La austeridad, un debate europeo fallido

Ignacio Paredero Huerta
Ignacio Paredero Huerta

 

 

Estamos ya a menos de un mes de las elecciones europeas y pese a los debates, pese a lo ajustado de la competición electoral, pese a los candidatos a presidir la comisión, en la opinión publica española no parece haber tensión, debate electoral intenso europeo. Más allá de los debates forzados como el de la «candidatura» del cuestionado ministro Arias Cañete, candidato como los 53 restantes compañeros de su lista al Parlamento Europeo, no parece haber un debate real sobre qué nos jugamos en Europa. 

 

Sabido es, desde la Ciencia Política, que las europeas suelen ser elecciones de segunda categoría. Los ciudadanos no tienen claro qué y qué no se decide en Europa y los debates nacionales se tragan estas elecciones. Continua la percepción, profundamente equivocada, de que la política se hace en el Estado-nación, que lo de Europa es algo poco relevante, poco importante y que las europeas sirven, sobre todo, como unas elecciones «gratuitas» para castigar o premiar al gobierno o la oposición. En el fondo, late el desconocimiento, la complejidad y sobre todo, la inexistencia de un debate público de calidad e interesante, polarizador, sobre las opciones presentes en Europa. 

 

Curiosamente, en estas elecciones el germen de ese debate está presente. Hay un elemento, unas alternativas de políticas públicas que dividen a los electorados en la UE y este elemento son las políticas de austeridad, la preferencia por reducir el déficit como prioridad con el objetivo de seducir al «hada de la confianza» (como diría Krugman), el apoyo a los recortes y la ortodoxia monetaria ejemplificada en el Banco Central Europeo (BCE) por los halcones germanos. La otra opción sería la apuesta por la inversión pública, políticas de estímulo, unidas a mecanismos de transferencias de recursos entre estados, para activar las economías de los estados que están en peor situación. 

 

Este debate «austeridad vs. Estímulo», o simplificando más todavía, cambio frente a continuismo, tiene tal peso en la esfera de la opinión pública de las élites europeas y académicas que parecería que todo debiese girar a su alrededor, de una manera sencilla: derecha vs. izquierda, austeridad vs. estímulo. Sencillo y claro. Comunicable incluso: continuar apretándose el cinturón para salir de la crisis vs. invertir para salir de la crisis. Pero en la práctica, esto no es así. Hay varios motivos por los que este debate no estructura con nitidez el debate en las europeas y hay que notarlo. 

 

Para empezar, el primer problema es que la identificación «izquierda/estímulo» o, más bien, «izquierda opuesta a la austeridad» no es todo lo nítida que debería. Pese a los mensajes de Martin Schulz, la socialdemocracia no es homogénea en los diferentes Estados y, peor todavía, recientemente en Francia han decidido asumir en parte la austeridad como una necesidad. En Reino Unido el discurso no es tampoco frontalmente contrario a la austeridad e incluso en España, la crítica a la austeridad se lanza con matices: Se apuesta por la «austeridad inteligente», se proponen alternativas pero no se critica con toda claridad la austeridad… En el fondo late un mensaje implícito muy peligroso y es el de que la austeridad es una decisión ya tomada (por Alemania) y que se pueden matizar dichas políticas, pero no se pueden denunciar con toda claridad. Al final la falta de diferenciación, de claridad, apaga este debate.

 

En segundo lugar, este debate no ha conseguido pasar de la esfera académica y de las élites económicas a la ciudadanía. La traducción a elementos identitarios movilizadores, la creación de un marco que de comprensión y cobertura y, más importante, la necesidad de movilizarse, no se ha desarrollado en todos los países de la UE con claridad y, en algunos, el planteamiento ha sido justo el contrario pues…

 

En tercer lugar, este debate, desafortunadamente, no es una divisoria de la misma intensidad y dirección en todos los países de Europa. La existencia de divisiones entre los países de la UE (no dentro de) respecto a las políticas de austeridad es clara. Las opiniones públicas están muy polarizadas y, como muestran los datos de Eurostat, el crecimiento del euroescepticismo entre los países del «Sur» indican un rechazo a las políticas de austeridad (los recortes) pero, al contrario, las opiniones públicas de los países del «Norte» no han sufrido, en plena crisis, este desgaste. Como recoge Ignacio Sánchez Cuenca en su libro La impotencia democrática, la austeridad se percibe como legítima entre los países del norte y como una imposición injusta en el sur. Este debate, por tanto, no sería un debate europeo sino un debate casi entre naciones.

 

En cuarto lugar, uno de los problemas centrales para la existencia de debate que polaricen la opinión pública de cara a unas elecciones es, básicamente, que en Europa apenas existe una opinión pública europea. En efecto, existen algunos medios internacionales que estructuran el discurso entre las élites, medios en su mayoría anglosajones o económicos, pero no existen medios europeos que hablen de Europa casi en exclusiva y se centren en la política europea. Y no existen, principalmente, porque en Europa conviven multitud de lenguas. La barrera idiomática es central para entender por qué las elecciones europeas acaban convirtiéndose en una colección de elecciones nacionales. Como me dijo una vez alguien, «la gente se mueve por lo que ve en el telediario» y el telediario se escribe en castellano. 

