más de ese apasionante mundo que es el derecho de la Unión Europea. Durante las clases impartidas por profesores altamente especializados, me convencí de que un año de estudios generales sobre la Unión Europea no era más que el comienzo. Tras un tortuoso proceso de selección fui admitido, gracias a los conocimientos adquiridos en tierras malagueñas y salmantinas, en un lugar llamado Colegio de Europa. Localizado en la flamenca ciudad de Brujas, hermana de Salamanca como capital de la cultura en 2002, esta institución creada en 1949 ofrece algunos de los más prestigiosos másteres sobre derecho, economía, políticas y relaciones internacionales.

 

La perspectiva de estudiar un máster tan exigente como el de Derecho Europeo en inglés y francés, lengua con las que hasta entonces no había trabajado, me hizo entrar en un primer periodo de pánico. El remedio consistió en unos cursos de francés en Bruselas durante el mes de agosto y los introductorios (y voluntarios) del propio Colegio. Para la primera clase real del máster yo ya conocía a algunos compañeros desde hacía 5 semanas. Tuve lo que puede llamarse el “pack completo” o, en palabras de uno de mis grandes amigos allí, la de un estudiante “requemado”.

 

Y es que pasar de ser un estudiante de Salamanca a uno de Brujas no implica únicamente adoptar otras lenguas, dedicar una (hasta entonces para mí) inaudita cantidad de tiempo al estudio y disfrutar de los conocimientos impartidos por algunos de los académicos y profesionales más conocidos en cada materia. Como bien se anuncia desde el principio, es una experiencia social. Más de trescientos alumnos y cuarenta nacionalidades conlleva aceptar otros puntos de vista y aceptar los propios. Soportar la presión en esta “burbuja” tan competitiva puede resultar asfixiante. Las dos claves para sobrevivir, según mi experiencia: contar con un buen grupo de amigos que mantengan tu cordura a flote y escapar de cuando en cuando de ella (las entrevistas de trabajo en Bruselas, aunque a veces divertidas, creo que no entrarían en esta última categoría).

 

Tras diez meses de trabajo, con el título bajo el brazo y un premio por mi tesis, puedo decir que Brujas ha sido una de las mejores experiencias vitales que he tenido hasta la fecha. El resultado no es únicamente un apartado en el currículum que ayuda enormemente a encontrar trabajo, algo de lo que tan necesitado estamos en estos días, sino un grupo de compañeros extraordinarios con los que sé que puedo contar. Y, para quien esté pensando en ir a Brujas y aún tenga dudas, un incentivo más: es la excusa perfecta para escapar al extranjero y disfrutar de la hospitalidad de quienes un día también vendrán a visitar tu ciudad natal. Un ejercicio que, como diría Mark Twain, tiene consecuencias fatales para los prejuicios, la intolerancia y la estrechez de mente.

 

 

 

 

Alejandro Sánchez Frías, graduado en Derecho,

antiguo alumno del Máster en estudios de la Unión Europea

y del Colegio de Brujas, actual doctorando.

 

 

 

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mié

31

ago

2016

Mi Experiencia Erasmus: de joven italiano a hombre europeo

     Marco Cenere, estudiante Erasmus en Salamanca durante el curso 2015-2016

 

      Diez de octubre de 2015. Empieza mi maravillosa experiencia. Llego a la 12.30 a la Estación de Autobuses de Salamanca y ya respiro la atmósfera que siempre había deseado. Una ciudad estéticamente increíble, llena de universitarios y, sobre todo, de ambiente internacional.

En un segundo se me quitaron todos los miedos de no conocer nadie, de no saber el idioma perfectamente; en un segundo se me pegó la identidad Erasmus.


       Debo reconocer que Salamanca me impresionó mucho también gracias a sus “Ferias”. Desde el principio me ofreció una vida cultural llena de conciertos, bailes y comida tradicional en las denominadas “casetas” salmantinas.

 

      Las primeras sensaciones fueron de respirar una inmensa libertad personal, de formar de manera sencilla una Comunidad, de mejorar tu personalidad y de percibir una fuerte cohesión con todos los estudiantes. Estas primeras sensaciones concluyeron al final de mi estancia con el mejor resultado, gracias a un proyecto que tenía esta misma aspiración: “El proyecto Erasmus”.


   Este programa de intercambio europeo te abre un nuevo mundo de posibilidades, tanto a nivel académico como a nivel personal, haciendo efectivo un principio que hasta ahora se había quedado demasiado en la teoría: “Libertad de Circulación de Personas y Cosas”, un principio estrechamente conectado a las sensaciones que antes mencionaba.


   Cuando mi hermana, antigua Erasmus en España, me decía que en esta estupenda aventura te puede pasar de todo, tenía razón. En esta experiencia me pasaron cosas que no habían ocurrido en toda mi vida y de todas ellas, quiero contar principalmente una: la más increíble.


      He tenido la gran oportunidad de hacer un discurso ante Su Majestad el Rey Felipe VI, el Presidente del Parlamento Europeo Martin Schulz y de otras importantísimas personalidades, entre las que se encontraba la Profesora Corradi. Esta última recibía el famoso Premio Carlos V el día 9 de Mayo de la Fundación Academia Europea de Yuste,  por haber inventado uno de los proyectos más exitoso en la UE. Estoy hablando, por supuesto, del proyecto Erasmus.


      Además de la emoción de hablar frente a tantas personas tan importantes, fue un verdadero honor para mí representar a todos los estudiantes que han participado en este intercambio europeo y expresar, de manera personal y común al mismo tiempo, un sentimiento que antiguos y actuales Erasmus comparten.

 

    Un sentimiento gracias al cual te das cuenta de que aquello que tienes en común con otros estudiantes es mucho más de lo que te separa, a través del cual destruyes tus fronteras mentales y finalmente gracias al cual todos los jóvenes se sienten más responsables.

Con estos nueve meses, he dado un paso tan importante en mi vida como es el pasar de ser un joven italiano a ser un hombre europeo.

Creo que no existen palabras mejores de las que utilizó Umberto Eco al hablar de esto.
“A través del encuentro de chicas y chicos de distintas nacionalidades se forman ciudadanos europeos”; se forma en dos palabras una identidad distinta: ¡la identidad europea!


      Estas fueron mis palabras en el Monasterio de Yuste y esto creo que será el sentimiento común de los 4 millones de estudiantes que han participado a este proyecto.


     Ahora bien, como dijo la misma Profesora Corradi, impulsora del Proyecto Erasmus, no será una experiencia únicamente universitaria, más bien una inolvidable experiencia de vida que te acompañará para toda la vida. Conocer gente de cualquier lugar del mundo, hablar un idioma distinto del tuyo y vivir tu cotidianidad en un entorno que no es lo que siempre has vivido son las cosas que constituyen el verdadero espíritu de este proyecto. Un espíritu que modifica positivamente los elementos básicos de cualquier sociedad: cultura y formación.


     Gracias Profesora Corradi, gracias Salamanca y gracias Europa por mejorar cada día la Sociedad en la que vivimos.

 

     Desde una Sociedad de Estados llegaremos a una auténtica Comunidad. Una esperanza que con ideas reales se convierte en realidad.

 


“Ad maiora”.

 

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vie

29

jul

2016

Un verano en Salamanca con Eramus +

Participantes del proyecto "Helping the helper: a training course for youth workers on new trends on civic education"

 

     Biderbost, Boscan & Rochin (BB&R) celebró en Salamanca, entre los meses de junio y julio de este año, dos proyectos en el marco del Programa Erasmus+ de la Comisión Europea. El primero de ellos fue An European youth exchange for the building of non-cognitive skills (2015-3-ES02-KA105-007053). Este proyecto consistió en la celebración de un intercambio juvenil del 27 de junio al 2 de julio de 2016.

 

     Los protagonistas de este primer proyecto fueron 20 jóvenes procedentes de Bélgica, España y Francia. El objetivo principal del intercambio era potenciar, a través de la educación no-formal y el aprendizaje basado en la experiencia, las habilidades no-cognitivas de los jóvenes participantes. En tal sentido, los jóvenes identificaron y practicaron las siguientes habilidades no-cognitivas: hablar en público, desenvolvimiento en lengua inglesa, resolución de conflictos, toma de decisiones y trabajo en equipo.

 

     Otro de los objetivos del intercambio fue generar un espacio donde los jóvenes pudieran explorar lo siguiente. Primero, intercambiar realidades, ideas y necesidades en materia de juventud. Segundo, explorar el concepto de ciudadanía europea y lo que significa ser europeo. Tercero, profundizar en el programa Erasmus+ y las oportunidades que éste ofrece.

 

     Al final del intercambio, los jóvenes recibieron el certificado europeo YouthPass. Este certificado reconoce las experiencias, habilidades, competencias y conocimientos que los jóvenes han adquirido durante el intercambio. Para saber más acerca de este proyecto visita la página web: http://noncognitiveskills.org

 

        El segundo proyecto fue Helping the helper: a training course for youth workers on new trends on civic education (2015-3-ES02-KA105-007242). Este proyecto consistió en la celebración de un curso de formación del 4 al 9 de julio de 2016.

 

     En este curso participaron 18 profesores y trabajadores juveniles procedentes de España, Grecia y Reino Unido. El objetivo del proyecto fue que los participantes aprendieran a estimular las competencias cívicas y de ciudadanía europeas entre las nuevas generaciones de europeos.

 

     En tal sentido, los participantes aumentaron sus conocimientos en las siguientes competencias cívicas: conocimiento político, atención política, participación política, eficacia política y tolerancia política. También aprendieron nuevas metodologías y herramientas, tanto análogas como a través de las TICs, para que las nuevas generaciones se conviertan en ciudadanos activos tanto cívica como políticamente.

 

    Otro de los objetivos del curso era el intercambio de experiencias y la búsqueda de puntos en común entre los tres países. Gracias a esto, los profesores y trabajadores juveniles desarrollaron proyectos, en el marco del programa Erasmus+, para estimular las competencias cívicas entre las nuevas generaciones de europeos. Cabe destacar que, gracias a este intercambio, los participantes pudieron conocer de primera mano la opinión de los ciudadanos británicos sobre el Brexit.

 

     Al final del curso de formación, los profesores y trabajadores juveniles recibieron también el certificado europeo YouthPass, que reconoce las competencias adquiridas por parte de los participantes y, al mismo tiempo, contribuye a reforzar el reconocimiento social del trabajo en el ámbito de la juventud. Para saber más acerca de este proyecto visita la página web: http://helpingthehelpers.eu

 

 

     Ambos proyectos están financiados por el Programa Erasmus+ de la Comisión Europea, y están apoyados por el Instituto de Juventud de España (INJUVE) y por el Instituto de Juventud de Castilla y León. Así mismo, es importante señalar que el proyecto Non-cognitive skills se realizó con el apoyo de Dynamo International (Bélgica). Mientras que Helping the helpers se implementó con la colaboración de Academy of Entrepreneurship (Grecia) y Momentum World (Reino Unido).

 

José Alberto González

Asistente de proyectos de la empresa BB&R

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mar

28

jun

2016

LOS BRITÁNICOS SE EMPEÑAN EN CONDUCIR POR LA IZQUIERDA

Luis N. González Alonso

 

Director del Centro Europe Direct de Salamanca

 

Y no me refiero, como es obvio, a su forma de organizar el tráfico rodado, sino al modo de afrontar su futuro y de definir su posición en un mundo que, por cierto, tiene poco que ver con aquel en el que se produjo la incorporación del Reino Unido al proceso de integración europea. Las cosas han cambiado mucho, en efecto, desde aquellos primeros años setenta del siglo pasado y, si algo resulta evidente, es que esos cambios no van precisamente en la línea por la que parece haber optado una mayoría del electorado británico el pasado 23 de junio.

            No cabe duda de que a los europeos nos está costando especialmente adaptarnos a esa nueva realidad; las costuras del traje que con tanto esfuerzo hemos ido diseñando a lo largo de las últimas décadas para organizar nuestra convivencia van saltando por los aires crisis tras crisis y ello genera, no ya preocupación, sino frustración e incluso indignación porque las consecuencias son muy graves y afectan directamente a muchas personas, ya sean ciudadanos de la Unión que han visto deteriorarse sus condiciones de  vida o extranjeros que buscan desesperadamente alcanzar nuestras fronteras.

            Ahora bien, que en su configuración actual la UE diste mucho de ser la mejor de las posibles, como ocurre sin ir más lejos con el funcionamiento de nuestros propios sistemas democráticos nacionales, no quiere decir que deshacer el camino andado sea una buena idea; me atrevería a afirmar que ni siquiera es una opción viable, ni por supuesto cabal, a no ser que apostemos por una especie de suave “suicidio colectivo”. No es mi intención caer en el catastrofismo invocando el tipo de argumentos que tan poco eficaces se han revelado en el debate previo al referéndum sobre el Brexit, pero basta con repasar la galería de líderes políticos que, dentro y fuera del Reino Unido, han celebrado con más entusiasmo el resultado de la consulta para, cuando menos, inquietarse seriamente. Me resisto a pensar que la visión de Europa, y del mundo en general, que representan pueda llegar un día a ser mayoritariamente respaldada por nuestras sociedades. Más que nada porque ello supondría un grave retroceso para la civilización y para la Humanidad en su conjunto.

            Y es que a veces perdemos de vista que la integración europea es y ha sido siempre un proyecto de vanguardia, en cierto modo adelantado a su tiempo, extremadamente sofisticado y por ello en ocasiones difícil de comprender, pero dirigido a dar respuesta a los grandes desafíos a los que nos enfrentamos mediante soluciones innovadoras, arriesgadas y cuyo éxito, por tanto, no está siempre garantizado. ¿Quiere ello decir que debamos/podamos renunciar a construir por esta vía nuestro futuro en común? Si no nos importa convertirnos en una especie de “parque temático” para el resto del mundo, al que americanos, asiáticos y, dentro de algunas décadas, ojalá también africanos acudan a recrearse con los vestigios del pasado glorioso del que sin duda disfrutaron muchos de nuestros viejos Estados-nación, no veo mayor inconveniente. Si, en cambio, apostamos por preservar los aspectos esenciales del modelo de organización económica, política y social del que decimos sentirnos tan orgullosos, adaptándolo en lo que sea necesario a la nueva realidad circundante para convertirlo de nuevo en referente para el mundo, no creo que podamos hacerlo más que a través de los mecanismos de la integración; corregidos y mejorados, desde luego, aunque sin renunciar nunca a su identidad básica que tantos logros nos ha permitido cosechar durante estas décadas.

             Tras años extremadamente turbulentos y muchos frentes sin cerrar, la gestión del Brexit constituye otro desafío colosal para una Unión Europa “muy tocada” e instalada desde hace tiempo en una nebulosa incertidumbre sobre su futuro, que ahora se acrecienta exponencialmente. Me temo que al célebre mantra keep calm and carry on habrá que sumar en este caso, además de ese liderazgo político que tanto escasea, enormes dosis de convicción en los principios sobre los que siempre se ha fundado un proyecto colectivo, al que, seamos serios, no podemos permitirnos el lujo de renunciar.

 

 

Luis N. González Alonso

 

Director del Centro Europe Direct de Salamanca

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mar

31

may

2016

EXPERIENCIA DE VOLUNTARIADO EUROPEO

Marianne Feyeux, Voluntaria Europea en el SAS (2015-2016) 

 

   El año pasado, al finalizar mi carrera de Sociología como Erasmus en Madrid, vino el estresante momento de pensar en mi futuro. No quería seguir directamente con un máster, prefería tomarme un año sabático para cambiar un poco del ámbito universitario, experimentar cosas nuevas, y sobre todo aprovechar para ir al extranjero y aprender/mejorar idiomas. Descubrí el Servicio de Voluntariado Europeo (SVE).

 

    Se trata de un programa Erasmus + que permite a los jóvenes de 17 a 30 años irse a otro país europeo, hacer un voluntariado de cualquier ámbito en una entidad durante 2 a 12 meses, y sin costes. Me pareció una oportunidad muy interesante y ventajosa (más información aquí: http://sas.usal.es/unidad-de-participacion-y-voluntariado/servicio-voluntario-europeo/).

 

    Estoy desde Septiembre en el Servicio de Asuntos Sociales de la Universidad de Salamanca. Mis tareas consisten en echar una mano y participar en las cosas que se organizan en ámbitos de voluntariado, de salud, de medioambiente, de igualdad…, y también en promover el SVE entre estudiantes y alumnos de institutos, en colaboración con Europe Direct. 

 

    Esta experiencia no solo aporta un desarrollo profesional por asistir al trabajo cotidiano de una organización, o el aprendizaje de otro idioma, sino que, además contribuye mucho al desarrollo personal: confianza, optimismo, apertura, conciencia y sensibilización a problemáticas sociales, quitarse miedos… y todo lo que uno quiera. También creo que ayuda muchísimo a “salir de tu zona de confort”, y a conocer a gente de todo tipo y de cualquier origen porque, al final, eso es lo mejor de los programas Erasmus +: descubrir, conocer a gente y compartir.

 

    Estos dos años en España me han enseñado mucho sobre el país y su gente, quitándome prejuicios, creándome otros: por ejemplo la sensación esa que tengo de la cantidad monstruosa de patatas que consumís aquí en España. Además he podido aprender mucho de la historia, del sistema social y/o político, etc. He aprovechado esto para comparar con Francia y al final, me ha permitido tomar mucha distancia de mi propio país. 

 

    Lingüísticamente hablando, ha sido espectacular. Llegué en Erasmus a Madrid solo pudiendo decir lo básico del básico: “Hola, me llamo Marianne, soy francesa, dónde está la estación de tren” y poco más. Poco a poco fui aprendiendo gracias a las clases de español y, sobre todo, en situaciones cotidianas. Creo que volver a Francia a mediados de junio no es tan mala idea porque a veces me resulta difícil hablar francés, hasta hacer traducciones literales del castellano al francés (o sea, necesito clases de mi lengua materna). Ir a otro país y tal está muy bien, pero la sensación esa de perder tu propia identidad puede llegar a ser un problema. ¡Ni pronuncio correctamente mi nombre ahora!

 

    En fin, concluir dando ánimos a quien quiera escucharme e irse de Erasmus, o de SVE, o de los dos. Aporta muchísimo. Son tiempos cortos en una vida, pero que pueden llegar a marcarte profundamente. Soy muy optimista en cuanto al futuro: no sé lo que va a pasar, pero sé que tenemos muchas oportunidades, el problema es que no las conocemos y hace falta descubrirlas.

 

 

Marianne Feyeux

Voluntaria Europea en el SAS (2015-2016) 

y ex estudiante Erasmus

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vie

29

abr

2016

CONCURSO EUROSCOLA (ALUMNOS DEL COLEGIO MONTESSORI)

     Alumnos de Geografía Económica de 4º de la ESO del Colegio Montessori, participantes de Euroscola 2016.

