DE LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD A LA UNIDAD EN LA ADVERSIDAD

Rafael Bonete Perales, Universidad de Salamanca

 

Conocido es que el lema de la UE es “unida en la diversidad”. Si tenemos en cuenta las medidas tomadas por la UE para hacer frente a los efectos económicos de la pandemia, podemos afirmar, como comentó la presidenta de la Comisión Europea el 13 de mayo en el Parlamento Europeo, que el lema actual podría ser “unida en la adversidad”. Prueba de ello es la rápida aprobación del instrumento de recuperación económica Next Generation EU (NGEU) en la reunión extraordinaria del Consejo Europeo este verano y su grado de ambición. Previamente, el BCE adoptó en marzo una política monetaria acorde con su mandato y uno de sus efectos, muy beneficioso en estos momentos, ha sido mantener el coste del endeudamiento de los Estados miembros de la zona euro (85% del PIB de la UE) a unos niveles muy bajos. Junto a la rápida, acertada y contundente reacción del BCE, conscientes del impacto económico adverso que estaba generando ya la pandemia en el mercado de trabajo y en las empresas, a lo largo de la primavera se han aprobado: (1) el Instrumento de Apoyo Temporal para Mitigar los Riesgos de Desempleo en una Emergencia, SURE (The temporary Support to mitigate Unemployement Risks in an Emergency), con una capacidad total de préstamo de 100.000 millones de euros dirigidos a los Estados miembros de la UE, y que en el caso de España está siendo fundamental para financiar los ERTE; (2) un incremento del protagonismo del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) a través de la posible concesión de préstamos de 240.000 millones de euros, y (3) un impulso del Banco Europeo de Inversiones para conceder 200.000 millones de euros en préstamos destinados a apoyar a las empresas. Además de esta red de seguridad adoptada en los primeros meses de la crisis sanitaria, los distintos Estados han utilizado su propia política fiscal para ayudar a los trabajadores y empresas, en un contexto en el que se han flexibilizado mucho las reglas fiscales de la UE y la regulación de las ayudas públicas para que los Estados puedan gastar más y mantener así la economía de sus países con unas constantes vitales aceptables.

 

Pues bien, por su relevancia y por suponer un cambio radical de lo hecho hasta ahora por la UE, interesa resaltar la lógica del NGEU y su contenido, a la espera de llegar pronto a un acuerdo en el Parlamento Europeo para que se convierta en norma jurídica. Para entender por qué se ha aprobado finalmente por el Consejo Europeo en julio, ante la insuficiencia de las medidas adoptadas previamente y ya señaladas, es fundamental tener en cuenta que la pandemia se puede considerar un shock exógeno, global, temporal, pero claramente asimétrico también dentro de la UE. Sin duda, esta realidad generará que las divergencias económicas entre los Estados miembros de la UE aumenten durante la pandemia y después. Efecto que ha ocurrido ya en el pasado reciente y que debe evitarse con la ayuda fundamental de la política de cohesión de la UE, cuyo objetivo principal es reducir, o mantener dentro de unos niveles aceptables, las diferencias de renta y empleo entre las regiones europeas.

 

Cinco son al menos las vías a través de las cuales la pandemia puede aumentar la divergencia económica dentro de la UE. En primer lugar, las recientes y futuras medidas de control de la pandemia y la distinta intensidad y duración de las mismas tendrán efectos desiguales en términos territoriales sobre la actividad económica. En segundo lugar, la especialización dentro del sector servicios de actividades mucho más sensibles a la dimensión económica de la distancia social, como el turismo, ha generado que las regiones de la UE con un mayor peso dentro del PIB de este sector y otros vinculados al mismo se vean más perjudicadas. En tercer lugar, en gran parte de los países más afectados por la pandemia, como es el caso de España, predominan las pequeñas empresas, lo que hace todavía más difícil que gran parte del tejido empresarial pueda hacer frente a los efectos económicos de esta situación excepcional, debido, entre otras razones, a sus limitaciones a la hora de obtener recursos en una situación tan extrema. En cuarto lugar, el espacio fiscal a disposición de los países más afectados por la pandemia es inferior a muchos de los menos afectados. Es evidente que la “suspensión” de la regulación de las ayudas públicas ha favorecido mucho más a los que tienen más espacio fiscal. De hecho, Alemania ha asignado alrededor del 50% de los casi tres billones de euros de ayudas públicas aprobadas hasta ahora en la UE. Por último, la escasa estabilidad política de algunos de los países de la UE más castigados por la pandemia y su elevado grado de polarización política no facilitará su salida de la crisis.

 

Si tenemos en cuenta estas cinco razones impulsoras de una mayor divergencia entre los Estados miembros de la UE, no nos debe sorprender que casi la totalidad (el 96,3%) de los 750.000 millones de euros, a disposición del NGEU, a gastar en el período 2021-2026, aunque sobre todo se gastarán durante los tres primeros años, forme parte de la rúbrica Cohesión, Resiliencia y Valores, contemplada en el Marco Financiero Plurianual o presupuesto a largo plazo. Además, a esta rúbrica le corresponden 377.700 millones de euros para el período 2021-2027, de los cuales alrededor del 83% se destinarán a la política de cohesión. Por lo tanto, el dinero destinado a la política de cohesión económica, social y territorial será mucho mayor (alrededor de un billón de euros si incluimos 360.000 millones en préstamos) que en el pasado.

 

Este ejemplo de unidad en la adversidad es excepcional por su importe, su mayor concentración en los territorios más afectados por la pandemia, España podría recibir finalmente 140.000 millones de euros a través de préstamos y subvenciones, su peso en la financiación del Pacto Verde Europeo y en la necesaria transformación digital y la resiliencia del sistema económico, y especialmente por su forma de financiarse, en la que algunos autores ven los primeros pasos hacia una necesaria unión fiscal, a través de los empréstitos que contraiga la Comisión Europea en los mercados de capitales en nombre de la UE. Deuda cuya devolución deberá tener lugar antes de 2058.

 

 

            En definitiva, estamos ante una oportunidad única que debería aprovecharse al máximo para transformar la economía de los países que más se han visto afectado por la pandemia y poder volver a tener niveles de bienestar previos al 2020 lo antes posible, todo ello manteniendo las divergencias económicas territoriales dentro de la UE en unos niveles aceptables. 

 

 

Rafael Bonete Perales

Profesor del departamento de Economía Aplicada

Universidad de Salamanca

 

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