 

En quinto lugar, la propia complejidad de la UE oculta la capacidad de que ese debate pueda marcar la vida de los ciudadanos. La Unión Europea, incluso para aquellos que la estudiamos, es de una complejidad institucional abrumadora. Para la gente no está claro a quiénes votan, para qué votan, que capacidad real tiene el Parlamento Europeo de cambiar sus vidas. Al final, lo de la austeridad y todo eso, piensan, importa mucho menos que lo que deciden Rajoy y Rubalcaba, o el Parlamento de Westminster o el Bundestag. 

 

Para terminar, en toda Europa estamos sufriendo un auge de los populismos que buscan cabezas de turco para explicar la crisis en base a discursos sencillos, alejados de debates racionales y serenos y no hay nada más que mirar las encuestas. En Francia, el Frente Nacional, un partido xenófobo, está en segundo lugar en las encuestas de las Europeas. En Inglaterra, el UKIP está el segundo o, quizá incluso el primero. En Alemania el AfD, partido contrario al euro que apuesta por la vuelta al marco, obtendría seis escaños. En Italia el Movimiento 5 Estrellas sigue muy activo, colocándose en segunda posición en las encuestas. En Holanda, el Partij voor de Vrijheid (Partido de la Libertad) está en primer lugar. En Finlandia el Partido de los Verdaderos Fineses está en cabeza. Parece, sin lugar a dudas, que la frustración ante la crisis se canaliza a través de mensajes nacionalistas, sencillos, populistas, como los de Nigel Farage o Marine Le Pen. La frustración demanda soluciones fáciles y rápidas y análisis sencillos. Los culpables son «los otros», los inmigrantes, la política tradicional, los gitanos, el establishment, los homosexuales, los políticos…

 

En España, esta búsqueda de culpables y de soluciones rápidas que tapa el debate sustantivo sobre las políticas públicas para salir de la crisis también está presente. El debate público sobre las europeas colapsa una y otra vez sobre medidas nacionales, sobre debates de nuestros partidos nacionales. Sobre la corrupción y «la casta» política. El debate sereno sobre las políticas públicas europeas, sus límites y sus posibilidades desaparece en un debate sobre las listas, Elena Valenciano, Arias Cañete, Pablo Iglesias y otros elementos costumbristas y perfectamente irrelevantes de nuestro particular panorama político. Que uno de los partidos euroescépticos y novedosos, como es Podemos, presente su programa para las europeas casi exclusivamente con medidas que escapan a las competencias de la UE por el principio de subsidiariedad, da cuenta del nivel del debate. Estamos, en toda Europa, ante debates nacionalizados y populistas en base a la frustración que genera una UE que no da soluciones efectivas. Y lo peor es que las propuestas lanzadas por estos partidos eurescépticos, amén de incompatibles entre sí, son profundamente incapaces de resolver la situación o siquiera plantear una linea clara de actuación. 

 

En resumen, estamos ante unas elecciones europeas que, pese a los candidatos, a la importancia de la elección entre dos líneas de políticas públicas y pese a lo ajustado de los resultados, se convierten de nuevo en una colección de elecciones nacionales argumentadas en idiomas y opiniones públicas nacionales desde la frustración contra una UE que no resuelve los problemas de los ciudadanos. 

 

 

Y, lo más triste, la ignorancia de que solo en la Unión Europea y votando en clave europea se pueden resolver los problemas que vivimos puede llevarnos a que todo quede igual. 

 

 

 

Ignacio Paredero Huerta

Doctorando en Ciencia Política y becario FPU

Universidad de Salamanca

 

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Comentarios: 5
  • #1

    Carlos Wefers Verástegui (martes, 29 abril 2014 10:57)

    Nada que añadir - plantea un buen número de cuestiones, todas ellas entremezcladas, confundidas y sobrepuestas unas a las otras en un difuso maremágnum retórico, que, acto seguido, son autocontestadas, de alguna manera. Lo único que se saca en claro es la "falta de claridad y diferenciación", una muestra de ello:

    "Este debate «austeridad vs. Estímulo», o simplificando más todavía, cambio frente a continuismo, tiene tal peso en la esfera de la opinión pública de las élites europeas y académicas que parecería que todo debiese girar a su alrededor, de una manera sencilla: derecha vs. izquierda, austeridad vs. estímulo. Sencillo y claro. Comunicable incluso: continuar apretándose el cinturón para salir de la crisis vs. invertir para salir de la crisis. Pero en la práctica, esto no es así. Hay varios motivos por los que este debate no estructura con nitidez el debate en las europeas y hay que notarlo.