 

  Somos  alumnos de Geografía Económica de 4º de la ESO del Colegio Montessori de Salamanca.

     En esta asignatura se estudia el proceso de transformación de España a partir de su integración en la Unión Europea. Así, trabajando en clase, surgió la idea de participar en el proyecto Euroscola. Nuestro profesor Juan del Cañizo nos animó a presentarnos y juntos sacarlo adelante.

     El trabajo en equipo, la unidad, el compañerismo y el respeto son valores que nosotros compartimos y trabajamos en el colegio y han estado siempre presentes desde el inicio de la UE. Por ello, con este trabajo queremos aportar nuestro granito de arena en la conmemoración de los treinta años de nuestro país en la misma. 

     El objetivo de nuestro trabajo es dar a conocer cómo ha cambiado el medio rural salmantino desde la integración de España en la UE, elegimos este tema por la fuerte vinculación que ha existido siempre en la provincia de Salamanca con el sector primario.

     Podemos decir sin exagerar lo más mínimo que este trabajo ha marcado un antes y un después en nuestras vidas por varios motivos.

     En primer lugar, desde el punto de vista académico, ha supuesto una experiencia enriquecedora. Hemos podido salir del colegio y conocer de primera mano la realidad económica de nuestra provincia haciendo de periodistas por un día; hemos tenido nuestro primer contacto con los medios de comunicación; visto cómo funcionan por dentro las emisoras de radio y televisión, visitado diferentes instituciones políticas conociendo opiniones y visiones muy diferentes de esa realidad que es la Unión Europea. 

     Pero además hemos aprendido a elaborar un blog  y manejar las diferentes redes sociales, a trabajar en grupo y sobre todo a disfrutar aprendiendo.

     Por otro lado, nos ha servido también para valorar lo que somos y lo que tenemos, hemos podido conocer una España completamente diferente a la nuestra, una España pobre en la que la gente luchaba por sobrevivir y como la integración en la Unión Europea nos abrió las puertas hacia el desarrollo económico, el bienestar social, al conocimiento de otros países y otras lenguas, etc.

     Hemos comprobado cómo un colegio entero puede volcarse, en todos los sentidos, en la puesta en marcha de un proyecto del que todos se sienten parte.

Pero si algo hemos aprendido de este proyecto es que hay que luchar por una Europa, solidaria, una Europa que mantenga los valores que la vieron nacer, la unidad, el compañerismo y el respeto.

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jue

31

mar

2016

ELSA SALAMANCA (The European Law Students’ Association)

               Violeta Cortés, Secretaria General de ELSA Salamanca y estudiante de Derecho
Violeta Cortés, Secretaria General de ELSA Salamanca y estudiante de Derecho

Lo primero que debo hacer es presentarme, soy Violeta Cortés alumna de Segundo Grado en Derecho en la Universidad de Salamanca, actualmente tengo el gran honor de ser Secretaria General de ELSA Salamanca, The European Law Students’ Association.

 

ELSA es una asociación enfocada a estudiantes de Derecho y jóvenes juristas y fue creada en 1981 por un grupo de estudiantes. Me gustaría destacar que cada uno de estos estudiantes procedía de países muy dispares (Austria, Hungría, Alemania del este y Polonia) y sobre todo, me parece sorprendente, teniendo en cuenta la situación socio-política de ese momento en sus países de procedencia, cómo estos juristas vieron la necesidad de que existiera una cooperación internacional  y un mutuo conocimiento entre estudiantes de Derecho, tanto del este como el oeste de Europa.

 

Desde un primer momento, su objetivo fue difundir una visión de un mundo justo basado en la dignidad humana y la diversidad cultural, contribuyendo a la educación legal de aquellos que, como es mi caso, decidimos continuar nuestros estudios por la rama jurídica.

 

Actualmente, ELSA cuenta con más de 42.000 miembros repartidos por toda Europa, cuyo objetivo es difundir tales principios y crear una unión entre los estudiantes de Derecho para colaborar y ayudarnos mutuamente, tanto a nivel académico, laboral como sociocultural.

 

ELSA trabaja en distintos niveles, por un lado, el plano internacional; en este caso, contamos con la participación de distintas instituciones europeas y gracias a la larga trayectoria de la asociación hemos obtenido un estatus de observador en tales instituciones, pudiendo participar en los programas de ‘Delegaciones’,

 

Por otro lado, está en nivel nacional, encargado de coordinar a todos los grupos locales que se extienden por las diferentes ciudades de cada país, también se realizan torneos de debates o simulación de juicios

 

En Salamanca contamos con uno de sus grupos locales. La función principal es acercar de la forma más clara y directa a los estudiantes los principios de la asociación, realizando debates, simulaciones de juicios, summer law school o charlas de distinta temática dentro del ámbito jurídico.

 

Para mí, formar parte de ELSA ha sido una gran oportunidad, ya que me ha permitido conocer a gente nueva e incluso conocer algo mejor a personas con las que he convivido en Salamanca durante toda mi vida. Así mismo, he podido ampliar mis conocimientos en lo concerniente al Derecho Internacional y, en concreto, al Derecho Europeo, ya que trabajamos de primera mano con él.

 

Desde mi punto de vista, creo que durante la etapa universitaria es importante involucrarse en otros aspectos más allá de lo cotidiano (ir a clases, hacer tus prácticas y asistir a alguna que otra charla). Hay que vivir la universidad y en concreto tu propia facultad, ya sea mediante las múltiples asociaciones con las que cuenta, en mi caso, la Facultad de Derecho, u otro tipo de actividades llevadas a cabo en la USAL.

 

 

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jue

25

feb

2016

MI EXPERIENCIA ERASMUS EN LYON (FRANCIA)

      Walter Reifarth Muñoz, en su estancia en Lyon
Walter Reifarth Muñoz, en su estancia en Lyon

 

Era un 19 de septiembre de un verano que se resistía a terminar. Después del protocolario recorrido por el aeropuerto de Lyon-Saint Exupéry, que me pareció eterno, tuve que coger un tren que me llevara hasta la ciudad. Recostado entre la butaca y el cristal, las imágenes de las casas de la campiña francesa se iban sucediendo. Todo verde, todo grande, todo nuevo.

 

Debo reconocer que, diez meses antes, quise escapar de la generalidad escogiendo destinos en francés. Lyon, París y Lille. Podrá el lector imaginar que quería algo totalmente diferente a Salamanca, donde es raro que se atraviese su castiza calle Toro sin encontrarse a alguien conocido. París: demasiado caro. Lille: demasiada lluvia. Pero Lyon... En Lyon no veía ningún defecto: la tercera ciudad más grande del país, a los pies de los Alpes y con una vida cultural frenética. El tiempo me demostró que en efecto así era. Pero volvamos al tren.

 

Estaba yo ensimismado en mis pensamientos, en esa mezcla de miedo e ilusión por empezar algo nuevo, cuando vino el revisor a pedirme el ticket. Aquí medió un profundo agradecimiento al cosmos por ser tan expresivo, porque no entendí rien de rien y tuvimos que comunicarnos por gestos. Y esto es lo primero que un Erasmus tiene que aprender: el idioma nunca es una barrera. En dos semanas habrás hecho el oído, y en dos meses hablarás con fluidez.

Salí del vagón y me encontré con una de las estaciones ferroviarias más grandes de Francia. Allí se reunía gente de todas las nacionalidades, ofreciéndose cálidos y multiculturales abrazos. Entre tanta gente, cargado hasta los topes y con la promesa de una ciudad por conocer, aún recuerdo el particular olor a croissants recién horneados de una pastelería cercana. Así que con todos los sentidos embotados por la cantidad de información nueva, me dirigí al que sería mi nuevo hogar.

 

Era una habitación pequeña, en una residencia al estilo francés (habitaciones individuales, con su cocina, su baño y su conserje eternamente malhumorado). Pero, para ser justos, a este sofrito hay que añadir el ingrediente más místico de la experiencia Erasmus: la libertad. Toda la vida había estado bajo el ejercicio explícito de la patria potestad (desventajas de ser hijo único), y la idea de vivir solo me atraía bastante.

 

Los primeros días fueron para rellenar formularios, discutir con el banco, matricularte en la Universidad. No descubro nada nuevo si afirmo que los precios son bastante más altos que en España. Ahora bien: para llevar la fraternité por bandera, Francia da una ayuda para el alquiler de pisos o habitaciones, que varía en función de lo que se pague de alquiler. Además, esta ayuda es compatible (y más alta, en mi caso) con la ayuda que se recibe por ser Erasmus.

 

Todo lo que se pueda decir de Lyon, como ciudad, deben ser bondades. Es una ciudad limpia, arbolada, multicultural, llena de cosas que hacer todos los días, con miles de espectáculos en la calle, grandes descuentos para jóvenes, una ajetreada vida universitaria y con un sistema público de transporte que no he visto en ninguna otra ciudad del mundo. Y además es sede de una de las óperas más importantes de Europa (que no es moco de pavo si te gusta este género). En definitiva: una ciudad a la que no he encontrado ningún fallo. No sin razón está en el top 40 mundial de las ciudades más agradables para vivir.

 

En cuanto al intercambio Erasmus... ¡qué se puede decir que no se haya dicho ya! Es una experiencia única. En el aspecto académico, prepárate para aprender poco de las asignaturas que lleves, porque es raro encontrar equivalencias exactas. En mi caso, las asignaturas que se podían parecer un poco a las que llevaba habían llegado a su número máximo de alumnos (¿existirá eso en España?) o tenían unos horarios imposibles. Recuerdo que fue un auténtico caos hacer la matrícula, y que tuve que cambiar el famoso learning agreement unas mil veces. Ahora bien: mi universidad tenía todo un abanico de oportunidades para los estudiantes de intercambio: cursos gratuitos del idioma patrio, fiestas Erasmus para conocernos todos, un gimnasio universitario barato (que, por descontado, no pisé).

 

Ahora bien: lo que he podido perder de conocimientos jurídicos, lo gané (y requetegané) con una experiencia de vida, idioma y madurez. A fin de cuentas, eso es Erasmus: conocer gente de todo el mundo, mejorar un idioma, desenvolverte en un entorno que no es el tuyo y, para colmo, disfrutar haciéndolo.

Así que tú, ¿a qué esperas para irte de Erasmus?

 

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jue

14

ene

2016

TREINTA AÑOS NO ES NADA…

Luis N. González Alonso, director del Centro ED
Luis N. González Alonso, director del Centro ED

 

Parece que han pasado en un suspiro, pero comenzamos este 2016 celebrando los primeros treinta años de participación de España en el proceso de integración europea, en lo que hoy es la Unión Europea. Y digo bien, “celebrando”, porque recordar aquel momento y el tiempo transcurrido desde entonces debe ser motivo para la celebración, no me cabe la más mínima duda; y no sólo porque estemos aquí para hacerlo, como suele decirse en estos casos, sino por todo lo que ha supuesto para nuestro país.

 

Lejos queda, desde luego, el entusiasmo europeísta con el que la sociedad española recibió aquel año 1986 o el consenso del que hicieron gala unos meses antes nuestras fuerzas políticas en el Parlamento autorizando sin fisuras la ratificación del Tratado de Adhesión,  firmado con toda solemnidad en el Palacio Real de Madrid el 12 de junio de 1985. Sería absurdo negar que las cosas son hoy muy distintas, por la dichosa crisis y sus efectos devastadores, por la propia evolución que ha conocido la UE – sin ir más lejos, integrada ya por 28 Estados frente a la docena que completamos España y Portugal- y, cómo no, por la transformación del contexto global en el que nos movemos ahora con muchas menos certezas que hace tres décadas y con desafíos constantes a los que no sabemos muy bien cómo hacer frente.

 

Al margen de todo ello, tampoco conviene perder de vista que lo que durante mucho tiempo contemplamos como un anhelo colectivo, como un gran objetivo movilizador de esfuerzos y por el que merecía la pena luchar, se ha ido convirtiendo poco a poco en nuestro hábitat natural, en ese ámbito común en el que se desenvuelve de forma rutinaria nuestra actividad política y económica, con sus luces y sus sombras, con sus bondades y con sus imperfecciones, que lógicamente son muchas. No es de extrañar pues, y más aún con la que ha caído en los últimos años, que el desencanto e incluso la decepción hacia el proyecto europeo hayan podido abrirse paso en la sociedad española, tradicional y mayoritariamente europeísta.

 

No creo, sin embargo, que esta tendencia deba interpretarse como algo exclusivamente negativo. Es sin duda preocupante, no sólo aquí sino en el conjunto de la Unión, y si no enderezamos pronto el rumbo podría abocarnos a un gran fracaso colectivo. Pero, por lo que se refiere específicamente a España, es también una manifestación de madurez en la percepción e interpretación de lo que significa y representa la integración europea. Reconozcamos que durante buena parte de estos treinta años se han frecuentado excesivamente los tópicos sobre Europa en nuestro país, como si formar parte de la UE se redujese esencialmente a recibir fondos para modernizar nuestras infraestructuras y cualquier iniciativa de Bruselas tuviera que ser, por ende, positiva. Hemos descubierto que esto no es así, que el proyecto europeo es frágil, que está inacabado y que requiere de un constante perfeccionamiento y compromiso por parte de sus Estados miembros y de sus ciudadanos.

 

Ahora bien, sobre lo que muy pocos españoles albergan dudas tres décadas después de aquel mes de enero de 1986, y ahí están los resultados de los Eurobarómetros - amén de algunas otras circunstancias políticas de todos conocidas-  para corroborarlo, es que fuera de la Unión hace mucho frío y que ésta ha sido un vector fundamental del formidable proceso de transformación que ha conocido nuestro país durante este período de tiempo. O es que, ¿cabría imaginar hoy el futuro de España al margen de ese otro gran proyecto colectivo que representa la Unión Europea?

 

Celebremos pues este trigésimo aniversario con satisfacción y con espíritu crítico, con la lógica preocupación que generan algunos de los fenómenos a los que estamos asistiendo dentro y fuera de la UE, pero con el firme convencimiento también de que nuestro futuro como europeos nos lo jugamos en común.

 

Al fin y al cabo treinta años es poco más de la mitad del trecho recorrido por un proceso que se inició en circunstancias mucho más convulsas que las actuales y que fue concebido para garantizar paz, progreso y bienestar a muchas generaciones de europeos.

 

Feliz 2016.

 

Luis N. González Alonso

 

Director del Centro Europe Direct de Salamanca

 

 

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lun

14

dic

2015

UNA FORMA INNOVADORA DE BUSCAR EMPLEO

Los chicos de la I Lanzadera de Empleo y Emprendimiento Solidario de Salamanca comenzamos nuestra andadura hace ya más de cuatro meses. 

Llegamos sin saber muy bien en qué nos habíamos metido. La Lanzadera había aparecido en nuestras vidas mediante conocidos, páginas de redes sociales, por la búsqueda diaria de alternativas para cambiar nuestra situación o por pura casualidad. El significado que iba a tomar en nuestro día a día pasaba desapercibido a la hora de romper el hielo en la primera sesión. No era más que una quimera la dimensión que iban a tomar conceptos como la solidaridad, el trabajo en equipo o la marca personal.


El trabajo de Mar Quintero, nuestra coordinadora, empuje y diario de confesiones, nos lleva continuamente a incentivar el desarrollo personal. Exportar nuestro valor fuera de nosotros mismos, salir de nuestra zona de confort y atrevernos a hacer cada día algo importante en lo que no nos sintamos cómodos. Ampliar esa zona diariamente y lograr que nuestras áreas de mejora se conviertan en fortalezas, enterrando el concepto de milagro y creyendo en el progreso y el día a día. La gestión eficaz del tiempo, la comunicación asertiva, la resolución de conflictos. Saber vivir en una época donde la incertidumbre es predominante. Tener metas y conseguirlas sabiendo quién es el verdadero protagonista entre ambos puntos: nosotros mismos.


A las sesiones grupales, y la división por departamentos, se unieron las individuales. Ese pequeño mundo interior que tenemos y esa línea recta, curva en ocasiones, con bajadas plácidas y subidas agotantes a veces, forma lo que somos. Nuestros valores. Nuestras fortalezas. Nuestra marca personal. Explotarla y distinguirnos es el objetivo en el mercado de trabajo actual, donde una formación otrora excepcional ya no significa tanto para las manos en que caen nuestros curriculums. El trabajo personal va unido al grupal, ya de equipo, en jornadas de trabajo que fueron ampliándose con el paso del tiempo.


La visita al aula de emprendedores, con historias personales diferentes, abrieron los ojos de muchos integrantes que no habían barajado una posibilidad muy valorable en la realidad laboral con la que convivimos. La cultura del esfuerzo, del bajón, de los estados anímicos que se enfrentan. De la hormiga frente a la cigarra. El emprendedor es hoy un héroe cotidiano y no sólo vale una idea, genial quizás. El valor común que reúnen los casos que tuvimos el placer de conocer en nuestro espacio es la constancia, innegociable cuando alguien está dispuesto a esforzarse más que tú, tal vez con más y/o mejores recursos. Esfuerzo, trabajo y amplitud de miras.


Precisamente esa amplitud de miras es lo que también nos hace ver al mundo, y en especial a Europa, como un territorio que debemos explorar, sin movilidades reducidas, tanto a nivel de emprendimiento como trabajando por cuenta ajena. Si por algo se ha caracterizado la historia de España es por relacionarse con el mundo. No hace falta irse mucho más allá de dos o tres generaciones anteriores para comprobarlo. Suiza, Alemania, Francia. En el caso de Susana Rubio, con Magisterio Especialidad en Inglés, la habilidad para hablar diferentes idiomas es considerada como fundamental en la sociedad global en que vivimos. El francés es un punto extra también para ella, como lo es para Ramón Sánchez, un habitante más durante dos años de la bellas Pomerol y Saint-Émilion, cercanas a Burdeos, pueblos rodeados de viñedos donde pudo trabajar junto a su pasión. El inglés y el francés, como el castellano, no tienen horizontes. Cruzan mares, océanos y llanuras. También el portugués, con el que Edith del Campo es capaz de saltar el charco y traernos imaginariamente a Caetano Veloso, como lo tuvo que hacer él en persona en los sesenta y setenta hacia Londres y Madrid, por culpa de la dictadura brasileña. E injusto sería terminar párrafo sin la irrupción de María Cotovanu, que tuvo que abrir mente y maleta para cumplir ya diez años desde que vino de Rumanía. Europa está en nuestra zona de confort.


