EXPERIENCIA DE VOLUNTARIADO EUROPEO

Marianne Feyeux, Voluntaria Europea en el SAS (2015-2016) 

 

   El año pasado, al finalizar mi carrera de Sociología como Erasmus en Madrid, vino el estresante momento de pensar en mi futuro. No quería seguir directamente con un máster, prefería tomarme un año sabático para cambiar un poco del ámbito universitario, experimentar cosas nuevas, y sobre todo aprovechar para ir al extranjero y aprender/mejorar idiomas. Descubrí el Servicio de Voluntariado Europeo (SVE).

 

    Se trata de un programa Erasmus + que permite a los jóvenes de 17 a 30 años irse a otro país europeo, hacer un voluntariado de cualquier ámbito en una entidad durante 2 a 12 meses, y sin costes. Me pareció una oportunidad muy interesante y ventajosa (más información aquí: http://sas.usal.es/unidad-de-participacion-y-voluntariado/servicio-voluntario-europeo/).

 

    Estoy desde Septiembre en el Servicio de Asuntos Sociales de la Universidad de Salamanca. Mis tareas consisten en echar una mano y participar en las cosas que se organizan en ámbitos de voluntariado, de salud, de medioambiente, de igualdad…, y también en promover el SVE entre estudiantes y alumnos de institutos, en colaboración con Europe Direct. 

 

    Esta experiencia no solo aporta un desarrollo profesional por asistir al trabajo cotidiano de una organización, o el aprendizaje de otro idioma, sino que, además contribuye mucho al desarrollo personal: confianza, optimismo, apertura, conciencia y sensibilización a problemáticas sociales, quitarse miedos… y todo lo que uno quiera. También creo que ayuda muchísimo a “salir de tu zona de confort”, y a conocer a gente de todo tipo y de cualquier origen porque, al final, eso es lo mejor de los programas Erasmus +: descubrir, conocer a gente y compartir.

 

    Estos dos años en España me han enseñado mucho sobre el país y su gente, quitándome prejuicios, creándome otros: por ejemplo la sensación esa que tengo de la cantidad monstruosa de patatas que consumís aquí en España. Además he podido aprender mucho de la historia, del sistema social y/o político, etc. He aprovechado esto para comparar con Francia y al final, me ha permitido tomar mucha distancia de mi propio país. 

 

    Lingüísticamente hablando, ha sido espectacular. Llegué en Erasmus a Madrid solo pudiendo decir lo básico del básico: “Hola, me llamo Marianne, soy francesa, dónde está la estación de tren” y poco más. Poco a poco fui aprendiendo gracias a las clases de español y, sobre todo, en situaciones cotidianas. Creo que volver a Francia a mediados de junio no es tan mala idea porque a veces me resulta difícil hablar francés, hasta hacer traducciones literales del castellano al francés (o sea, necesito clases de mi lengua materna). Ir a otro país y tal está muy bien, pero la sensación esa de perder tu propia identidad puede llegar a ser un problema. ¡Ni pronuncio correctamente mi nombre ahora!

 

    En fin, concluir dando ánimos a quien quiera escucharme e irse de Erasmus, o de SVE, o de los dos. Aporta muchísimo. Son tiempos cortos en una vida, pero que pueden llegar a marcarte profundamente. Soy muy optimista en cuanto al futuro: no sé lo que va a pasar, pero sé que tenemos muchas oportunidades, el problema es que no las conocemos y hace falta descubrirlas.

 

 

Marianne Feyeux

Voluntaria Europea en el SAS (2015-2016) 

y ex estudiante Erasmus

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