    Para empezar, el primer problema es que la identificación «izquierda/estímulo» o, más bien, «izquierda opuesta a la austeridad» no es todo lo nítida que debería. Pese a los mensajes de Martin Schulz, la socialdemocracia no es homogénea en los diferentes Estados y, peor todavía, recientemente en Francia han decidido asumir en parte la austeridad como una necesidad. En Reino Unido el discurso no es tampoco frontalmente contrario a la austeridad e incluso en España, la crítica a la austeridad se lanza con matices: Se apuesta por la «austeridad inteligente», se proponen alternativas pero no se critica con toda claridad la austeridad… En el fondo late un mensaje implícito muy peligroso y es el de que la austeridad es una decisión ya tomada (por Alemania) y que se pueden matizar dichas políticas, pero no se pueden denunciar con toda claridad. Al final la falta de diferenciación, de claridad, apaga este debate."

    Efectivamente - aquí, no se deja entrever con claridad si debe haber, o no, una simplificación en términos de "izquierda - inversión/incentivo/gasto público" o "derecha - austeridad", o si hay que diferenciar de forma realista, en función de las distintas prácticas políticas ("izquierda austera"/ "democracia cristiana a favor de incentivos públicos", "izquierda y derecha quietistas y/ oportunistas"... y más combinaciones imaginables), toda vez que se da por supuesto la identificación, a pesar de la "falta de homogeneidad", entre la socialdemocracia y la "izquierda". La introducción de este pseudodebate "izquierda vs. derecha", o "socialdemocracia=izquierda" crea mucha confusión. Los términos "derecha-izquierda" forman parte de un cierto vocabulario ideológico trasnochado que no se ajusta a las realidades políticas de ningún país europeo. Tampoco se entiende tanta fijación por la "izquierda". Intentar desentrañar algo así me hace sentir como Frank de la Jungla. "Sencillo y claro" es - otra cosa. "Nitidez", también. P.D.: Que un debate fracase no es tan trágico. Los debates no valen mucho en la realidad política.

  • #2

    Carlos Wefers Verástegui (miércoles, 07 mayo 2014 10:45)

    En todo caso, es menos "ciencia política" que una ensoñación socialista. Se le ve demasiado el plumero. ¿Cómo se puede ser sociólogo así?

  • #3

    ALEJANDRO (martes, 20 mayo 2014 19:21)

    Si existe una clara, nítida y tajante realidad es el secuestro de la idea de Unión Europea secuestrada por el neoliberalismo. El dinero no ha faltado y no va a faltar para rescatar a banqueros y especuladores; sin embargo, para la población todo deben ser recortes, "mutilaciones" del Bienestar, palos, palos y más palos...

  • #4

    Carlos Wefers Verástegui (miércoles, 21 mayo 2014 10:05)

    Ahora se puede escuchar por ahí la voz de esa déspota, que es Araceli Mangas, hablando de democracia europea y de "Europa", frente a la corrompida democracia española... igual de corrompida se halla la no-democracia comunitaria, que no Europea. Y, en el fondo, no se trata de democracia, sino de lo que es españolo y de lo que no lo es. La Unión Europea niega los derechos soberanos, la razón de ser, de España, y gracias a esos políticos corruptos españoles estamos en la OTAN, en "Europa" y en mil avisperos más... así que, ¡chitón, Araceli! Pero, es más. Ella alaba la integración y la Unión Europea, ya que ella no sólo vive de tales barbaridades; hasta se identifica con ellas. De modo que defendiendo a "Europa", la Mangas sólo defiendo en interés particular, el suyo... mientras tanto, para los españoles todo seguirá siendo igual, cambiamos una élite corrupta decadente y engreída, la nacional, por otra despótica, pero anacional. Da realmente gusto leerse las proclamas de la señora Araceli, que siempre rebosan de autobombos e hinchazones jurídicas y tecnocráticas. El sentido común, el taco y la sensibilidad históricos, y el sano juicio, brillan por su ausencia, como de costumbre...

  • #5

    Carlos Wefers Verástegui (miércoles, 21 mayo 2014 10:09)

    Ahora se puede escuchar por ahí la voz de esa déspota, que es Araceli Mangas, hablando de democracia europea y de "Europa", frente a la corrompida democracia española... igual de corrompida se halla la no-democracia comunitaria, QUE NO EUROPEA. Y, en el fondo, no se trata de democracia, sino de lo que es español, y de lo que no lo es. La Unión Europea niega los derechos soberanos, la razón de ser, de España, y gracias a esos POLÍTICOS CORRUPTOS ESPAÑOLES estamos en la OTAN, en "Europa" y en mil avisperos más... así que, ¡chitón!, Araceli. Pero, es más. Ella alaba la integración y la Unión Europea, ya que ella no sólo vive de tales barbaridades; hasta se identifica con ellas. De modo que defendiendo a "Europa", la Mangas sólo defiende un interés meramente particular, el suyo... mientras tanto, para los españoles, todo seguirá siendo igual, cambiamos una élite corrupta decadente y engreída, la nacional, por otra despótica, pero anacional. Da realmente gusto leerse las proclamas estultas de la señora Araceli, que siempre rebosan de autobombos e hinchazones jurídicas y tecnocráticas. El sentido común, el tacto y la sensibilidad históricos, y el sano juicio, brillan por su ausencia, como de costumbre, en Araceli Mangas...