La labor en la Lanzadera no se limita solamente a ese “trabajo de oficina”. De aula. Junto a los departamentos de Formación, Emprendimiento y Empleabilidad, se encuentra Marketing y Comunicación. La visibilidad es clave en el programa, contando ya en nuestro haber éxito en redes sociales, apariciones en televisión y entrevistas en radios, expulsando los nervios de lo que se deja ver y oír. Las intermediaciones empiezan a copar nuestra agenda y las inserciones van siendo efectivas. El evento solidario realizado en octubre y, sobre todo, el Foro de Empleo del pasado 4 de noviembre, son las inmensas montañas escaladas por el equipo con gran éxito, que no cesará en su empeño hasta la bajada de telón, el 30 de noviembre. Nuestro trabajo, dedicación y objetivos cumplidos también adquieren el concepto de responsabilidad, ya que los chicos y chicas de la II Lanzadera de Empleo y Emprendimiento Solidario de Salamanca no partirán desde cero. Demostrando que es posible. 



Manuel Alejandro Diaz Pinto

Participante de la I Lanzadera de Empleo y Emprendimiento Solidario de Salamanca

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mié

18

nov

2015

BUDDY PROGRAM: “STUDENTS HELPING STUDENTS”

Laura Hernández Rodríguez

Voluntaria en Erasmus Student Network Salamanca


Desde que en 1989 naciera la Asociación Erasmus Student Network, son ya muchos los estudiantes que se han beneficiado de uno de sus proyectos más importantes, el Programa Buddy. Pero empecemos por el principio, ¿qué es Eramus Student Network y qué representa?


ESN es una asociación internacional sin ánimo de lucro que nació como un proyecto asociado al programa europeo de intercambio universitario Erasmus. Su misión principal consiste en servir de centro de conexión y representación de todos los estudiantes internacionales. Actualmente tiene presencia en más de 480 universidades de 37 países europeos distintos y cuenta con 14500 voluntarios que trabajan bajo el lema de “estudiantes ayudando a estudiantes”. Y es aquí donde el Programa Buddy cobra su importancia. 


Para que la experiencia Erasmus sea lo más enriquecedora posible, no solo es necesario que el estudiante se sienta integrado académicamente en su universidad, sino también socialmente en su ciudad de destino. El programa Buddy se encarga de asociar a cada uno de ellos, en función de diferentes criterios lingüísticos y afinidades, una persona que se ocupará de ayudarles a adaptarse a su nueva vida académica y social española, a conocer multitud de personas de diferentes países, y a aprender el dominio del idioma. 


Este fue el caso de Anna, procedente de Alemania y estudiante de Filología, que decidió inscribirse en el programa al llegar a Salamanca. Al preguntarle por las ventajas del mismo, se ríe mientras su cara refleja una mezcla de desesperación y agradecimiento. Desesperación al recordar el miedo que sintió al principio cuando no sabía si tendría que pagar tasas universitarias extras, o la confusión al encontrarse con una ciudad repleta de ranas. Pero agradecimiento también por la ayuda que le prestó su buddy, Juanan, no solo con diferentes trámites, como podía ser hacerse el carné universitario, sino también por enseñarle nuestras costumbres y cultura. Para Ana, lo más importante es que esa persona que sirve de contacto permanente durante su estancia “sabe de todo, y es  un punto de conexión con otros estudiantes Erasmus”. Además subraya las ventajas de poder comunicarse en su propio idioma con alguien que le ayude a expresarse en español, y que comparta aficiones y hobbys. Al igual que hizo su buddy Juanan, afirma que cuando vuelva a Alemania le gustaría participar en el programa para ayudar a otros estudiantes; mientras tanto, los dos seguirán compartiendo conocimientos y tardes de fútbol animando al Real Madrid.

 

 

Laura Hernández Rodríguez

Voluntaria en Erasmus Student Network Salamanca

 

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mar

27

oct

2015

La otra cara de los lobbies 

Enrique Fernández de Madaria

Quisiera comentar en este post determinados aspectos de la reciente experiencia que he tenido trabajando en una de las asociaciones de representación empresarial/industrial (comúnmente llamadas lobbies) asentada en Bruselas durante el último medio año. Ya que David Domínguez Nacimiento realizó en este Blog una reflexión dando alguna pincelada teórica y práctica desde una de las Instituciones (véase El «lobbying» en la UE. Una breve introducción, 30.09.2015), aprovecharé la ocasión, sobre todo, para exponer mis impresiones sobre las asociaciones de este tipo aportando otro punto de vista.

 

Como bien dice en su contribución, existen muchos tipos de lobbies: desde asociaciones centradas en la protección del medio ambiente (por ejemplo, European Environmental Bureau) hasta los lobbies poderosos de la banca (European Banking Federation), pasando por aquellas asociaciones muy especializadas y curiosas, como es el histórico caso de Europatat (European Potato Trade Association). 

 

Yo tuve la suerte de trabajar en una asociación de creación muy reciente (septiembre-octubre de 2014), denominada European Recycling Industries´ Confederation (EuRIC), teniendo como principal función la representación de los intereses de empresas privadas europeas dedicadas al reciclaje. Me permitiré insistir en que fue toda una suerte y ello por dos razones muy concretas. La primera razón se basa en el hecho de que la Comisión Europea lleva desarrollando desde hace varios meses el nuevo paquete de medidas (propuestas) legislativas para una economía circular, a través de la cual se pretende superar el modelo de producción actual de “fabricar-usar-tirar”, facilitando el uso óptimo de los recursos y de los bienes generados mediante su reintroducción en el proceso productivo, una vez hayan llegado al fin de su vida útil. Ciertamente un momento de suma importancia para el desarrollo de la economía en general y, en particular, para la industria del reciclaje. La segunda razón se fundamenta en que esta asociación, como también es el caso de otras, defiende simultáneamente el bienestar de la sociedad en general (sostenibilidad en el uso de los recursos, reducción de emisiones) y naturalmente intereses privados empresariales, siendo ambos perfectamente conjugables. Con esta última afirmación no pretendo hacer una promoción de la asociación, sino afianzar la tesis de que categorizar los lobbies meramente según su búsqueda o no de fines económicos no es de gran utilidad. 

 

Según mi experiencia, cada lobby es un mundo. Sus fines, objetivos y métodos varían claramente, no dependiendo estos últimos necesariamente de los medios que tengan a su disposición y mucho menos de su proveniencia, aceptando desde luego que puedan existir prácticas ilícitas pero subrayando, sin embargo, que en mi breve experiencia no he llegado a ser testigo de ninguna.

 

Como es obvio, una asociación de representación empresarial no se dedica sólo a informar a sus miembros sobre el desarrollo de las políticas y normas que les afectan. De hecho, gran parte de la carga de trabajo se concentra en defender las posiciones propias en todos los foros relevantes posibles e incluso recordar, en una suerte de función de control, la necesidad de aplicar estrictamente la ley (por ejemplo en el escandaloso caso de España en relación con el vertido ilegal de residuos, permitiéndose en demasiadas ocasiones que se le causen graves perjuicios a los operadores legítimos). 

 

Asimismo, es corriente que la mejor información sobre el impacto de una norma vigente o sobre las posibles consecuencias de una modificación se canalice a través de un portavoz de la industria. Me refiero sobre todo a las normas de gran detalle técnico o aquellas que establecen objetivos medioambientales exigentes, tan abundantes en el Ordenamiento jurídico de la Unión Europea. Un claro ejemplo puede encontrarse en la cuestión sobre la «reciclabilidad» de algunos materiales: la integración de nuevos materiales en los coches (fibra de carbono, fibra de vidrio) dificulta enormemente su reciclaje por motivos de capacidad tecnológica, existiendo a su vez tasas vinculantes de reciclaje muy elevadas. ¿No es acaso necesaria y bienvenida la opinión de un ingeniero que conoce los desafíos a los que se enfrenta la industria sobre el terreno a diario o la de un empresario que se arriesga a sufrir los efectos de la inseguridad jurídica a la hora de realizar grandes inversiones para incrementar la cantidad y calidad de los materiales reciclados, siendo éste un fin deseable por casi absoluto consenso? En resumen, cuanto más acusado sea el carácter técnico de las decisiones a tomar, más información resultará necesaria para asegurarse de que la complejidad del asunto no da lugar a un tremendo fracaso. El problema por tanto reside en determinar qué información es más exacta y útil. Por mucho que comparta (sinceramente) la opinión de que el Parlamento deba jugar un papel más importante, no cambia ni mejorara la circunstancia de que las decisiones complejas requieren –reitero– información exacta y útil. 

 

En lo relativo al problema de la información, existen múltiples vías no muy diferentes de las que se pueden encontrar a nivel nacional y regional. En primer lugar, la Comisión recurre lógicamente a sus propias fuentes y expertos, generalmente funcionarios de, entre otros, la Dirección General de Medio Ambiente, del Centro Común de Investigación o de Eurostat. Esta vía es imprescindible para elaborar las propuestas con la calidad técnica suficiente, hacer seguimientos y realizar controles y estudios, etc. Por lo general su carga de trabajo es alta y su contratación, como es bien sabido, costosa. En consecuencia se acaba recurriendo con bastante frecuencia por falta de medios o capacidad a una segunda vía, a saber, la contratación de servicios externos de consultoría. Estos servicios son a menudo muy caros y no concluyentes (finalizando muchas veces con formulaciones vacías, tales como «serán necesarios más estudios sobre esta cuestión»), si bien es cierto que en otras ocasiones sí que logran cierta sistematicidad en el estudio de un problema y sugieren soluciones concretas. En tercer lugar, el mundo académico, las Administraciones públicas nacionales y, ¡cómo no, los lobbies!, también aportan sus propios estudios, datos y razonamientos a través de conferencias de todo tipo, reuniones bilaterales, consultas abiertas, etc., intentando que su visión sobre una temática prevalezca sobre las demás. En este contexto se dan verdaderas «batallas de estudios», como se podrían denominar, y en muchas ocasiones se genera una verdadera cacofonía (véase el caso paradigmático de los organismos genéticamente manipulados). ¿Significa esto que se debe prescindir de la participación de los lobbies? En mi opinión, no. De ser así, se podrían pasar por alto argumentos y datos contrastados muy valiosos, más cercanos a la realidad industrial o a la situación ecológica (que no se nos olvide, Greenpeace también tiene un lobby legítimamente registrado en Bruselas y aporta estudios de gran interés). 

 

Que el desarrollo de una propuesta de norma sea mejor o peor dependerá finalmente de la inteligencia y sensatez de quien tome la decisión, no nos engañemos, ya se trate de un funcionario, un cargo político o directamente la ciudadanía, y, para ello, se precisará que la información sea abundante y esté contrastada, al igual que la capacidad de diferenciar los argumentos buenos de los malos o las pruebas científicas más exactas de las que lo son menos. 

 

Los centros de poder siempre serán objeto de presión, independientemente de los sujetos que lo ejerzan y considero que únicamente una regulación efectiva que ofrezca transparencia y garantías de control podrá ser satisfactoria, ya sea aplicable en Bruselas, en Copenhague o donde quiera que se encuentren.  

 

Enrique Fernández de Madaria

Graduado en Ciencias Políticas por la Universidad de Innsbruck

Máster en Estudios de la UE por la Universidad de Salamanca y Máster en Diplomacia y RRII por la Escuela Diplomática de España

Ha sido colaborador del MAEC en la REPER de España ante la OSCE y Analista de Políticas en la European Recycling Industries´ Confederation - EuRIC



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mié

30

sep

2015

Europe Direct: conectando a Salamanca con Europa

Daniel González Herrera ha sido becario Europe Direct y actualmente es profesor asociado de la Universidad de Salamanca
Daniel González Herrera ha sido becario Europe Direct y actualmente es profesor asociado de la Universidad de Salamanca

 

 

Varios años ya son los que llevo vinculado, de una manera o de otra, al Centro de Documentación Europea, primero, y al centro Europe Direct de la Universidad de Salamanca, después. Mi paso por estas instituciones hermanas ha contribuido decisivamente a mi formación profesional y humana y, ahora que se abren otros horizontes laborales, es el momento idóneo de hacer balance.

 

Ubicados en la segunda planta de la Biblioteca Francisco de Vitoria, ambos centros no son todo lo conocidos que deberían entre los alumnos universitarios y el público en general, si bien una decidida política informativa y una apertura militante hacia la comunidad han ido cambiando poco a poco esa situación, y hoy son muchos los que se acercan al (a los) Centro(s) con toda clase de preguntas sobre la Unión Europea. Hay que recordar que todos los principales problemas actuales —y las potenciales soluciones— pasan por Europa: la crisis migratoria; la delicada situación económica; la salida o permanencia de varias regiones levantiscas; los pueblos que, como el griego, han visto su destino en manos de Bruselas; o los países que, como el británico, examinan su relación con el resto del continente. En este momento es más cierto que nunca que la integración de los pueblos europeos es más significativa que en cualquier tiempo anterior (aunque no vengan de Bruselas todas nuestras leyes). Los ciudadanos son plenamente consientes de estas circunstancias, y quieren estar lo mejor informados que sea posible sobre sus derechos como europeos. En esa labor, el Europe Direct, como parte de la red de información de la Unión Europea, desempeña una labor invaluable.

 

En esta tarea, hemos organizado o colaborado en una variedad tal de actividades, que habría que dedicarle un monográfico solo a ellas (ese monográfico, por lo demás, existe: se llama «Informe Final», tiene centenares de páginas y hay que enviarlo cada año a la Comisión Europea). Baste citar, a título de ejemplo, solo algunas. En primer lugar, quiero reseñar el «Descubre Europa jugando», donde niños de primaria se acercan al campus para explorar, mediante estrategias lúdicas, su papel en el mosaico europeo, gracias a la colaboración de la Fundación de Saberes y al entusiasmo de Jorge  Martín Domínguez, profesor de la Facultad de Educación de la USAL. Las nuevas generaciones tendrán en su mano el futuro de la integración y, a la inversa, esta tendrá una duradera influencia en el mundo en el que estos niños van a crecer. Tomar conciencia desde una edad temprana de que la Unión es parte de sus vidas les ayudará en ese proceso evolutivo. En el otro extremo del arco etario, las actividades organizadas con la Universidad de la Experiencia han demostrado ser una empresa muy provechosa. Los más adultos son plenamente conocedores del impacto que Europa ha supuesto para España, y su curiosidad vital está siempre ávida de comprender mejor lo que se hace en Bruselas que, reconozcámoslo desde ya, no es siempre fácil de explicar o de entender, incluso para los que se dedican precisamente a exponer el funcionamiento de la Unión. A medio camino entre unos y otros, se encuentran los jóvenes universitarios, que son los usuarios naturales de los recursos del Centro, enclavado como está en pleno Campus Unamuno. El proceso de reformas conocido metonímicamente como Bolonia, con sus innegables luces y sombras, ha impulsado, al menos en el ámbito de los estudios del Derecho, un examen muy necesario del ordenamiento jurídico europeo. Pero los estudiantes de otras muchas titulaciones están también interesados en lo que Europa puede ofrecerles, ya sea mediante el feraz programa Erasmus, ya a través del Servicio Voluntario Europeo, o incluso en lo relativo a su futuro laboral una vez que terminen esta etapa. De particular interés para mí es el Encuentro Universitario de Debate sobre el Futuro de la Unión Europea impulsado por el Europe Direct, en el que jóvenes de todo el país vendrán a Salamanca a discutir los peligros del auge del populismo y la eurofobia en todos los Estados miembros de la Unión.

 

Es de destacar, además, que tanto el Centro de Documentación Europea como el Europe Direct se encuadran en una red más amplia de centros de información  repartidos por todo el continente. Siempre que no se encontraba un documento útil, o que había una duda particularmente compleja de resolver, un simple llamamiento a la red bastaba para que, en tiempo récord, algún centro prestara desinteresadamente su colaboración en beneficio de los usuarios. Aquí ha de añadirse a los expertos del Team Europa —como la prof.ª Yolanda Martín González— o a los consejeros Eures —Patricia Valverde, en Salamanca— dispuestos en todo momento a colaborar en cuantas actividades les hemos planteado desde el Europe Direct.

 

Pero no es necesario estar en ninguna red europea para colaborar activamente, como demuestran los diversos organismos y empresas que han acompañado incansablemente al Europe Direct desde su nacimiento en 2013 para el desarrollo de toda clase de eventos. Además de la ya citada Universidad de la Experiencia, merecen recordarse también, la Junta de Castilla y León, la Diputación provincial, el Ayuntamiento de Salamanca, la Escuela Oficial de Idiomas, la asociación de vecinos FEVESA, el Servicio de  Asuntos Sociales de la USAL, los cines Van Dyck, el programa «Hoy por hoy» de Radio Salamanca/Cadena Ser o la Asociación de Debate de la Universidad de Salamanca, que tuve el honor de presidir, entre otros.

 

Aún queda mucho recorrido y mucho por hacer: es preciso seguir acercándose a la sociedad civil. Tengo el convencimiento de que la clave de muchas de las soluciones de los problemas actuales pasa por más Europa, pero esto no será posible sin la implicación del pueblo europeo, desde el nivel local hasta el supranacional. Por eso es importante que los centros de información europea sigan desempeñando su tarea como hasta ahora, conectando a la Unión con sus ciudadanos, en su propia comunidad y en su propia lengua.

 

No quiero terminar estas modestas líneas sin expresar mi más profundo reconocimiento al personal del Centro Europe Direct y Centro de Documentación Europea. Es de justicia comenzar por los dos directores bajo los que he tenido la suerte de trabajar: el Prof. José Martín y Pérez de Nanclares y el Prof. Luis N. González Alonso. Todo lo poco o mucho que pueda saber sobre la Unión Europea y su Derecho bebe en gran medida del pozo de conocimientos que son estos dos juristas, en los que la vocación académica es patente por la facilidad con la que son capaces de transmitir sus ideas. Pero, si se me permite el atrevimiento, son Paz, Charo y María José el auténtico cuerpo y alma del Centro. Su trabajo continuo para encontrar formas de acercar Salamanca a Europa y, en lo personal, su enorme cariño, han sido fuente de constantes alegrías durante mi paso por el Europe Direct. A todos ellos, mi más sincero agradecimiento.

 

 

 

Daniel González Herrera

Doctorando en el programa «Estado de Derecho y Gobernanza Global»

Profesor Asociado de Derecho Internacional Público - Universidad de Salamanca

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vie

24

jul

2015

SEDAS: Archivo Digital España-UE 

Eva Ramón Reyero
Eva Ramón Reyero

Spain Europe Digital Archive (SEDAS) o Archivo Digital España-Unión Europea: ambos identifican un proyecto colaborativo en el que participan Centros de Documentación Europea de universidades españolas. SEDAS comenzó su andadura en el año 2011, con el objetivo de crear un repositorio específico sobre el proceso de integración de España en la Unión Europea, pero que también recogiera la producción científica de las universidades españolas sobre la UE.


Y estos elementos son los que configuran el proyecto como una iniciativa singular: por ser un trabajo gestionado a través de una estrategia de colaboración; por estar diseñado como repositorio basado en la filosofía Open Access y cuyos contenidos tienen presencia en otros repositorios, al ser recolectados por ellos. Así, los fondos de SEDAS pueden verse también en Europeana; y como tercer elemento, por ser el primer producto digital que recoge la producción científica de las universidades sobre temas europeos.

La iniciativa de crear SEDAS surgió del Centro de Documentación Europea de la Universitat Jaume I y pronto fue secundada por otros Centros de Documentación Europea. Desde el primer momento se formó un Comité Técnico desde el que se ha coordinado el diseño del repositorio, la estrategia a seguir en la selección de temas y fondos documentales, además de todas las tareas derivadas de la colaboración de los Centros que participan en el proyecto entre las que conviene destacar: búsqueda de documentos, gestión de derechos de autor, subida de documentos al repositorio, comunicación y difusión de contenidos, formación, importaciones, estrategias de futuro y colaboración con otras redes nacionales de Centros de Documentación Europea.


SEDAS ha sido presentado en varios foros especializados, destacando la reunión de Centros de Documentación Europea celebrada en Malta en 2011, la reunión de la red Europe Direct española y portuguesa en noviembre de 2015 en Badajoz y el VI OS Repositorios/XIV Workshop REBIUN el pasado marzo en Córdoba. En todos estos foros el proyecto ha contado con el interés de los asistentes y ha dado pie a nuevas colaboraciones.

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mar

23

jun

2015

El Servicio Voluntario Europeo: aprender ayudando

Rocío Calvo Domínguez
Rocío Calvo Domínguez

 

La idea de terminar los estudios universitarios es, sin duda, un momento de enorme incertidumbre. Ante la falta de experiencia, o el hecho de no poder desenvolverse en un idioma extranjero, las posibilidades de encontrar un trabajo en el actual mercado laboral se reducen considerablemente, por lo que es recomendable realizar una estancia en el extranjero.

 

Esta era mi situación hace cuatro años: estaba terminando mi Licenciatura en Historia en Santiago y prefería irme a vivir una temporada en el extranjero que realizar un máster. Al comenzar mi último curso, leí una noticia en un periódico sobre la experiencia de dos jóvenes gallegas que se habían ido a Francia y a Polonia con lo que se llamaba «Servicio Voluntario Europeo» (SVE). Además de relatar sus experiencias, se informaba de que este programa permitía que jóvenes europeos pudiesen colaborar hasta un año con asociaciones de otros países, que se ocuparían de ofrecer a estos alojamiento, comida, dinero de bolsillo para sus gastos, los viajes de ida y vuelta, seguro médico… Consideré esto verdaderamente llamativo, sobre todo teniendo en cuenta que el único requisito era tener entre 17 y 30 años. Los idiomas, los estudios, la experiencia laboral, no eran la clave en este programa: lo era la motivación, las ganas de ayudar y de aprender, y la voluntad de vivir en un país extranjero, y yo sin duda cumplía con estos requisitos.

 

A partir de ahí seguí los pasos habituales: el primero, encontrar una Organización de Envío, o lo que es lo mismo, una asociación española que me informase y se hiciese cargo de las gestiones en el caso de que pudiese realizar ese voluntariado europeo. Una vez hecho esto, la clave está en encontrar una asociación con la que colaborar en el extranjero: para ello, el Servicio Voluntario Europeo cuenta con una base de datos en la que figuran todas las organizaciones involucradas en este programa. Allí podemos encontrar información detallada sobre las asociaciones, sus proyectos y la forma de contacto: así, se trata de buscar el proyecto que más te motive, mandar tu currículo y la carta de motivación a la asociación y cruzar los dedos. Yo me encontraba interesada en proyectos de tipo cultural, y por ello durante dos meses estuve mandando correos a asociaciones de toda Europa que trabajaban con esta temática, hasta que finalmente, la confirmación llegó desde Bretaña (Francia).

 

Mi organización de acogida fue el Musée de la Batellerie de l’Ouest, un museo local centrado en la divulgación de la tradición marítimo-fluvial de Redon, un pueblo de 10.000 habitantes a medio camino entre Rennes y Nantes. Allí realicé todo tipo de funciones: colaboración en actividades pedagógicas en torno a la cultura marinera, creación de animaciones para el museo, atención al público, catalogación de fondos históricos, tareas de corte administrativo… Al mismo tiempo, colaboraría con otras asociaciones del pueblo, ya que pese a su tamaño, Redon cuenta con hasta nueve proyectos de acogida del Servicio Voluntario Europeo en colegios, centros de discapacitados, el centro social, institutos, asociaciones culturales… Los voluntarios europeos de Redon desarrollamos el conocido como «Proyecto Colectivo», centrado en la realización de actividades en estas organizaciones para informar sobre los proyectos europeos de movilidad y dar a conocer las culturas de nuestros países entre la población local. Por último, fui socia-voluntaria del cine del pueblo (CineManivel) durante ocho meses.

 

Si bien la idea inicial se orientaba a ganar experiencia profesional, lo cierto es que el Servicio Voluntario Europeo, en mi caso, me aportó mucho más a nivel personal. El hecho de vivir fuera de España por primera vez lleva sin duda a que uno desarrolle aspectos como la independencia, la iniciativa, la confianza en uno mismo, además de que la adaptación a otra cultura (y en mi caso, además, la convivencia con jóvenes de hasta ocho nacionalidades diferentes) obliga a una apertura de miras y a un análisis más abierto y crítico de la realidad. En mi caso concreto, he tenido la fortuna de poder vivir en una región como Bretaña, tan similar a Galicia que lo cierto es que la adaptación fue inmediata, y donde la gente es especialmente amable y abierta a lo diferente; de poder viajar por todo el país y descubrir la enorme riqueza cultural de Francia; de poder trabajar mano a mano con un personal del Museo con los que he desarrollado una relación personal que se mantiene a día de hoy; de incrementar notablemente mi círculo de amistades y por último, desarrollar un espíritu verdaderamente colaborativo, ya que tras mi paso por esta región francesa tan concienciada con el mundo asociativo considero que las iniciativas locales pueden, a partir de pequeños proyectos, contribuir a un mayor bienestar y enriquecimiento social.

 

A día de hoy, y tras pasar otro año en Francia, he vuelto a España para continuar con mis estudios. Al mismo tiempo, he estado colaborando con el Servicio de Asuntos Sociales de la Universidad de Salamanca, organización involucrada en el Servicio Voluntario Europeo como organización de envío, de acogida y coordinadora, para promocionar este programa europeo entre los jóvenes universitarios, un público que como yo en su día, puede ver en este voluntariado una vía de enriquecimiento personal y profesional.

 

 

Rocío Calvo Domínguez

Estudiante del Máster en Sistemas de Información Digital de la Universidad de Salamanca

Voluntaria del Servicio de Asuntos Sociales de la Universidad de Salamanca

               

 

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vie

29

may

2015

Europeana, el portal de recursos digitales de Europa

Sonia Carrasco Sánchez
Sonia Carrasco Sánchez

Hoy en día, gracias a las tecnologías que nos rodean, existe un gran número de repositorios a los que se puede acudir en busca de información de muy diferentes ámbitos. Un repositorio es un sitio web en el que se almacena y mantiene información digital. El acceso a estos repositorios puede ser público o estar protegido, y en este último caso para su acceso es necesaria una autentificación previa.

 

El portal Europeana surge de la idea de crear un único acceso a  millones de recursos digitales procedentes de archivos, museos, bibliotecas y colecciones audiovisuales europeas. La unión de todas estas colecciones permite explorar el patrimonio cultural digital europeo en todas sus manifestaciones (imágenes, vídeos, documentos, etc…) desde la Prehistoria hasta el presente.

 

El origen de este proyecto se encuentra en el prototipo Europeana Digital Library Network (EDLnet), el cual se puso  en marcha en noviembre de 2008 por la Comisión Europea, siendo el primer servicio centralizado y supranacional de información, que surge en el marco de la Agenda de Lisboa. A la creación de este proyecto han contribuido más de 2.200 instituciones de países miembros de la Unión Europea y su éxito ha sido tan notable que en su primer día, los servidores que alojan el portal quedaron colapsados por la cantidad de visitas recibidas.

 

Este prototipo inicial daba acceso a cinco millones de documentos en 2009, año en el que comenzó su andadura su sucesor Europeana, que servía de acceso a un mayor número de documentos, diez millones.

 

La razón principal por la que Europeana se crea es facilitar el acceso al patrimonio cultural y científico europeo, de manera que todos los contenidos puedan ser utilizados para el desarrollo de nuevos contenidos o su simple reproducción en cualquier soporte, respetando los derechos que se especifican. Los objetivos que persigue este repositorio se encuentran recogidos en el Plan Estratégico 2011-2015; estos son:

-         Agregar contenido cultural europeo.

-         Facilitar la transferencia de conocimiento.

-         Comprometer a los usuarios con nuevas formas.

-         Distribuir los bienes poniéndolos a disposición de los ciudadanos europeos.

 

Hoy en día Europeana es un portal multilingüe y multidisciplinar que sigue creciendo en contenido, gracias a proyectos como el de Europeana Libraries, y que se encuentra financiado a través del programa marco Horizon2020, fundamental en la Agenda Digital Europea.

 

Debido a que los documentos son añadidos por diferentes instituciones europeas y con el fin de que haya heterogeneidad en los contenidos y los dominios que se presentan en Europeana, se establecieron un conjunto de campos Dublin Core, generando el modelo Europeana Semantic Elements (ESE). Actualmente hay un nuevo modelo, Europeana Data Model (EDM), que está reemplazando a ESE, ofreciendo más posibilidades de búsqueda y contextualización e información para el usuario, y también interoperabilidad en proyectos con Linked Open Data.

 

También, con el fin de promover innovaciones tecnológicas o agregación de contenido  para Europeana, han surgido proyectos como The European Library que es un agregador de contenido de bibliotecas nacionales europeas. Cabe mencionar tres documentos publicados entre 2010-2011 en referencia a este portal: The New Renaissance (informe del Comité de Sabios), el Plan estratégico 2011-2015 (donde se encuentran los objetivos que se persiguen con Europeana) y el Plan de Negocio del año en curso. Y en 2012 se hizo oficial el Europeana Data Exchange Agreement, que apoya el Creative Commons Universal Public Domain Dedication.

 

Hoy día, en este repositorio los usuarios pueden encontrar imágenes, textos, vídeos, sonidos… sobre el tema que le pueda interesar, por ejemplo: la Primera Guerra Mundial. Al realizar la búsqueda el sistema permite que se puedan acotar los resultados según el tipo de material que se quiere obtener, la fecha del documento, el idioma, según los derechos de autor, el país proveedor…

 

Se trata de una interesante herramienta para la recuperación de recursos digitales, y para la obtención de información de naturaleza muy diferente a nivel europeo ya que colaboran en este proyecto muchos centros europeos de referencia cultural a nivel internacional.

 

 

 

 

 

Sonia Carrasco Sánchez

Estudiante del Grado de Información y Documentación
de la Universidad de Salamanca

Fue practicum del Centro de Documentación Europea/Europe Direct

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mié

29

abr

2015

La lucha contra el terrorismo, una prioridad (¿superada?) para la Unión Europea

Adán Carrizo González-Castell
Adán Carrizo González-Castell

Sin duda la imagen de aquellos dos aviones estrellándose contra las Torres Gemelas de Nueva York, el día 11 de septiembre de 2001 o la, desafortunadamente más cercana para nosotros, visión de la estación madrileña de Atocha en llamas, el día 11 de marzo de 2004, o del metro de Londres envuelto en una intensa humareda en julio de 2005, nos impactaron y sobrecogieron a todos y todas de gran manera, quedando para siempre grabadas en la memoria de muchos de los que ya tenemos una cierta edad.


Lamentablemente, y aún transcurridos más de diez años desde que sucedieron estos acontecimientos, son otras las imágenes que hemos tenido que volver a presenciar los miembros de la aquella generación y de la actual, asistiendo a los ataques que, especialmente en Francia, han tenido lugar en los últimos meses y que nos han hecho recordar, una vez más, lo vulnerable que pueden llegar a ser los Estados ante los extremismos de cualquier tipo, y los de la Unión Europea no somos una excepción.


Llámese Al Qaeda, o llámese, mejor dicho, mal-llámese Estado Islámico (porque ni es lo uno ni es lo otro), lo cierto es que la amenaza terrorista ha sido una constante en el proceso de construcción europeo. Un proceso que, desde sus orígenes, tuvo claro que quería ser algo más que una mera organización de carácter económico, pero que, sin embargo, necesitó de las ventajas que la asociación de Estados le proporcionaba para poder llevarse a cabo. Me vienen a la mente las palabras de Quevedo, aún de plena actualidad cuatro siglos después, al afirmar que “Poderoso Caballero es Don Dinero”.


Como decía, el terrorismo siempre estuvo en el punto de mira de los artífices del proceso de construcción europeo, que vieron la necesidad de recurrir a una cooperación más allá de la económica, para luchar contra este fenómeno, desde las primeras y cuestionadas reuniones del Grupo TREVI, que pese a su evocador nombre (en clara alusión a la famosa fuente de la Ciudad Eterna) encerraba las siglas de terrorismo, radicalismo, extremismo y violencia internacional, hasta la creación de estructuras orgánicas y procesales de cooperación policial y judicial como la Oficina Europea de Polícia (Europol) o Eurojust, concebidas para luchar contra las formas graves de delincuencia, entre ellas, cómo no, el terrorismo, pasando por la cooperación reforzada que, en su momento, supusieron los Convenios de Schengen, como respuesta a los problemas que planteaba la supresión de las fronteras interiores que, al permitir la libre circulación de personas, bienes y servicios permitía, de la misma forma, la circulación del delito y de los delincuentes.


Sin embargo, el punto de inflexión de la asistencia judicial en la Unión Europea en materia de lucha contra el terrorismo, lo supone la aprobación del Tratado de la Unión Europea en su versión de Maastricht, con las reformas sufridas por el Tratado de Ámsterdam, ya que allí se consagra la necesaria cooperación en el denominado ámbito JAI, es decir, en cuestiones de Justicia y Asuntos de Interior, que integrarían el denominado Tercer Pilar, según la figura acuñada por la Doctrina y que representaba el Tratado de la Unión Europea como un templo griego, con una parte dogmática que haría las veces de frontispicio, sustentada sobre tres pilares, el primero y más fuerte, el de la cooperación económica, integrada por los 3 Tratados constitutivos de las Comunidades Europeas, el segundo, que sustentaría la cooperación en materia de Política Exterior y Seguridad Común y el Tercero, al que ya nos hemos referido, consistente en la cooperación en Justicia y Asuntos de Interior.


Sin embargo, estas materias no sufrieron un impulso decisivo hasta su formulación en las Conclusiones del Consejo Europeo, monográfico sobre estas cuestiones, celebrado en Tampere (Finlandia) en 1999, donde se fijaron las bases del futuro espacio de libertad, seguridad y justicia, y que provocaron que existiera una voluntad decidida de avanzar en la regulación de estas materias, voluntad que se vio fortalecida tras los atentados del 11-S y la gran labor desarrollada por la Presidencia Española de la Unión Europea, que hizo de la asistencia judicial y de la lucha contra el terrorismo la prioridad de prioridades, como también se demuestra por los enormes avances conseguidos sobre estas materias a lo largo del semestre que duró el mandato de nuestro país al frente de la Unión y en el que nuestra ciudad, Salamanca, tuvo el honor de ostentar el título de Ciudad Europea de la Cultura.


Quizás el principal avance fuera la aprobación, en ese contexto, de la Decisión marco por la que se creaba la Orden Europea de Detención, la llamada «euro-orden», que fue trasladada a nuestro ordenamiento jurídico a través de la Ley 3/2003, de 14 de marzo, recientemente derogada por la aprobación de la Ley 23/2014, de 20 de noviembre, de reconocimiento mutuo de resoluciones penales en la Unión Europea, que regula tanto esta como otras materias que afectan directamente a los ciudadanos, como la resoluciones por la que se impone una pena o medida privativa de libertad, o de libertad vigilada o provisional; la orden europea de protección; las resoluciones de embargo preventivo de bienes y de decomiso o las que se refieren a la imposición de sanciones pecuniarias y a los medios de obtención de prueba.


La aprobación de esta ley supone, sin ninguna duda, la constatación del gran camino recorrido desde que se estableciera el principio de reconocimiento mutuo de resoluciones judiciales, como piedra angular de la asistencia judicial en la Unión Europea y que, basado en el principio de confianza recíproca, pretendía eliminar cualquier tipo de control político en la prestación de la asistencia judicial, a pesar de  la multitud de regímenes nacionales que se veían afectados y de los esfuerzos que se realizaron, y aún deben realizarse, por parte de los Estados miembros para que su aplicación sea uniforme y eficaz en beneficio de los derechos de los ciudadanos.


Sin embargo, no resultaría extraño que, en unos Estados miembros en los que, en muchas ocasiones se gobierna a golpe de atentado, de amenaza y, sobre todo, de expectativa de futuros votos en elecciones cercanas, los últimos acontecimientos a los que hacíamos referencia al principio de nuestra colaboración, llevaran a la aprobación de nuevos instrumentos o a la adopción de nuevas medidas, algunas de ellas ya sancionadas, como en el caso de España, con inusual rapidez, como las contenidas en el Pacto de Estado contra el yihadismo, acordado entre el Gobierno y el principal partido de la oposición, y que, tras una tramitación parlamentaria en tiempo récord, ya ha sido aprobado por las Cortes Generales, o las contenidas en la nueva Ley Orgánica de Seguridad Ciudadana, una Ley que, si nos atuviéramos al consejo de Séneca, sobre que las leyes deben mandar, y no polemizar, desde luego no debería haberse aprobado. 


Aun así, confío en que el Legislador europeo sea más prudente, medite más sobre estas cuestiones, maneje con mayor rigor los tiempos y no pretenda legislar «en caliente» sobre aspectos que, de una forma u otra, afectan no solo a la seguridad de los ciudadanos, sino también a su libertad.


Adán Carrizo González-Castell

Profesor Contratado Doctor de Derecho Procesal.

Universidad de Salamanca.


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lun

30

mar

2015

Creciendo con Europa

Asunción Herrero
Asunción Herrero

Que la Unión Europea influencia nuestras vidas es un hecho. Somos parte de ella desde hace ya casi treinta años y, desde entonces, ha ido ordenando e interviniendo cada vez más en diversos aspectos de nuestras vidas. 

 

Para algunos, esta influencia ha sido más profunda desde el momento en el que ha guiado muy directamente nuestra formación o está en nuestro día a día a través de nuestro trabajo. Para mí, nuestra relación empezó seriamente con la asignatura de Estructura Económica de la Licenciatura en Economía en la Universidad de Salamanca, donde se introducían las claves de la economía mundial con especial atención a la integración económica que suponía la Unión Monetaria Europea, toda una inspiración. En el siguiente curso, una beca Erasmus, programa europeo de movilidad para estudiantes de educación superior, hoy conocido por todos, hizo posible finalizar los estudios en una universidad extranjera ampliando claramente las fronteras personales y profesionales y compartiendo experiencias con multitud de jóvenes de los cinco continentes y especialmente europeos. En aquel momento en la Universidad de Uppsala (Suecia), recién estrenado el milenio, una de las asignaturas de moda entre los estudiantes extranjeros era Teoría de las organizaciones, donde se apreciaban las bondades de la cooperación internacional en la creación de sinergias para el crecimiento económico y abiertamente se debatía sobre la repercusión que para cada país europeo tenía la integración en el ámbito de nuestra unión, con opiniones muy dispares, todo hay que decirlo.  

 

De vuelta, una visita a la biblioteca Francisco de Vitoria, como despedida a la vida universitaria en el campus salmantino, me ayudó a definir mi futuro y mi relación con la Unión Europea. Uno de los carteles informativos que siempre encontramos en la entrada y accesos invitaba a ser «Experto en Estudios Europeos», difícil tarea, vista la amplitud de campos abiertos, la celeridad con la que éstos cambian y la multitud de acontecimientos que influyen en todos ellos. Acepté el reto que proponía la Universidad de Deusto, en Bilbao, y pude acercarme al origen de esta unión y a las uniones del origen; a sus pilares y sus instituciones; a los padres fundadores; a las políticas, los programas y proyectos; a los numerosos fondos y a tantas cosas que en tan poco tiempo han cambiado tanto. Momentáneamente me sentí una experta y en ese mismo año 2002 celebré el momento histórico de la bienvenida al euro con un viaje en Interrail por  cinco países europeos, sin tener que cambiar moneda más que para conseguir los recién estrenados euros con los símbolos propios de cada país. Tampoco fue necesario pararse en las fronteras, pero eso ya no era una novedad desde hacía tiempo… 

 

El segundo año del máster lo combiné con una especialización en Gestión financiera en el espacio europeo en la Universidad de Nancy (Francia), ese fue el momento de descubrir que la Unión Europea no nos interesa sólo a los europeos, sino que va más allá de nuestras fronteras con una amplia difusión e interés por parte de los países del Mundo Árabe. Por aquel entonces, la mitad de los estudiantes del Centro Europeo Universitario de Nancy tenían esta procedencia y algunos de ellos eran ya trabajadores en activo de sus gobiernos o de empresas nacionales de relativa importancia. Acabado el curso, y durante el último verano de la Europa de los 15 y bajo las presidencias de Grecia e Italia tuve la oportunidad de hacer prácticas en un Consejo que invitaba a participar en sus reuniones ya a sus futuros integrantes de la Europa de los 25, con voz pero sin voto. En aquel momento Javier Solana era el Alto Representante de la Unión Europea en política exterior y de seguridad y amablemente recibía a los stagiaire con alguna broma que hacía ver cómo algunos de los estereotipos europeos, por suerte, van quedando en el olvido.

 

Después de esta aventura europea llevo ya once años trabajando por el desarrollo rural en la provincia de Salamanca. Muchas de las actividades que se promueven están financiadas con cargo al Fondo Social Europeo y van dirigidas al fomento de empleo, con especial atención a la inclusión social y la lucha contra la discriminación en cualquiera de sus formas. En todas las acciones que se promueven se debe hacer visible la cofinanciación europea informando a los participantes o beneficiarios de la procedencia de la iniciativa y de los fondos. En todos estos años he observado como la Unión Europea es una realidad cada vez más cercana y reconocible, cómo sus instrumentos, medidas y actores ya han dejado de ser algo ajeno y, al igual que en otros muchos aspectos de nuestra existencia, lo que nos influye y nos condiciona día a día puede hacerlo mucho más y de forma muy positiva, en la medida en la que nos impliquemos en lo que nos ofrece que, en este caso, no es poco. 


Asunción Herrero Ginés

Licenciada en Economía, Universidad de Salamanca.

Máster de Estudios Europeos, Universidad de Deusto, y DESS Gestion Financière Et Espace Européen, Universidad de Nancy 2 (Francia).

Actualmente, Técnico de Gestión en el Ayuntamiento de Alba de Tormes.



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vie

27

feb

2015

Educación para el desarrollo

Prof. Jorge Martín Domínguez
Prof. Jorge Martín Domínguez

En Europa nos hemos enfrentado a numerosos cambios en las últimas décadas. La construcción de un entorno común de convergencia entre países siempre se plantea como un trabajo duro, y más aún en situaciones económicas adversas como las que nos hemos encontrado en los últimos años y seguimos encontrando en la actualidad.

 

Uno de los frentes abiertos en las políticas europeas ha sido la construcción del Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). El plan Bolonia, las transiciones a los grados y el reconocimiento de titulaciones a un nivel europeo, entre otros, vaticinaban, en principio, una apertura de fronteras, oportunidades y movilidad entre los ciudadanos de los países implicados. Pero la realidad de ese EEES, aunque sí ha habido avances, sigue todavía en un largo proceso de maduración que, determinadas políticas condicionan fuertemente para generar, cuanto menos, confusión y desasosiego sin motivo aparente. Un claro ejemplo se plantea con el último Real Decreto 43/2015, que trata de implantar una fórmula de ordenación de los estudios universitarios en España, el famoso 3+2, sin ni siquiera pararse a evaluar la reciente implantación de los grados actuales. En toda esta distorsión del EEES, que lleva construyéndose casi dos décadas, la Comisión Europea plantea el año 2015 como el año del Desarrollo, un tema que tiene una posición global, que abarca lugares más allá de nuestras fronteras ombligos y pone la mira en países desfavorecidos y la posibilidad de darles medios, o al menos no entorpecer, para crecer e igualarse a los países que se denominan desarrollados. 

 

En este sentido, quizás pasando desapercibido dentro del ámbito educativo y convencido de que si preguntásemos por su significado muchas personas no sabrían definirlo (a diferencia de otros conceptos como prima de riesgo, preferentes, o PIB), la Educación para el Desarrollo pasa de puntillas entre informes PISA y otras pruebas estandarizadas. Considero su importancia incuestionable para la construcción de un entorno democrático, plural, participativo, solidario y humano como el que se busca en el marco europeo.

 

Así, en la Educación para el Desarrollo queda mucho por avanzar. No solo basta con que formemos en una vertiente analítica de la situación mundial o ni siquiera una visión crítica al respecto. Sino que también es necesario, a través de la Educación para el Desarrollo, facilitar herramientas que permitan cambiar y por supuesto formar parte de ese cambio, ya sea por una vía directa o indirecta. Es decir, la Educación para el Desarrollo debe educar personas críticas y activas que estén preparadas para responder ante las necesidades cambiantes de nuestro mundo, buscar un acercamiento entre los países Norte/Sur, y entender esa posibilidad no solo como algo a corto plazo, puntual o de modas, sino como una acción responsable y necesaria para la sostenibilidad mundial.

 

Las reuniones, conferencias, acuerdos, objetivos son necesarios. Pero más allá de los hechos puntuales hacen falta compromisos a medio y largo plazo, con cifras y acciones concretas. Si volvemos la vista atrás, ya en 1948 se firmó la Declaración de los Derecho Humanos, referente puesto en muchas bocas y que se incumple sistemáticamente, tanto en unos países como en otros, e igualmente vemos continuas convenciones que abordan el tema, plantean líneas de actuación, apoyos, políticas, medidas, teorías...  Sin embargo, la Educación para el Desarrollo debe ir más allá, debe estar dentro y fuera de esos actos puntuales, debe ser un continuo, debe formar ciudadanos comprometidos, solidarios y partícipes de las políticas más allá de sus fronteras, en conclusión debe ser un eje interdisciplinar en la formación humana. 

 

En Educación, y también en Educación para el Desarrollo, hace mucho tiempo que no basta con memorizar la teoría y poseer conocimiento, debemos reflexionar sobre él y mostrarnos críticos y abiertos ante los cambios y los modelos dinámicos que nos rodean, pero esto no tiene sentido sino desarrollamos personas de acción, comprometidas y con valores que lleven este mundo lleno de posibilidades a la búsqueda de la equidad de las personas independientemente de donde nazcan.

 

Confiemos en la materialización de estas propuestas, iniciativas, ideas… que desde el marco europeo en el que nos encontramos tan prometedoras parecen.


 

Jorge Martín Domínguez

Facultad de Educación

Universidad de Salamanca


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mar

27

ene

2015

Nuevo terrorismo islamista: ¿Déjà vu en Europa?

Asier Garrido Muñoz
Asier Garrido Muñoz

Los gravísimos atentados de París han puesto en pie de guardia a las democracias europeas. Las imágenes de terroristas armados por las calles de la capital francesa han conmocionado de tal manera a nuestras opiniones públicas que las reacciones de los gobiernos han sido inmediatas. Con razón, ha importado menos el carácter irrespetuoso de muchas de las viñetas publicadas por el seminario satírico francés Charlie Hebdo que el simbolismo del ataque terrorista contra uno de los pilares de la democracia, la libertad de expresión. La ciudadanía ha salido a las calles y los principales líderes políticos se han puesto a la cabeza de una insólita manifestación que el 9 de enero recorrió las calles de París. Un evento que, por cierto, contaba con la presencia de algunos mandatarios poco amantes de la libertad de expresión.

 

Las reacciones a nivel nacional y europeo no se han hecho esperar. Francia ha desplegado diez mil soldados para proteger espacios públicos y edificios particularmente sensibles y ha anunciado una serie de medidas para hacer frente al fenómeno de los combatientes terroristas extranjeros (foreign terrorist fighters). Entre ellas se perfila una que otros Estados europeos (Dinamarca, Alemania) están en camino de adoptar: la retirada de pasaportes a los sospechosos de viajar a lugares en conflicto para colaborar con el (mal llamado) Estado Islámico o Da’esh. Una medida ya aprobada en el Reino Unido, que cuenta con el beneplácito de la Comisión Europea y que en el caso alemán se extendería incluso al documento nacional de identidad. Por nuestra parte, en España se encuentra en fase preparatoria una ley integral sobre yihadismo que ampliará delitos y las penas a las conductas relacionadas con este fenómeno.

 

En el exterior, las tropas francesas siguen desplegadas en Mali como parte de la Opéracion Barkhane, cuyo objetivo es repeler la amenaza de Al-Qaeda en el país. En Iraq y Siria, fuerzas británicas, francesas, belgas y holandesas participan en las operaciones militares de la coalición militar liderada por los Estados Unidos, que desde agosto de año pasado tiene por objetivo frenar el avance del Da’esh. Paralelamente, varias misiones europeas civiles y de instrucción militar contribuyen a la formación de capacidades en varios países clave para la lucha contra el terrorismo, como Mali, Níger o Somalia.

 

¿Cambiará en algo la aproximación europea en la lucha contra este fenómeno? Recordemos que durante años la UE —y la mayoría de sus Estados, salvo los que dejaron de lado la Carta de las Naciones Unidas para invadir Iraq— había actuado como relativo contrapeso a la política antiterrorista estadounidense. Así, frente al músculo militar, la UE y sus miembros habían priorizado el trabajo policial; frente a los limbos jurídicos y el Derecho Internacional Humanitario hecho a medida, la UE había apelado a la legalidad internacional y a la protección de las garantías del proceso penal. Claro que esta reacción se vio empañada por la lamentable colaboración de varios Estados europeos en el programa de entregas extraordinarias y vuelos secretos de la CIA, respecto del cual casi las instituciones de la UE, con la loable excepción del Parlamento Europeo, han pasado de puntillas. Pero en general, se puede afirmar que Europa había mantenido mejor la compostura democrática.

 

Después de París, se anuncian tiempos de cambio. Al calor de los acontecimientos, algunos políticos populistas aprovechan el momento para relanzar sus salvas contra el Reglamento 562/2006, que recoge el Código de Fronteras de Schengen —como si los atentados de Francia se hubieran debido a la debilidad de su artículo 7, que regula las inspecciones fronterizas de personas—.  Todo parece apuntar a que habrá una reforma de dicho Reglamento. Además, el Parlamento Europeo está siendo objeto de fuertes presiones para acelerar la aprobación una Directiva sobre intercambio de datos de pasajeros (PNR), presiones procedentes no sólo desde los Estados miembros sino también desde la Comisión y la presidencia del Consejo Europeo. De nuevo, todo apunta a que finalmente habrá Directiva, pese a las reiteradas reticencias mostradas durante años por el Parlamento.

 

En realidad, no estamos haciendo frente a una situación desconocida. Vuelve a ocurrir lo mismo que tras el 11-S, el 11-M y el 7-J: el péndulo vuelve a oscilar sensiblemente hacia la seguridad en detrimento de la libertad. Europa se repliega un poco más sobre sí misma (¿algún líder europeo ha reaccionado con contundencia contra los cuatro mil nigerianos asesinados por Boko Haram durante la misma semana de enero de 2015?). Evidentemente, ciertas políticas particularmente sensibles al péndulo —como la inmigración y el asilo— se verán afectadas por la nueva tendencia.

 

Dicho esto, sí que hay un elemento novedoso que se añade a lo que ya conocemos, y que le da una nueva dimensión a la lucha contra el terrorismo. Me refiero a la combinación de terrorismo y conflicto armado. A este respecto, resulta sorprendente ver a un Primer Ministro francés recuperar la vieja retórica Bush para anunciar que su país se encuentra en «guerra contra el terrorismo». E incluso más allá de las palabras, la controvertida resolución 2178 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas llega a dirigirse por primera vez a los terroristas para exigirles que «depongan las armas, pongan fin a todos los actos terroristas y dejen de participar en los conflictos armados». A diferencia de Al-Qaeda, pues, al nuevo enemigo se le identifica de antemano como combatiente extranjero, rescatando con ello la terminología que hace años definió a los milicianos que combatieron durante la guerra civil española o a los protalibanes que lucharon contra la invasión soviética.

 

Los elementos principales de este nuevo escenario quedarán reflejados en la anunciada nueva Estrategia Europea contra el Terrorismo, que actualizará la vigente de 2005. A la hora de abordar el problema, ni la UE ni la comunidad internacional deben olvidar la experiencia de los últimos trece años de lucha contra el terrorismo islamista. Las democracias saben bien que hay límites infranqueables a la salvaguardia de la seguridad, y que la desaparición del terrorismo yihadista no es posible sin combatir el discurso radical con un trabajo mucho más activo que involucre a las comunidades locales y los líderes religiosos (como reconoce la citada resolución 2178 del Consejo de Seguridad). No incurramos en los mismos errores o lo volveremos a pagar caro.

 

 

Profesor Dr. Asier Garrido Muñoz

Área de Derecho Internacional Público y Relaciones Internacionales

Universidad de Salamanca

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sáb

27

dic

2014

#EYD2015

María José Merchán Puentes
María José Merchán Puentes

Se inicia hoy una serie de entradas que darán cobertura al Año Europeo del desarrollo que se celebrará durante todo el 2015. La primera de ellas trata de explicar en qué consiste y cuáles serán los principales eventos que tendrán lugar.



El año 2015 ha sido designado por la UE como el Año Europeo del Desarrollo (#EYD2015) con el lema: «Nuestro mundo, nuestra dignidad, nuestro futuro». Será la primera vez que se celebre un «Año de» con un tema tan global y relativo a un aspecto de la acción exterior de la propia UE. Las guías de acción para las actividades de este Año Europeo se basan en el Programa para el cambio y la Comunicación «Vida digna para todos» y su marco principal de referencia es una Decisión de Abril de 2014.

 

El 2015 será un año histórico para la cooperación al desarrollo, no en vano se cerrará, a nivel global, la estrategia Post-2015 y se fijarán los  ODS (Objetivos de Desarrollo sostenible), que sustituirán a los ODM (Objetivos de desarrollo del milenio).

 

El Año Europeo, según consta en el artículo dos de la Decisión mencionada, tendrá un triple objetivo: el primero, informar a los ciudadanos de la Unión  sobre la cooperación al desarrollo de la UE y los Estados miembros, destacando los resultados globales de su actuación conjunta; el segundo el de impulsar la participación directa, el pensamiento crítico y el interés activo de los ciudadanos y otras partes interesadas en la cooperación al desarrollo de la UE; y el tercero, sensibilizar a la opinión pública sobre los beneficios de la cooperación al desarrollo no solo para los destinatarios de la ayuda sino para la propia UE, tratando de impulsar entre los ciudadanos de Europa y las personas que viven en los países en desarrollo el sentido de la responsabilidad, la solidaridad y las oportunidades comunes en un mundo en evolución y cada vez más interdependiente.

 

No deja de sorprendernos positivamente, según reflejan datos del Eurobarómetro, cómo el 85% de los ciudadanos de la UE, pese a la complicada situación económica actual, se manifiestan a favor de ayudar a las poblaciones de los países socios, y cómo más de seis de cada diez europeos consideran que dichas ayudan deberían aumentarse. En ese mismo informe se puso también de manifiesto el alto grado de desconocimiento de la ciudadanía sobre la cooperación al desarrollo de la UE, de ahí que nos parezca muy acertada la oportunidad que este Año Europeo supone de mejorar también este aspecto.  Así como de hacer llegar a la opinión pública el importante rol de la UE en materia de cooperación al desarrollo, no en vano, según datos del CAD, la UE y sus Estados miembros son los principales donantes de AOD. En 2013 proporcionaron 56.500 millones de euros que supone un 52% del total de la ayuda mundial al desarrollo correspondiente a ese año. Esta cantidad representa el 0,43% de la renta nacional bruta (RNB) de la UE.

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mar

25

nov

2014

¿Es viable y positivo un futuro de Europa como una federación de Estados?

Equipo campeón del I Encuentro Universitario de Debate sobre el Futuro de la UE
Equipo campeón del I Encuentro Universitario de Debate sobre el Futuro de la UE

Si me hubieran preguntado hace dos meses qué pensaba sobre la posibilidad de que la Unión Europea pasara a ser configurada como una federación de estados, con total seguridad, no habría sabido qué responder o cómo plantearlo. Sin embargo Salamanca nos acogió a principios de noviembre rodeándonos con esta pregunta durante tres intensos días, y por ende, con una gran preparación previa. Fuimos cerca de cincuenta universitarios de distintas ciudades de España los que nos embarcamos en este debate tan actual y que seguro trae dolor de cabeza a más de uno dentro de las instituciones que existen hoy en día en Europa. 


Y no es de extrañar, ni mucho menos, puesto que conforme íbamos investigando y documentándonos, más razones y argumentos de peso encontrábamos tanto para apoyar la viabilidad y los aspectos positivos de este futuro federal, como para posicionarnos en contra del mismo. 


Para quienes a priori no sepan cómo se estructura un torneo de debate, tal y como establecía el reglamento del I Encuentro Universitario de Debate sobre el Futuro de la Unión Europea, se enfrentan dos equipos, ambos perfectamente cualificados tanto para defender como para refutar ambas posturas (a favor y en contra) y las mismas se sortean justo antes de empezar. Todo ello con el objetivo de ayudar a los universitarios a formar una opinión crítica más acertada, fundamentada y consecuente sobre la realidad de Europa y sobre su propio futuro, que nos concierte a todos y especialmente a los más jóvenes. Es por ello que el primer mensaje de todos es agradecer a la organización de este torneo de la cual solo tenemos buenas palabras y recuerdos ya que nos hicieron sentir como en casa aun estando a más de quinientos kilómetros de distancia.


Conforme iban transcurriendo los debates, nos percatábamos de que siempre había un curioso y cierto punto en común. Nadie dudaba de la existencia de una fuerte necesidad de cambio respecto al panorama actual. Cambio que debía y debe ser reclamado desde abajo, desde la sociedad, para reestructurar todo lo de arriba, las instituciones de la UE. Porque ya sabemos que no se puede comenzar a construir la casa por el tejado y que tampoco queremos una casa con unas bases frágiles e insostenibles que sufran problemas frente a las primeras ventiscas. También veíamos como era común que todos los equipos apoyaran el hecho de que, unidos somos mejores, más fuertes, con más presencia en el panorama internacional y con más capacidad de sobrellevar ciertos problemas que si cada Estado miembro se las intentara arreglar solo, (mensaje que seguramente el primer ministro James Cameron también tiene muy presente aunque amenace hoy en día con celebrar en 2017 un referéndum sobre la permanencia de Reino Unido a la UE). 


Ahora bien, a pesar de estas dos grandes concordancias, las mayores discrepancias residen en el cómo. ¿Cómo debe ser esa Unión? ¿Cómo debe estar orientado ese cambio tan necesario? ¿Cómo se siente la ciudadanía europea? Y, ¿cómo piensa cada Estado miembro respecto a este tema?


«Para que nada nos separe, que nada nos una» —Pablo Neruda
«Para que nada nos separe, que nada nos una» —Pablo Neruda
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jue

30

oct

2014

De nuestros barrios a la Unión Europea: un camino por construir

Álvaro Martín Hernández
Álvaro Martín Hernández

La Unión Europea es objeto de constantes y profusos análisis por parte de politólogos y juristas, pero los ciudadanos de a pie no siempre le prestan una atención acorde a la importancia de las cuestiones que se dirimen en sus instituciones. Este extremo exaspera a los estudiosos, quienes no terminan de explicarse cómo librar a la ciudadanía de esa supuesta desidia, tal vez ignorancia, que impide abrazar con ganas y decisión la observancia de las instituciones europeas. Sin embargo, desidia e ignorancia no es precisamente lo que uno encuentra cuando acude a los barrios de Salamanca. La gente lucha en su día a día por sacar adelante su vida y la de su familia, e incluso algunos encuentran tiempo para dedicarlo a la acción política y a la construcción de una sociedad más justa. ¿Qué ocurre entonces para que la Unión Europea no reciba más atención por parte de nuestros vecinos?

 

La identidad europea, el ingrediente inicial y necesario, está presente de forma natural en la ciudadanía española junto a otras identidades. Todos sabemos que España está en Europa y que compartimos una historia común con el resto de europeos. Siendo más prácticos, porque al final las identidades donde se refuerzan es en lo cotidiano, muchos hemos podido viajar gracias a las líneas aéreas de bajo coste a otras capitales europeas, algunos han disfrutado del programa ERASMUS y prácticamente todos tenemos familiares que tuvieron que emigrar a otro país europeo y que vuelven en los veranos a contarnos cómo está la situación por allí. Somos europeos, no por esencia sino por contacto, y esto es importante ya que sirve de sustento para una ciudadanía común europea. También somos, en términos supranacionales, iberoamericanos, pero en principio ambas identidades parece que se conjugan sin demasiados problemas.

 

Ahora bien, no conviene confundir Europa con Unión Europea. Las instituciones europeas tienen un fantástico caldo de cultivo en la identidad europea que acabo de señalar, pero al mismo tiempo necesitan realizar un gran esfuerzo para ganarse a los ciudadanos, para ganarse los barrios donde brotan cada día las problemáticas a las que ha de responder la política. ¿Por dónde empezar? Iniciativas como el centro Europe Direct que promueve este blog son muy útiles a la hora de generar un espacio de información, encuentro, debate e intercambio, tendiendo puentes entre la Unión Europea y los barrios y, fundamentalmente, fortaleciendo esa ciudadanía europea que no por su existencia debemos dejar de cuidar constantemente. Sin embargo, las instituciones europeas han de dar un paso más allá, tienen que prestarse a resolver los problemas de los ciudadanos expandiendo sus derechos, y tienen que hacerlo con cercanía y autonomía.

 

Cuando los actos de las instituciones de la Unión Europea expanden los derechos de los ciudadanos de los estados miembros están ganándose su lealtad, y cuando los restringen la erosionan. Qué duda cabe de que el espacio Schengen, al suprimir las fronteras interiores entre la práctica totalidad de los países de la Unión Europea, otorgó a los ciudadanos una libertad de movimiento de personas y mercancías de la que antes carecían y es reconocido, todavía hoy, como uno de los grandes logros alcanzados en Europa. Por el contrario, cuando se penalizan las ayudas estatales con fines sociales a empresas públicas en virtud de ese mercado común, o cuando no se utiliza la emisión de deuda del Banco Central Europeo como instrumento de política económica, entonces los ciudadanos sienten que han perdido derechos frente a los que les garantiza la Constitución Española. En este sentido, la legislación de las instituciones europeas debería de ser siempre expansiva de derechos.

 

Por otro lado, la cercanía a los barrios, a la vida cotidiana de los vecinos de Salamanca, es fundamental. Estar cerca de los barrios no significa, como algunos piensan, cambiar las bombillas de las farolas y asfaltar las calles. Los problemas e inquietudes de los vecinos, en tanto que ciudadanos, atañen a las administraciones locales, autonómicas y estatales, y no sería mala idea sumar a esa lista las administraciones europeas. ¿Por qué no hay una Oficina del Parlamento Europeo en cada capital de provincia, donde alguno de los 54 eurodiputados españoles informe y atienda las demandas de la sociedad civil, al menos, una vez al mes y de forma regular, con la presencia y el trabajo permanente de un funcionario europeo? Puede ser ésta una manera de acercar no ya Europa sino el núcleo de la política europea a las ciudades y los barrios de una forma perfectamente institucionalizada, en contacto directo con organizaciones que están lejos de Bruselas pero muy cerca de las personas.

 

Esa cercanía política de la Unión Europea a los ciudadanos habría de ir acompañada de una mayor autonomía administrativa en la negociación, elaboración y promoción de sus medidas. Europa proporciona fondos cuantiosos a España a través de diversos programas, pero la participación de los ciudadanos en la gestión de esos fondos depende de la voluntad política del gobierno español de turno, del nivel territorial que corresponda. La Unión Europea tiene entre sus oportunidades la de exigir e incluso arbitrar mecanismos participativos a nivel local, regional y estatal en la gestión de sus fondos. Así los vecinos y otras organizaciones sociales podrían, por ejemplo, controlar mejor en qué tipo de obras se invierten los fondos FEDER, agradeciendo a la Unión Europea la garantía de unos mecanismos participativos que, hoy por hoy, son desgraciadamente bien escasos en España. También, en relación con la autonomía administrativa, podría ser una buena idea que las solicitudes para determinados cursos dirigidos a desempleados financiados con fondos europeos, o incluso las becas ERASMUS, pudieran ser recogidas en una oficina europea, aunque luego pasaran a tramitarse en otros lugares. Esto fortalecería el interés en la Unión Europea por la sencilla razón de que los vecinos solemos percibir y apreciar de manera más contundente las instituciones con las que tratamos de forma directa en nuestros trámites diarios.

 

Para terminar, es cierto que el camino desde los barrios hasta la Unión Europea es muy largo, pero su construcción es vital para el futuro de ambos. Las organizaciones vecinales estamos dispuestas a contribuir a ello con ilusión y entrega, apostando por una Unión Europea que mejore las condiciones de vida de los ciudadanos en nuestros barrios.

 

 

Álvaro Martín Hernández

Vocal de la Junta Directiva de la Federación de Asociaciones de Vecinos, Consumidores y Usuarios de Salamanca y Provincia (FEVESA).

Doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid.

 
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mar

30

sep

2014

El «lobbying» en la UE. Una breve introducción

David Domínguez
David Domínguez

Generalmente, al hablar de lobbying y de lobbies, pensamos directamente en «aquellos malvados encorbatados» de películas hollywoodienses en las que presionan a congresistas o senadores a llevar a cabo tropelías en contra de la voluntad popular, con un mero objetivo económico. Ciertamente, cuando se refieren a grandes multinacionales, los lobbies no tienen otra meta que la maximización del beneficio, y el coste social no aparece en la cuenta de resultados. Pero, stricto sensu, al hablar de lobby hablamos de un grupo de interés, u otra forma de decirlo, un grupo de presión. Tres términos que significan lo mismo, a saber, un grupo coordinado y permanente de personas que pretende influenciar directamente sobre un agente político, a través de cauces que pueden o no ser formales y normativos, pero que en todo caso se implantan en el trabajo legislativo viniendo desde fuera del programa político de la institución sobre la que ejerce la presión. Esa característica de la externalidad es lo que los define como unos outsiders del sistema. Pero probablemente no haya más insiders que muchos de aquellos grupos de presión (como organizaciones religiosas, o asociaciones del sector de las farmacéuticas), que nacen por y para la influencia política directa.

 

Además, pese a lo que pudiera parecer, existe «percha» jurídica, y esos «malvados» pueden disfrazarse (o no) gracias a que el propio derecho originario europeo lo permite (artículo 11 del Tratado de la Unión -TUE). La propia Comisión está obligada a mantener consultas generales con todas las partes, asegurando que las acciones sean «coherentes y transparentes» (ibíd.), en sus relaciones con dichas «asociaciones representativas» (una vez más nos encontramos un eufemismo).

 

Sin embargo, sería injusto sentenciar el asunto diciendo que una compañía petrolera, una asociación religiosa, o una ONG en favor del desarrollo son lo mismo. Mi propuesta pretende simplificar nuestros esquemas mentales sobre los grupos de presión a dos tipos: aquellos que se ejercen por organizaciones que buscan fines económicos directos, y aquellas que no los buscan al menos de forma directa (para obtener beneficios económicos).

El quid de la cuestión es saber cómo están presentes en la esfera europea tanto unas como otras: para empezar, es falso pensar que solamente influyen en la Comisión Europea, en la fase de elaboración de normas (recordemos que la iniciativa legislativa es una de sus atribuciones en los tratados -artículo 17.2 del TUE). Sin embargo, la propia Comisión reconoce que es muy importante la experiencia y «legitimidad» que los grupos de presión ofrecen en la elaboración del programa político que pretende llevar a cabo [1]. En este sentido, se desenmascara la naturaleza de la bestia, y se reconoce abiertamente el trabajo para con la misma.

 

En cuanto al Parlamento Europeo, me ceñiré simplemente a la experiencia personal. Cada semana decenas de correos físicos y centenares de virtuales llegan a la bandeja de entrada de los parlamentarios y parlamentarias (así como de los y las asistentas, y del staff). Los correos (y/o e-mails), no lo son todo. Es más, la experiencia de los grupos de presión ha demostrado que son efectivos canales de comunicación que abren a múltiples formas de contacto: visitas (generalmente informales, de delegaciones internacionales), invitaciones a eventos (también «comilonas», que por supuesto no son generalizadas), comunicaciones informales, actos organizados con fondos propios de los lobbies, y hasta manifestaciones (estas de hecho suelen ser las más efectivas, en tanto que  no solo presionan sobre el aspecto meramente de formulación de las normas, sino que también influyen abiertamente en el debate político al forzar, mediante su mayor visibilidad mediática, a un posicionamiento del parlamentario/a sobre el asunto[2]).

 

El resto de instituciones y organismos de la UE «no se libran» de este ejercicio constante de presión. Desde los Comités de las Regiones y Económico Social, hasta los Representantes Permanentes, pasando por cualquier evento realizado en cualquiera de las sedes europeas (solamente en Bruselas hay 25.000 empleados y funcionarios, es decir, un «nicho» de mercado muy apetitoso).

 

Lo que cabe preguntarse, para finalizar (siendo esta la cuestión mayor) es si estas prácticas favorecen la legitimidad del sistema político-normativo de la Unión. Se puede alegar que sí, que la participación de la sociedad civil está presente, y que además cuenta con mecanismos de control público (como el registro público que tiene la Comisión Europea desde el año 2007[3]), por lo que al menos desde la transparencia y desde la legitimidad ex post se trabaja hacia a un mayor accountability. Sin embargo, otros muchos pensamos que no es así, o al menos no de este modo. En primer lugar, hay una clara desigualdad en el acceso (por cuestión de recursos económicos, técnicos, humanos, organizativos e incluso de capital cultural), teniendo predominancia los grupos de presión con más capital económico, más implantación en el sistema, y más lazos políticos e ideológicos con los policy-makers. Esto profundiza las críticas hacia el sistema, puesto que se ve como opaco, y claramente sesgado en favor de las compañías o asociaciones de empresarios[4]. Y en segundo lugar, porque esta dinámica puede vaciar de legitimidad democrática al escapar del terreno de los representantes (pensando aquí más en el Parlamento y el Consejo) elegidos en urnas, en pro de quienes pueden incidir y redactar leyes para que otros simplemente las firmen (por decirlo de forma simplificada; aunque de la rendición de cuentas también tenga responsabilidad directa el elector).

 

En mi opinión, y aunque no se puede cerrar la posibilidad de contacto con las organizaciones que quieren participar en los procesos (por ejemplo, apoyando políticamente a quienes presentan sus quejas ante el Comité de Peticiones del Parlamento Europeo [5]), se debe incidir en una legitimidad que pase más por una remodelación de las instituciones (mayor peso al Parlamento —incluyendo la iniciativa legislativa que actualmente no tiene mayor peso de los Comités —de las Regiones y Social y Económico— en tanto que cauces naturales institucionales de la presión), y en un trabajo de profundización de los marcos de sistema multinivel, pasando del principio de subsidiariedad (protocolo número 2 de los tratados), a otro de mutualidad[6]. Quizá la idea estribe, vista la complejidad de crear una identidad europea o un espacio público europeo, en profundizar la relación de lo más cercano (y conocido) a la ciudadanía, las instituciones locales ahora más que nunca en peligro, con lo más lejano y desconocido.

 

 
 
David Domínguez Nacimiento.
Licenciado en Ciencias Políticas y de la Administración, y Máster en Estudios de la Unión Europea por la Universidad de Salamanca. Especialista en Agenda 21 Local. Asistente Parlamentario Acreditado para el grupo de la Izquierda Unitaria Europea/Izquierda Nórdica Europea (GUE/NGL), legislatura 2014-2019.
 


NOTAS

 

[1]  Ver «The Commission and non-governmental organizations: building a stronger partnership». COM (2000) 0011 final.

 

[2]  COEN, David, y Jeremy RICHARDSON (de.) (2009): Lobbying the European Union: Institutions, actors, and issues. New York: Oxford University Press.

 

[6]  Ver Comité de las Regiones (2012), “Draft opinion of the Committee of the Regions. Building a european culture of multilevel governance: follow-up to the Committee of the Regions' White Paper”. CdR 273/2011 rev. 2 FR/TW/CB/nm.

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mié

27

ago

2014

Ucrania, Rusia y la Unión Europea (parte 2 de 2)

Enrique Sala Ledesma
Enrique Sala Ledesma

Con esta segunda entrada nos disponemos a completar la visión general de las relaciones UE-Ucrania, y para ello debemos añadir a esta compleja ecuación un elemento que resulta esencial para poder comprender las causas y las implicaciones de un conflicto que, como se está poniendo de manifiesto, parece haberse convertido en la prioridad absoluta de la política exterior europea. Nos referimos, como es evidente, a la cuestión rusa, cuyo papel en la «crisis de Ucrania» está siendo determinante no solo por su actitud beligerante sino también por su condición de socio estratégico tanto de la UE como de Ucrania, debido principalmente al poder que le otorgan sus inagotables recursos energéticos y la dependencia europea en este sentido. 

 

La caída de la URSS no solo trajo consigo una redefinición de la geopolítica mundial y de las fronteras europeas, para la nueva Federación Rusa también supuso el desafío de mantener su papel como Estado dominante en el ámbito postsoviético en un nuevo panorama internacional basado en una economía de mercado. Esta situación explica el hecho de que, en la última década del siglo XX, Rusia lanzara un proyecto de integración regional entre las antiguas repúblicas soviéticas conocido como Comunidad de Estados Independientes. Lo cierto es que este proyecto estaba basado más en una cuestión casi sentimental que en una planificación normativa adecuada, por lo que sus efectos fueron más que modestos. 

 

Paralelamente la UE lanzaba en 2004 la Política Europea de Vecindad. Bruselas invitó entonces a Moscú a participar en este proyecto con la esperanza de que Rusia también pudiera beneficiarse de la asistencia a las reformas políticas y democráticas. Sin embargo los dirigentes rusos, convencidos del papel de Rusia como cabeza dominante sobre el espacio postsoviético y sabedores también de su carácter de socio estratégico de la UE en materia energética, reclamaron un marco especial para las relaciones Rusia-UE. La exclusión de Rusia de la PEV explica por qué en la última década el diálogo político y las reformas democráticas en este Estado han brillado por su ausencia. 

 

Por otro lado, si en nuestra anterior entrada hacíamos referencia a la Asociación Oriental, conviene ahora añadir que la convergencia normativa a la que nos hemos referido (la adquisición por parte de Ucrania del 95% del acervo comunitario), ha supuesto que la UE haya comenzado a ejercer una influencia normativa sobre Ucrania (y por extensión sobre el espacio postsoviético) que Rusia, ahora así, ha percibido como una amenaza a su posición dominante en la zona. La respuesta rusa se ha traducido en el lanzamiento de su propio proyecto de integración económica, la Unión Aduanera Euroasiática (UAE). Este nuevo proyecto, a diferencia de la anterior Comunidad de Estados Independientes, parece tener una estructura legal e institucional que lo convierten en una organización destinada a perdurar en el tiempo. La presencia de una nueva organización internacional capaz de interactuar con la UE debería percibirse como un hecho positivo en favor de una multilateralidad eficaz y beneficiosa para ambas partes, sin embargo la actitud beligerante de Rusia y una cierta falta de previsión por parte de la UE (que podría haber previsto una reacción como esa), han convertido lo que debería ser una relación fluida en una negociación de suma cero por ver cuál de estos dos actores se hace con el control normativo sobre Ucrania. En la clase política rusa existe la idea de que ninguno de sus proyectos de integración regional tendrá éxito si no cuenta con Ucrania entre sus signatarios, y con esta mentalidad Rusia lanzó, durante 2013, una cruzada con la que intentó atraer a Kiev hacia su UAE y alejarla de la UE (rechazando el Acuerdo de Asociación a AA). Esta estrategia vino acompañada por una campaña con la que se pretendía denostar los efectos para Ucrania de un posible acuerdo de libre comercio con la UE (DCFTA), al mismo tiempo que presentaba unas previsiones excesivamente optimistas en caso de que Ucrania se integrara en la UAE. Baste decir que ninguna institución independiente ha avalado, de momento, los estudios realizados por Moscú… Pero lo más grave de la situación es que Rusia recurrió a otros métodos mucho más efectivos para alejar a Ucrania de la UE. Las presiones ejercidas sobre Kiev a través del precio del gas (que Moscú hizo subir en repetidas ocasiones), acabaron finalmente por obligar a Ucrania a rechazar el AA por miedo a mayores subidas.  Con las revueltas surgidas a raíz de Euromaidán, Rusia ha continuado jugando sucio mediante un apoyo (en ocasiones velado y en ocasiones claro y directo) a los grupos prorrusos del Este del país, propiciando una escalada de violencia cuyas consecuencias, lamentablemente, están siendo de sobra conocidas.     

 

Parece, por tanto, que la relación entre la UE y Ucrania no solo es un diálogo bilateral sino que también debe tener en cuenta la relación especial de Moscú y Kiev. La condición de Ucrania como vecindad compartida implica que cualquier conflicto de intereses entre Rusia y la UE suponga una grave amenaza para la soberanía del Estado Ucraniano. Si en la anterior entrada veíamos que para obtener el mejor resultado posible del AA la UE tendrá que plantear unos incentivos más directos y cortoplacistas, la idea que se desprende de esta segunda parte es que la implementación de este acuerdo también requerirá una relación transparente y fluida entre Rusia y la UE, una relación amistosa que requerirá un nuevo marco para el diálogo entre ambos actores.  El embargo impuesto por Rusia a los productos alimenticios europeos, que está afectando a numerosos Estados de la Unión y ha obligado a la Comisión a desembolsar una ingente cantidad de dinero en concepto de compensaciones a los agricultores, parece una acción sacada de la época de la Guerra Fría y no hace sino confirmar la necesidad de cooperación entre ambos actores, pues ya no solo se trata de un conflicto ideológico sino que ha pasado a convertirse en una cuestión comercial con implicaciones directas y tangibles para la ciudadanía. 

 

En este contexto, y teniendo en cuenta que el recién firmado AA (y su correspondiente DCFTA) impide en teoría el ingreso de Ucrania en la Unión Aduanera Euroasiática, debemos mencionar que esta UAE pasará a convertirse, en enero de 2015, en la Unión Euroasiática. Este cambio convertirá lo que hasta ahora había sido una simple organización de integración económica en una organización de integración política. Las palabras de la Canciller Merkel en la cadena de televisión alemana ARD el 24 de agosto parecen dejar la puerta abierta a que Ucrania participe en mayor o menor medida en este nuevo proyecto, lo que ayudaría a calmar la inquietud psicológica de la clase política rusa respecto a la necesidad de contar con Ucrania como parte de este nuevo proyecto (en el que ya participan Rusia, Bielorrusia y Kazajistán). La retórica de Merkel, además, pone de manifiesto que una decisión de este tipo dependería única y exclusivamente del Gobierno ucraniano.

 

Aunque estas palabras puedan verse como una luz al final del túnel que ayude a poner fin a la crisis de Ucrania (y de hecho deben ser acogidas positivamente), aún no está del todo claro si la Canciller las ha pronunciado en tono europeo o si más bien se trata de una decisión puramente alemana, pues la interdependencia comercial de este Estado con la Rusia de Putin es de sobra conocida. En este último caso podría pensarse que Berlín ha decidido recuperar la normalidad en sus relaciones comerciales con Rusia a espaldas de la política exterior de Bruselas. Algunos funcionarios europeos ya han mostrado su malestar respecto a una posible integración o colaboración de Ucrania con la Unión Euroasiática, afirmando que supondría «la muerte de la Asociación Oriental y una catástrofe para la política exterior europea». Sin embargo esta afirmación parece un tanto tremendista si se tiene en cuenta que, como ya ha dicho Merkel, resulta imposible saber qué tipo de relación podrá establecerse entre Ucrania y la Unión Euroasiática puesto que se trata de un proyecto que aún no existe. 

 

En medio de esta maraña de declaraciones veladas y dobles sentidos, si hay algo que parece innegable es el hecho de que este nuevo proyecto de integración regional auspiciado por Rusia parece haber llegado para quedarse, y por tanto la UE (una vez confirmada la voluntad europea de Kiev), debe encontrar el modo de convivir con esta nueva organización en el patio de Ucrania. Si tenemos en cuenta que lo que supondría el DCFTA en última instancia sería una interacción Ucrania-UE similar a la que tienen los estados del Espacio Económico Europeo, no resulta descabellado pensar que Kiev podría participar en mayor o menor medida y de forma voluntaria en la Unión Euroasiática, evitando así más conflictos de intereses y ayudando a crear un espacio de cooperación que abarcaría (aunque pueda parecer excesivamente grandilocuente) desde Lisboa a Vladivostok. En caso de hacerse realidad esta idea resultaría cuanto menos absurdo hablar de un fracaso de la política exterior europea.     

 

 

Enrique Sala Ledesma

Licenciado en Filología Inglesa

Máster en Estudios de la Unión Europea

 
 
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mar

29

jul

2014

Ucrania, Rusia y la Unión Europea (parte 1 de 2)

Enrique Sala Ledesma
Enrique Sala Ledesma

Durante los últimos meses el panorama geopolítico internacional ha estado dominado por los terribles acontecimientos ocurridos en Ucrania. La revuelta de Euromaidán,  desencadenada a raíz del rechazo del Gobierno del depuesto Presidente Víktor Yanukóvich al Acuerdo de Asociación que se había negociado con la UE, ha traído consigo el desmoronamiento de la estabilidad política en la zona y ha propiciado una crisis en las relaciones UE-Rusia desconocida desde los tiempos de la Guerra Fría. Cuando en estos mismos instantes el Consejo de la UE debate sobre la posibilidad de imponer sanciones de tercer nivel sobre la Federación Rusa, parece lógico que desde este blog dediquemos unas líneas a repasar los diferentes enfoques con los que la UE ha planteado sus relaciones con el espacio postsoviético, así como a presentar someramente el contenido del susodicho Acuerdo de Asociación. Todo aquel que esté interesado en el papel de la UE como actor internacional encontrará en este breve análisis una visión global de la Política Europea de Vecindad (PEV) y de su última vuelta de tuerca, la Asociación Oriental, instrumentos esenciales para la política exterior de la UE pero que, como han puesto de manifiesto los terribles acontecimientos ocurridos en Ucrania, parecen haberse adentrado, sin invitación, en el patio trasero de la Rusia de Putin.  Con este artículo nos disponemos a comenzar una serie de dos entradas en las que revisaremos, por un lado la relación que la UE ha mantenido con Ucrania durante los últimos años, y por otro las implicaciones y consecuencias que esta relación ha tenido para el diálogo entre Rusia y la UE.  

 

La gran ampliación de 2004 creó una nueva frontera europea que provocó que las relaciones con los Estados del ámbito postsoviético (Ucrania, Moldavia y Bielorrusia, por un lado, y Georgia, Armenia y Azerbaiyán por otro) pasaran a convertirse, al menos desde la retórica «oficial», en una prioridad para la política exterior europea, cuyo objetivo principal, según el artículo 8 del Tratado de la Unión Europea, pasó a ser «establecer un espacio de prosperidad y buena vecindad».  Sin embargo la relación con algunos de estos Estados había comenzado ya en la última década del siglo XX con los Acuerdos de Asociación y Colaboración, como un intento inicial de establecer un diálogo político que propiciara las reformas políticas y administrativas necesarias para que Ucrania se convirtiera en una democracia occidental, proporcionando al mismo tiempo asistencia económica para su  transición a una economía de mercado. Esta asistencia se producía principalmente a través del programa TACIS. 

 

Pocos años después el desarrollo de la Política Europea de Seguridad, por un lado, y el interés de los nuevos Estados de la ampliación 2004 por otro, propiciaron un nuevo enfoque en estas relaciones. La Política Europea de Vecindad pretendía establecer una relación más pragmática y bilateral no solo con Europa Oriental, sino también con los Estados de la ribera sur del Mediterráneo. El principal resultado de este proyecto han sido los Planes de Acción, documentos específicos para cada Estado en los que se establecen ámbitos de actuación prioritarios según su situación particular. Por otro lado, el compromiso presupuestario para  la asistencia a las reformas también se ha visto reforzado a través del Instrumento Europeo de Vecindad y Asociación. 

 

En el caso particular de Ucrania, una década después del lanzamiento de esta política, sus efectos pueden considerarse positivos en el plano comercial y negativos (o mejor dicho ineficientes) en el plano de las reformas políticas, administrativas y democráticas. En cuanto a la primera cuestión, el acceso de Ucrania a la OMC y el incremento constante del flujo comercial con la UE (que cubre el 34% del volumen total del comercio en Ucrania) son una muestra de ello. Respecto a la segunda cuestión, y teniendo en cuenta que Ucrania es un país lastrado por una fuerte herencia soviética en cuanto a su clase política y administrativa, parece que la timidez de los resultados de la PEV no solo propició que se desaprovechara el potencial democrático de la Revolución Naranja de 2004, sino que además permitió la deriva antidemocrática sufrida en este Estado bajo la Presidencia de Yanukóvich (cuyos problemas con la justicia selectiva y la libertad de prensa han sido de sobra conocidos). Esta falta de resultados puede explicarse por una cuestión que resulta inherente a la propia PEV. Este proyecto ha intentado reproducir la condicionalidad política a la que ya se recurrió para la ampliación de 2004, pero ha eliminado la perspectiva de una adhesión completa a la UE. Dicho de otro modo, los Estados que accedieron a la UE en 2004 debieron afrontar unas costosas reformas políticas pero contaron con la recompensa de la integración económica, política e institucional en la UE. Los Estados destinatarios de la PEV, por el contrario, deben enfrentarse a unas reformas igual de costosas pero sin una recompensa similar al final del camino.

 

En 2009, la timidez de los resultados de la PEV en lo relativo a la reforma política y sobre todo la Guerra de Osetia del Sur en Georgia, provocaron un replanteamiento de las relaciones UE-Europa Oriental/Cáucaso Sur a través de la Asociación Oriental (AO). Este nuevo proyecto plantea una dimensión específica para estos Estados y ha nacido con dos prioridades esenciales. Por un lado pretende establecer una nueva relación bilateral mediante la negociación de una nueva generación de Acuerdos de Asociación (AA), en los que se contempla también el establecimiento de zonas de libre comercio con la UE (DCFTA), y por otro ha introducido una vertiente multilateral que busca la integración y cooperación regional entre los signatarios (Bielorrusia, Moldavia, Ucrania, Georgia, Armenia y Azerbaiyán). Además, como valor añadido, esta cooperación regional no solo se abre a las altas esferas políticas, sino también a la participación ciudadana mediante el Foro de la Sociedad Civil (FSC). 

 

Los efectos de la AO sobre Ucrania deben analizarse, una vez más, en dos planos distintos. Respecto a la vertiente multilateral, aunque la puesta en marcha de la estructura institucional y la asistencia financiera previstas en el marco de este proyecto se han hecho efectivas, parece que el trabajo de las plataformas multilaterales (el principal marco de cooperación de esta vertiente) no está siendo tenido en cuenta por los Gobiernos de los Estados signatarios. Además, en lo relativo al FSC, baste decir que sus efectos deberán enmarcarse en el medio plazo, pues la sociedad civil de muchos de los signatarios aún no se ha desarrollado completamente y los participantes en este foro (principalmente ONG) se enfrentan a tremendas dificultades de financiación.

 

El segundo plano para la evaluación del efecto de la AO sobre Ucrania es la vertiente bilateral y su correspondiente AA (rechazado por Yanukóvich en diciembre de 2013 y firmado por el nuevo Gobierno de Yatsenyuk recientemente). Esta nueva generación de acuerdos, pues también se han firmado con Moldavia y Georgia, tiene la novedad de tratarse de textos vinculantes (cosa que no ocurría con los Planes de Acción de la PEV) y plantea una relación multisectorial en la que se contemplan numerosos ámbitos de reforma cuya finalidad última es acercar la administración pública y la estructura institucional de los signatarios a los estándares de la UE. Dada la herencia soviética que soporta Ucrania en estos ámbitos, parece claro que la implementación de este acuerdo resultará difícilmente asimilable por parte de la administración Ucraniana, y más aun teniendo en cuenta que al igual que la PEV, la AO también excluye la perspectiva de adhesión que sí se garantizó a los Estados que accedieron a la UE en 2004 y 2007. La diferencia con la PEV radica en que la AO, a través de los acuerdos de libre comercio cuya negociación se contempla en los Acuerdos de Asociación, prevé una integración de facto en el Mercado Interior. Con esta perspectiva, se espera que Ucrania, Moldavia y Georgia cuenten con el acicate necesario para afrontar los costes de las reformas que se les plantean. 

 

El AA y su correspondiente DCFTA proponen, por tanto, no solo una convergencia con el marco europeo en materia de estructuras administrativas y democráticas, sino también la adquisición por parte de los signatarios de gran parte de la normativa requerida para poder integrarse en el Mercado Interior, desde la supresión de barreras arancelarias a la importación hasta la eliminación de barreras técnicas, algo que solo podrá conseguirse si Ucrania adopta la legislación de la UE en estas materias (de hecho la implementación del acuerdo de libre comercio requeriría la adopción por parte de Ucrania del 95% del acervo comunitario). Lo que se está ofreciendo a Ucrania, por tanto, no es una adhesión a la UE sino la participación en un mercado europeo que cuenta con más de 500 millones de consumidores, lo que ha sido definido desde la UE como una integración en «todo menos las instituciones», y que está llamado, en caso de su implementación completa, a plantear un marco para las relaciones entre Ucrania y la UE similar al que tienen los Estados del Espacio Económico Europeo.

 

Parece que la UE, mediante esta propuesta tan atrevida, pretende dar un paso decidido en favor de un continente europeo unido, quizá no bajo unas instituciones comunes, pero sí por unos valores compartidos y un sistema comercial y administrativo que permita una relación beneficiosa entre todos sus Estados. La cuestión, sin embargo, es más compleja de lo que pueda parecer, pues por un lado debe tenerse en cuenta que el esfuerzo que se requerirá por parte de la nueva Ucrania para la implementación de estos acuerdos será enorme, y deberá ser recompensado por la UE con beneficios a corto plazo (pues esta integración de facto en el Mercado Interior no se producirá de la noche a la mañana), quizá a través de la apertura de sectores concretos del Mercado Interior conforme Ucrania vaya adoptando el acervo en determinadas materias. 

 

Por otro lado, y como ya hemos dicho al principio de este artículo, para llevar a buen término esta nueva relación bilateral Ucrania-UE, también deberá tenerse en cuenta la relación especial de Rusia con Kiev, pues Ucrania puede considerarse la cabeza visible del ámbito postsoviético. Además, para complicar aún más este puzle geopolítico, la UE tampoco podrá perder de vista la relación especial que mantiene su mayor socio comercial en materia energética. En nuestra siguiente entrada, por tanto, echaremos un vistazo a esta relación tan particular con el fin de arrojar más luz sobre una situación tan compleja y con tantas implicaciones para la UE y su política exterior.   

 

 

Enrique Sala Ledesma

Licenciado en Filología Inglesa

Máster en Estudios de la Unión Europea

 
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mar

24

jun

2014

Las elecciones que nadie se esperaba… ¿o sí?

Jorge Osma
Jorge Osma

 

El pasado mes de mayo se celebraron en los 28 Estados miembros las octavas elecciones al Parlamento Europeo, entre los días 22 y 25 (dependiendo de la tradición electoral en cada Estado).

 

Los factores que iban a hacer de estas elecciones las más importantes hasta el momento eran muchos: la mayoría de grupos parlamentarios proponía a su candidato o candidata (incluso a sus candidatos, como Los Verdes) para presidir la Comisión Europea, eran las primeras tras la entrada en vigor del Tratado de Lisboa con el cual el Parlamento tenía más poder que nunca y se encontraba en igualdad de condiciones frente al Consejo, y la crisis económica había puesto de relieve que, para bien o para mal, la solución pasaba por Europa.

 

En un intento por pronosticar los resultados, sociólogos y politólogos establecieron tres premisas:

 

Primera: La tradicional estructura de voto cristianodemócratas vs. socialdemócratas no estaría tan clara en determinados casos

 

Segunda: La derecha radical europea, cuyo principal nexo de unión entre los diferentes países es el euroescepticismo, iba a experimentar un claro avance

 

Tercera: La participación iba a registrar mínimos históricos

Y efectivamente así fue, a las 23:00 del domingo 25, hora española, los resultados oficiales saltaron de golpe a las pantallas de televisores, tablets y smartphones. Pero no eran, sin embargo, los resultados pronosticados, o con ciertos matices al menos…

 

La crisis del bipartidismo

Tanto el Partido Popular Europeo como los Socialistas y Demócratas sufrieron un claro varapalo en los resultados, siendo más notable en el caso del primero. En la mayor parte de los casos, el voto tuvo una clara visión nacional, castigando a los gobiernos que llevaban la mayor parte de la crisis en el poder (como por ejemplo en Portugal, que con gobierno conservador otorgó la mayoría a los socialdemócratas) y premiando a aquellos que llevaban poco tiempo como un voto de confianza al mismo (como el caso de Italia a su Primer Ministro socialdemócrata, Matteo Renzi).

 

El no tan alarmante ascenso de la derecha radical

Si ésta hubiese sido la nota predominante en la mayor parte de los casos, no encontraríamos apenas diferencias respecto de los comicios de 2009, por ejemplo. En 2014, por primera vez, se han dado casos en los que ninguno de los dos grandes partidos ha alcanzado la mayoría. Y, en prácticamente todos ellos, han sido partidos de derecha radical. Los más sonados han sido los casos de Francia y el Frente Nacional de Marine Le Pen y el de Reino Unido y el UKIP de Nigel Farage, aunque no los únicos. Si bien con resultados más discretos, el Partido Popular Danés —de extrema derecha y sin conexión con el PPE— ha sido también el más votado en Dinamarca, y en Hungría Jobbik, de corte filofascista, ha sido el segundo más votado por encima de los socialdemócratas del MSZP.

 

Este ascenso de la derecha radical se explica a través de dos vías: la primera, la abstención estructural que padecen diacrónicamente las elecciones al Parlamento Europeo desde 1979, que afecta normalmente a los partidos tradicionales; la segunda, por un recrudecimiento de la crisis económica, de la cual estos partidos culpan directamente a la Unión Europea.

 

Con todo, ¿de verdad han sido tan alarmantes los resultados en favor de la derecha radical? Lo cierto es que no. Las estimaciones de las semanas previas a las elecciones llegaron a augurar un tercio de los asientos del Parlamento a la derecha radical. Sin embargo, el total ha sido de 125 de los 751 escaños, de los cuales casi la mitad (47) han sido aportados por el FN y el UKIP, y de hecho únicamente han sido estos partidos los que han aumentado su número de escaños respecto a 2009, ya que el resto ha mantenido el número de escaños o han perdido, como es el caso del PVV, que ha pasado de 5 a 4 o de la Lega Nord, de 9 a 5. A esto hay que añadir que este voto euroescéptico, en la mayor parte de los casos, no tiene reflejo en las elecciones nacionales.

 

Pero el talón de Aquiles definitivo de la derecha radical europea ha sido la no culminación del proyecto de un nuevo grupo parlamentario propio como ya existiera a principios de los noventa encabezado por Jean-Marie Le Pen. El reglamento del Parlamento exige un número mínimo de diputados (25) repartidos, al menos, por 7 Estados miembros. Los partidos que entraban en el acuerdo de Le Pen y Wilders, del que no formaba parte el UKIP, sumaban 38, pero únicamente repartidos por cinco Estados.

 

Mientras el proyecto permanece en los cajones, muchos como Verdaderos Finlandeses o el Partido Popular Danés han optado por unirse a los Tories británicos en su grupo de los Conservadores y Reformistas Europeos (ECR), convirtiéndose en el tercer grupo de la cámara por delante de los liberales de ALDE.

 

Y, como siempre, el caso de España, junto con el de Grecia, ha sido diferente. En España una nueva formación de izquierda «radical», Podemos, liderada por el profesor universitario de Ciencia Política, Pablo Iglesias, ha estado a punto de convertirse en la tercera fuerza política con tan solo cinco meses de vida. En Grecia, por su parte, la Coalición de la Izquierda Radical (SYRIZA), cuyo líder, Alexis Tsipras, era el candidato de la Izquierda Unitaria a presidir la Comisión, ha ganado las elecciones en un sistema profundamente bipartidista como es el griego. Así, los países del Sur europeo, donde la gravedad de la crisis podría haber resultado como el caldo de cultivo perfecto para la derecha radical (como fue en su día para Amanecer Dorado en Grecia), se ha dado el fenómeno contrario: el auge de la izquierda «radical».

 

La no tan baja participación

2014 podría pasar a la Historia como el año en que se registrara, o bien la participación más baja en elecciones al Parlamento Europeo desde 1979, o bien la más alta. Ni una cosa ni la otra:

 

Los partidarios de la histórica abstención eran mayoría, y las tenían todas consigo si tenemos en cuenta la línea descendente de participación en estas elecciones, que va desde el 63% en 1979 al 43,07% de 2009. Pero por sorprendente que parezca, en 2014 la participación, aunque de manera simbólica, subió en un 0,2% hasta alcanzar el 43,09%, no cayendo en países como Reino Unido que se mantuvo en el 34%

 

Reflexiones finales

Como conclusión cabe señalar que las de 2014 no han sido unas elecciones más, pero tampoco han supuesto el cambio radical que la Unión Europea necesitaba. El grupo parlamentario mayoritario seguirá siendo el mismo que desde 1999, el PPE, y a pesar de los grandes esfuerzos de todos los grupos por presentar un candidato visible para los ciudadanos y ciudadanas, parece que el Consejo Europeo, en su afán de control intergubernamental de la Unión, podría no respetar este gran pacto y proponer a alguien que no sea el legítimo Presidente, Jean-Claude Juncker. Pero con lo que Ángela Merkel, David Cameron o François Hollande no parecen contar es con que la propuesta es suya, sí, pero la decisión final es del Parlamento, de los ciudadanos y ciudadanas europeos, y éstos han dicho, a través de los diferentes grupos, con toda rotundidad, y en un admirable gesto de responsabilidad en el que han dejado de lado las ideologías, que su voto irá para el Presidente que las urnas han designado.

 

 

Jorge Osma Calvo

Licenciado en Ciencias Políticas
por la Universidad Complutense de Madrid

Estudiante del Máster en Estudios de la Unión Europea
por la Universidad de Salamanca

 

 

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sáb

31

may

2014

¿Vienen de Bruselas todas nuestras leyes?

Daniel González Herrera, becario «Europe Direct» en Salamanca
Daniel González Herrera, becario «Europe Direct» en Salamanca

 

Seguro que usted también lo ha oído, estimado lector. Es un meme que se repite machaconamente, incluso por europarlamentarios o por expertos en Derecho de la Unión Europea. A veces varía un poco la cifra —el rango oscila entre el 70% y el 85%— pero la idea es la misma: en Bruselas se produce la mayor parte de las normas que, de un modo u otro, acaban en los Estados miembros. Se retrata a la Unión como un «mastodonte legislativo». Ahora que está por formarse el nuevo Parlamento Europeo tras las elecciones de mayo de 2014 conviene preguntarse ¿qué hay de cierto en ello?


POR QUÉ LA UE NO HACE LA MAYORÍA DE NUESTRAS NORMAS

Para entender por qué esas cifras tan repetidas están absolutamente infladas ha de tenerse en cuenta, como en casi todo, la naturaleza de las cosas.

La Unión Europea es, en su naturaleza, una organización internacional. Es cierto que es una organización internacional muy particular, podríamos decir que casi única en su especie, pero eso es lo que sigue siendo, al fin y al cabo. Y esa cuestión es tremendamente significativa en el tema que estamos tratando. Porque mientras los Estados poseen virtualmente poder en todas las materias, las organizaciones internacionales carecen de poderes innatos. Es decir, mientras que la ley nacional, en palabras de un famoso aforismo inglés, «todo lo puede, salvo convertir a un hombre en mujer», una organización internacional únicamente puede hacer aquello que sus fundadores, los Estados, le permiten hacer. En el caso de la Unión Europea esto se traduce en el llamado principio de atribución de competencias, en virtud del cual la Unión solo puede producir normas en aquellas materias que sus Estados miembros le hayan cedido en los Tratados. Esas competencias, además, son de muy diversa naturaleza. Las competencias exclusivas son aquellas en las que solo la Unión puede legislar válidamente, en las compartidas los Estados pueden intervenir en todo aquello que la Unión no haya legislado, mientras que en las de apoyo, ambos —Estados y Unión— pueden producir normas. 

Sin embargo, en conjunto las competencias cedidas a la Unión Europea son muy escasas, y las exclusivas son las más escasas de todas —el Tratado de Funcionamiento enumera únicamente cinco competencias exclusivas—, mientras que «toda competencia no atribuida a la Unión en los Tratados corresponde a los Estados miembros».

Otro detalle importante es que, al aprobar normas, la Unión Europea ha de respetar los llamados «principios de subsidiariedad y proporcionalidad». Surgidos del federalismo alemán y austriaco, ambos principios suponen que en las competencias no exclusivas la Unión Europea solo debe legislar en la medida en que su acción sea necesaria, y solo hasta donde sea necesaria. En otras palabras, la Unión tiene prohibido actuar si la acción a nivel de los Estados es suficiente para alcanzar los objetivos buscados. En la elaboración de toda norma la Comisión ha de justificar adecuadamente que ambos principios han sido respetados.

En resumen, la misma naturaleza de la Unión Europea ya nos indica que es imposible que la gran mayoría de las normas que aquí se aplican vengan de Bruselas.


EL PORCENTAJE REAL

Así pues, si no es el 75%, ¿cuál es el porcentaje real? La respuesta corta es: nadie lo sabe. Sin embargo, no nos gusta quedarnos con la respuesta corta, así que vamos a intentar profundizar un poco más.

En primer lugar, ha de tenerse en cuenta que es extraordinariamente difícil realizar un cálculo certero sobre el impacto de las normas europeas en la legislación nacional. Esto se debe a una pluralidad de factores. Para empezar, las competencias de la Unión son muy distintas, y unas dejan una huella mucho mayor que otras: un mero análisis numérico no refleja toda la verdad. Por otro lado, también la naturaleza de las normas es significativa. Mientras que los Reglamentos son directamente aplicables en cada Estado miembro, las Directivas deben ser transpuestas mediante normas nacionales. No obstante, esa no es toda la historia. Para la incorporación de algunas Directivas podría bastar una simple norma administrativa, mientras que otras requieren que se aprueben o modifiquen centenares de leyes del Parlamento. Por su parte, aunque los Reglamentos sean en principio aplicables en todos los Estados miembros, en la práctica eso depende mucho del Reglamento y del Estado miembro en cuestión (es muy improbable que el Reglamento 1198/2006, relativo al Fondo Europeo de Pesca, vaya a aplicarse a menudo en Chequia, que no tiene salida al mar).

En cualquier caso, hay quienes, a pesar de las dificultades, se han liado la manta a la cabeza y se han puesto a hacer cuentas. Así, en 2010 la Biblioteca de la Cámara de los Comunes del Reino Unido realizó un profundo estudio sobre esta cuestión. Su —no tan— sorprendente conclusión: solo un 15% de las leyes británicas se originan en la Unión Europea. El estudio cita asimismo otros realizados en distintos Estados miembros. Algunos de los resultados son más o menos así:

Alemania: 38,6%
Austria: 42,5%
Dinamarca: 14,2%
Francia: 38%

Las diferencias que se aprecian entre países como Dinamarca o Reino Unido y Alemania o Francia son poco sorprendentes y es otro factor a tener en cuenta. Los primeros, tradicionalmente euroescépticos, han negociado numerosas cláusulas opt-out, por lo que muchas de las políticas de la Unión Europea no son de aplicación a daneses o británicos.

Hasta donde yo sé, no se ha realizado un estudio semejante en España, por lo que no podemos dar una cifra definitiva. La verdad probablemente esté en algún lugar en medio de esas cantidades (entre el 20% y el 50%). Una cosa es segura: hablar del 75% o del 80% es pura fantasía. Así que, ¿de dónde salió esa cifra mágica?

Cartel electoral del UKIP, que afirma que el 75% de las leyes británicas vienen de Europa.
Cartel electoral del UKIP, que afirma que el 75% de las leyes británicas vienen de Europa.
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mar

29

abr

2014

La austeridad, un debate europeo fallido

Ignacio Paredero Huerta
Ignacio Paredero Huerta

 

 

Estamos ya a menos de un mes de las elecciones europeas y pese a los debates, pese a lo ajustado de la competición electoral, pese a los candidatos a presidir la comisión, en la opinión publica española no parece haber tensión, debate electoral intenso europeo. Más allá de los debates forzados como el de la «candidatura» del cuestionado ministro Arias Cañete, candidato como los 53 restantes compañeros de su lista al Parlamento Europeo, no parece haber un debate real sobre qué nos jugamos en Europa. 

 

Sabido es, desde la Ciencia Política, que las europeas suelen ser elecciones de segunda categoría. Los ciudadanos no tienen claro qué y qué no se decide en Europa y los debates nacionales se tragan estas elecciones. Continua la percepción, profundamente equivocada, de que la política se hace en el Estado-nación, que lo de Europa es algo poco relevante, poco importante y que las europeas sirven, sobre todo, como unas elecciones «gratuitas» para castigar o premiar al gobierno o la oposición. En el fondo, late el desconocimiento, la complejidad y sobre todo, la inexistencia de un debate público de calidad e interesante, polarizador, sobre las opciones presentes en Europa. 

 

Curiosamente, en estas elecciones el germen de ese debate está presente. Hay un elemento, unas alternativas de políticas públicas que dividen a los electorados en la UE y este elemento son las políticas de austeridad, la preferencia por reducir el déficit como prioridad con el objetivo de seducir al «hada de la confianza» (como diría Krugman), el apoyo a los recortes y la ortodoxia monetaria ejemplificada en el Banco Central Europeo (BCE) por los halcones germanos. La otra opción sería la apuesta por la inversión pública, políticas de estímulo, unidas a mecanismos de transferencias de recursos entre estados, para activar las economías de los estados que están en peor situación. 

 

Este debate «austeridad vs. Estímulo», o simplificando más todavía, cambio frente a continuismo, tiene tal peso en la esfera de la opinión pública de las élites europeas y académicas que parecería que todo debiese girar a su alrededor, de una manera sencilla: derecha vs. izquierda, austeridad vs. estímulo. Sencillo y claro. Comunicable incluso: continuar apretándose el cinturón para salir de la crisis vs. invertir para salir de la crisis. Pero en la práctica, esto no es así. Hay varios motivos por los que este debate no estructura con nitidez el debate en las europeas y hay que notarlo. 

 

Para empezar, el primer problema es que la identificación «izquierda/estímulo» o, más bien, «izquierda opuesta a la austeridad» no es todo lo nítida que debería. Pese a los mensajes de Martin Schulz, la socialdemocracia no es homogénea en los diferentes Estados y, peor todavía, recientemente en Francia han decidido asumir en parte la austeridad como una necesidad. En Reino Unido el discurso no es tampoco frontalmente contrario a la austeridad e incluso en España, la crítica a la austeridad se lanza con matices: Se apuesta por la «austeridad inteligente», se proponen alternativas pero no se critica con toda claridad la austeridad… En el fondo late un mensaje implícito muy peligroso y es el de que la austeridad es una decisión ya tomada (por Alemania) y que se pueden matizar dichas políticas, pero no se pueden denunciar con toda claridad. Al final la falta de diferenciación, de claridad, apaga este debate.

 

En segundo lugar, este debate no ha conseguido pasar de la esfera académica y de las élites económicas a la ciudadanía. La traducción a elementos identitarios movilizadores, la creación de un marco que de comprensión y cobertura y, más importante, la necesidad de movilizarse, no se ha desarrollado en todos los países de la UE con claridad y, en algunos, el planteamiento ha sido justo el contrario pues…

 

En tercer lugar, este debate, desafortunadamente, no es una divisoria de la misma intensidad y dirección en todos los países de Europa. La existencia de divisiones entre los países de la UE (no dentro de) respecto a las políticas de austeridad es clara. Las opiniones públicas están muy polarizadas y, como muestran los datos de Eurostat, el crecimiento del euroescepticismo entre los países del «Sur» indican un rechazo a las políticas de austeridad (los recortes) pero, al contrario, las opiniones públicas de los países del «Norte» no han sufrido, en plena crisis, este desgaste. Como recoge Ignacio Sánchez Cuenca en su libro La impotencia democrática, la austeridad se percibe como legítima entre los países del norte y como una imposición injusta en el sur. Este debate, por tanto, no sería un debate europeo sino un debate casi entre naciones.

 

En cuarto lugar, uno de los problemas centrales para la existencia de debate que polaricen la opinión pública de cara a unas elecciones es, básicamente, que en Europa apenas existe una opinión pública europea. En efecto, existen algunos medios internacionales que estructuran el discurso entre las élites, medios en su mayoría anglosajones o económicos, pero no existen medios europeos que hablen de Europa casi en exclusiva y se centren en la política europea. Y no existen, principalmente, porque en Europa conviven multitud de lenguas. La barrera idiomática es central para entender por qué las elecciones europeas acaban convirtiéndose en una colección de elecciones nacionales. Como me dijo una vez alguien, «la gente se mueve por lo que ve en el telediario» y el telediario se escribe en castellano. 

 

En quinto lugar, la propia complejidad de la UE oculta la capacidad de que ese debate pueda marcar la vida de los ciudadanos. La Unión Europea, incluso para aquellos que la estudiamos, es de una complejidad institucional abrumadora. Para la gente no está claro a quiénes votan, para qué votan, que capacidad real tiene el Parlamento Europeo de cambiar sus vidas. Al final, lo de la austeridad y todo eso, piensan, importa mucho menos que lo que deciden Rajoy y Rubalcaba, o el Parlamento de Westminster o el Bundestag. 

 

Para terminar, en toda Europa estamos sufriendo un auge de los populismos que buscan cabezas de turco para explicar la crisis en base a discursos sencillos, alejados de debates racionales y serenos y no hay nada más que mirar las encuestas. En Francia, el Frente Nacional, un partido xenófobo, está en segundo lugar en las encuestas de las Europeas. En Inglaterra, el UKIP está el segundo o, quizá incluso el primero. En Alemania el AfD, partido contrario al euro que apuesta por la vuelta al marco, obtendría seis escaños. En Italia el Movimiento 5 Estrellas sigue muy activo, colocándose en segunda posición en las encuestas. En Holanda, el Partij voor de Vrijheid (Partido de la Libertad) está en primer lugar. En Finlandia el Partido de los Verdaderos Fineses está en cabeza. Parece, sin lugar a dudas, que la frustración ante la crisis se canaliza a través de mensajes nacionalistas, sencillos, populistas, como los de Nigel Farage o Marine Le Pen. La frustración demanda soluciones fáciles y rápidas y análisis sencillos. Los culpables son «los otros», los inmigrantes, la política tradicional, los gitanos, el establishment, los homosexuales, los políticos…

 

En España, esta búsqueda de culpables y de soluciones rápidas que tapa el debate sustantivo sobre las políticas públicas para salir de la crisis también está presente. El debate público sobre las europeas colapsa una y otra vez sobre medidas nacionales, sobre debates de nuestros partidos nacionales. Sobre la corrupción y «la casta» política. El debate sereno sobre las políticas públicas europeas, sus límites y sus posibilidades desaparece en un debate sobre las listas, Elena Valenciano, Arias Cañete, Pablo Iglesias y otros elementos costumbristas y perfectamente irrelevantes de nuestro particular panorama político. Que uno de los partidos euroescépticos y novedosos, como es Podemos, presente su programa para las europeas casi exclusivamente con medidas que escapan a las competencias de la UE por el principio de subsidiariedad, da cuenta del nivel del debate. Estamos, en toda Europa, ante debates nacionalizados y populistas en base a la frustración que genera una UE que no da soluciones efectivas. Y lo peor es que las propuestas lanzadas por estos partidos eurescépticos, amén de incompatibles entre sí, son profundamente incapaces de resolver la situación o siquiera plantear una linea clara de actuación. 

 

En resumen, estamos ante unas elecciones europeas que, pese a los candidatos, a la importancia de la elección entre dos líneas de políticas públicas y pese a lo ajustado de los resultados, se convierten de nuevo en una colección de elecciones nacionales argumentadas en idiomas y opiniones públicas nacionales desde la frustración contra una UE que no resuelve los problemas de los ciudadanos. 

 

 

Y, lo más triste, la ignorancia de que solo en la Unión Europea y votando en clave europea se pueden resolver los problemas que vivimos puede llevarnos a que todo quede igual. 

 

 

 

Ignacio Paredero Huerta

Doctorando en Ciencia Política y becario FPU

Universidad de Salamanca

 

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